La asistente voluptuosa del dragón (La pareja voluptuosa del dragón nº 1) EPÍLOGO 2
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EPÍLOGO 2

ARTHUR

—Así no funciona el destino —digo, apretando los puños con rabia—. Y así no funciona este matrimonio. Las decisiones que afectan a la familia las tomamos juntos.

—Vaya, no viste ningún problema en negarte a dejar que Brogan conociera a Bonnie. No recuerdo que me consultaras. Y no es mi decisión ni la tuya. Es decisión de Bonnie. Ella sabe cuidarse perfectamente sola. Lo único que hice fue darle su número.

Hace una pausa.

—También le dije que esa foto era de hace unos diez años. Iba a enseñarle una foto reciente, pero dijo que le daba igual. Dijo que ya sabía que ella era la indicada. No le importaba qué aspecto tuviera ahora.

—Espera, ¿Brogan dijo eso? ¿Mi hermano Brogan?

¿Brogan el cabeza hueca dijo que no le importa el aspecto de una mujer?

¿Desde cuándo? Vaya. Esto lo está llevando a otro nivel, ¿no?

—Estoy atónito, pero finalmente me sacudo el mal humor y sonrío—.

Vale, tú ganas —digo—. Pero tiene consecuencias dejarme en evidencia en mi propio castillo, Addie.

—Eso ya lo he oído antes —susurra, parpadeando y bajando la mirada porque sabe exactamente qué rumbo ha tomado mi humor. Luego alza la vista con el Dragón en sus ojos, el animal en su alma, la necesidad en su voz—. Y creo que puedo con ello.

Me yergo cuan alto soy y niego lentamente con la cabeza.

—Fui cuidadoso contigo la primera vez. Fui aún más cuidadoso durante tu embarazo. Pero ahora no me contendré. Pusiste a mi Dragón de rodillas en los cielos sobre esa ciudad condenada, detuviste su furia. Ahora yo te pondré de rodillas a ti. Y créeme, va a ser una maldita locura.

Empieza a reírse de mis proclamas, pero estoy sobre ella tan rápido que apenas logra soltar un chillido. Con un rugido la levanto en vilo y la llevo al techo de mi Torre Este, desgarrándole la ropa bajo el sol abrasador.

Luego la empujo hasta ponerla de rodillas, le levanto el trasero hacia el cielo y descargo mi palma abierta sobre su hermoso culo.

Lo hago fuerte y rápido, perfectamente colocado en la parte más carnosa de sus nalgas.

Mis palmadas suenan como chasquidos de látigo, y la mujer dentro de ella grita mientras la azoto fuerte y duro, el Dragón dentro de ella sisea mientras su suave culo se vuelve rojo de pasión, rojo de fuego, rojo de necesidad.

Un momento después le he separado las nalgas y estoy lamiéndole el oscuro anillo hasta que le brilla el ano bajo el sol. Está tan mojada que gotea al suelo, y la froto con fuerza desde abajo, recogiendo sus jugos en mis dedos.

Lentamente la lubrico con su propia humedad, y sin mediar palabra presiono la punta de mi polla contra su fruncido trasero, la abro bien y la penetro a fondo como solo un Dragón sucio sabe hacerlo.

—La naturaleza es una bestia —gruño mientras embisto tres veces y me corro tan fuerte que casi la lanzo del balcón con la fuerza de mi descarga—.

La naturaleza es una bestia —repito mientras acabo en lo más profundo de su culo y la masturbo rápidamente hasta el orgasmo, cosa que no tarda mucho, está jodidamente excitada.

Acojo a mi esposa, mi compañera, la madre de nuestros trillizos, entre mis grandes brazos cálidos y nos recostamos a mirar directamente al sol, los ojos bien abiertos, los corazones unidos para siempre, los destinos entrelazados como esas dos serpientes proverbiales cuyo vaivén hace danzar al universo.

—La naturaleza es una bestia —dice ella con una risita. Luego señala una estela roja de plumas que se dirige directamente a la torre contigua y aterriza con un golpe sordo—. Ups. Ahí va otro. ¿Sopa de Fénix, alguien?

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