La boticaria de Dern Capítulo 16 - Dern desde dentro #3
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Capítulo 16 - Dern desde dentro #3

—Lo sé —digo—. Estoy aprendiendo el jardín.

Me mira un momento con la atención que reserva para lo que considera relevante.

—Cosechas como lo hacía ella —dice—. Lo vi una vez. Desde el camino.

Me quedo quieta con eso.

Vidar pasó por el camino mientras yo cosechaba en el jardín y vio cómo cosecho, que es la manera de Maret, la que aprendí de Signe, que a su vez aprendió de Maret, y la reconoció. Información que no estaba en el inventario que tengo de él, un inventario extenso pero claramente incompleto.

—Me enseñó Signe —digo—. Que aprendió de Maret.

—Hmm —dice.

Ese hmm concreto que ronda la zona de los datos satisfactorios, no la del cierre de tema.

—Sus cuadernos, ¿tienen algo sobre la lavanda del claro? —pregunta.

Aquí me detengo.

No visiblemente; por fuera mantengo la calma de Dern que he aprendido.

Pero por dentro me detengo, porque que Vidar pregunte específicamente por la lavanda del claro es un dato nuevo que no estaba en el inventario.

La lavanda del claro que Maret usaba para quienes habían perdido el camino de regreso a sí mismos.

Para quienes perdieron a alguien y ya no saben cómo ser esa persona sin ese alguien.

Para alguien que sigue añorando después de seis años.

—Sí —digo, con el cuidado que merece una información que puede importar de modos que aún no conozco del todo—. ¿Por qué lo preguntas?

Se queda callado con esa cualidad de quien sopesa cuánto decir, el estado que precede a las declaraciones de Vidar que son más de lo que parecen.

—Curiosidad —dice.

Lo cual, en Vidar, que no siente curiosidad pasajera por las plantas medicinales, es una respuesta que contiene más que la palabra.

No presiono. En Dern no se presiona lo que no se ha ofrecido, y lo que Vidar pueda ofrecer será ofrecido en el momento adecuado para ser ofrecido. Presionar antes de eso produce cierre, no apertura.

—Si hay algo específico que quisieras saber —digo, con el mismo cuidado—, puedo revisar los cuadernos.

Asiente. No dice qué sería lo específico. Pero asiente, lo cual en Vidar es una forma de tomar nota de una oferta sin rechazarla, que es distinto de declinar.

Seguimos cada uno por su lado.

La pregunta sobre la lavanda del claro me acompaña un buen rato mientras camino, porque es una pregunta que vino de un lugar que reconozco por seis años de campana y Primera Lluvia y la pieza cubierta por la tela en la esquina sur de la forja.

✿

De vuelta en la botica, me siento en la silla junto a la mesa de trabajo con el cuaderno de observaciones y escribo el día.

La inscripción del mortero, que había estado allí desde el principio y que solo hoy cobró plena presencia:

Que lo que crees aquí encuentre a quienes lo necesitan.

Es el don de Alana descrito en hierro por un herrero antes de que él viera su trabajo.

Lo cual es, o bien una coincidencia notable, o bien una intención que fue más allá de lo que él sabía que estaba poniendo, del mismo modo que la campana fue forjada con una intención que excedió el recipiente disponible.

El don de Vidar actúa sobre lo que está presente cuando forja, y lo que estaba presente esa noche era la voluntad de que su trabajo encontrara a quienes lo necesitaban.

Lo cual está ahí.

Cada día desde entonces, cada vez que el mortero ha hecho lo que hace.

Y la lavanda del claro.

Vidar preguntó. Curiosidad, dijo. La clase de curiosidad que nace de seis años de campana y Primera Lluvia sin nada en la ventana y la pieza cubierta por tela en la esquina sur de la forja, que él sostiene a veces sin levantar la tela.

Revisaré lo que dicen los cuadernos de Maret sobre el uso específico de la lavanda del claro. Si es la clase adecuada, si hay una forma de ofrecérselo que él pueda recibir sin sentirse expuesto en lo que preferiría que no se viera, pensaré en cómo hacerlo.

No es asumir lo que no se pidió. Es una boticaria que presta atención a lo necesario y que tiene disponible la herramienta adecuada.

Que lo que crees aquí encuentre a quienes lo necesitan.

Escrito en el mortero.

Escribo en el cuaderno, con letra pequeña:

El don de Vidar describió mi don antes de conocerme. Mi don puede ayudar con lo que su don carga. Esto no es coincidencia. Esto es Dern, que pone a las personas adecuadas en el mismo lugar en el momento adecuado.

O estoy racionalizando.

O ambas cosas son ciertas a la vez, que es como Dern suele ser en muchas cosas.

Cierro el cuaderno.

La campana suena una vez a las diez.

La oigo sin despertarme del todo, que es el estado habitual ahora, que es Dern desde dentro en su forma más simple: la campana de Dern es parte del sueño de Alana del mismo modo que el roble es parte del calor de la forja, igual que la lavanda marina es parte del olor de esta botica.

No es acostumbrarse a algo.

Es incorporación.

Es algo totalmente distinto.

Dern desde dentro, escribo mentalmente antes de dormir, sin abrir el cuaderno porque es hora de dormir y no de escribir.

La campana suena y el sueño continúa.

Eso es suficiente.

Eso es más de lo que Caldavar llegó a ser nunca.