Kowloon Bay (Thriller del FBI de Abby Kane 6) CAPÍTULO CUARENTA Y SIETE
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CAPÍTULO CUARENTA Y SIETE

Leslie y yo seguíamos hablando en el balcón cuando sonó su teléfono móvil.

—Choi al habla. ¿La encontraron? ¿Dónde?

Leslie me dijo moviendo los labios que sus hombres tenían a Po Po.

—Sí, ajá. Espera.

Cubrió el teléfono con la palma de la mano.

—Están en el apartamento de Liu. Voy a hacer que mis hombres traigan a Po Po a la comisaría.

—No, espera. Tráela aquí —susurré—. Será demasiado para ella si la llevas allí.

Leslie dudó un segundo antes de volver a su llamada.

—Tráiganla al hotel Shangri-La...

Hice un gesto para llamar la atención de Leslie y le dije que trajera también a Liu.

—Traigan a las dos señoras. Sí, así es. Los veo en el vestíbulo.

—Gracias —dije.

Mientras Leslie bajaba a esperar a Po Po, me cambié de ropa y fui a ver a los niños.

Seguían profundamente dormidos en la otra suite, pero tenía la sensación de que no tardarían en despertarse hambrientos.

A mí también me vendría bien comer algo.

Pedí al servicio de habitaciones varios sándwiches club y fruta cortada.

Leslie regresó con Po Po y Liu justo después de que entregaran la comida. Tenía razón sobre los niños: estaban despiertos, así que los instalé con un plato de comida en la otra suite.

—Los adultos necesitamos hablar. Quedaos aquí —dije.

Respondieron con un «vale» a duras penas, con la boca llena.

Cerré la puerta entre las dos suites. Po Po y Liu estaban sentadas a una pequeña mesa compartiendo un sándwich club. Ninguna de las dos parecía afectada porque la Policía de Hong Kong las hubiera recogido y escoltado hasta nuestro hotel.

—Po Po, ¿estás bien? —pregunté, acercándome a ella.

Asintió mientras tragaba un bocado.

—Supongo que las dos sabéis por qué la policía os ha traído aquí y por qué está Leslie —dije.

Po Po dejó el sándwich en el plato y se sacudió las manos. Liu siguió comiendo y evitó mi mirada.

Miré a Leslie y me indicó con un gesto que continuara interrogando a Po Po. Antes había estado dándole vueltas a la mejor manera de abordar a Po Po con las últimas noticias. ¿Delicadeza o franqueza? Tratándose de Po Po, sabía la respuesta.

—Po Po, ¿quieres hablarnos de tu otro hijo, Rong?

Si le había sorprendido que supiéramos su secreto, su rostro no lo dejó entrever. Liu, en cambio, casi se atragantó con el sándwich.

—Po Po, sabemos lo de Rong. He visto el certificado de nacimiento.

Soltó un suspiro.

—Sí, tengo otro hijo.

Nos habló del mal comportamiento de Rong, que la había llevado a pedirle que se fuera y no volviera a molestarla ni a ella ni a Peng. Conociendo cómo esta mujer gobernaba mi casa con mano de hierro, me costaba mucho creer que no hubiera podido mantener a su hijo a raya.

—Y cuando se fue, ¿nunca volviste a saber de él ni a verlo? —pregunté.

Asintió.

—¿Y Peng? ¿Mantuvo contacto con su hermano?

—No. No se llevaban bien.

—¿Liu? ¿Tuviste contacto con Rong?

Murmuró algo y siguió comiendo su sándwich.

Miré a Leslie. Era hora de soltar la otra bomba.

—Po Po, no hay forma fácil de decir esto, así que lo diré sin rodeos. El equipo de Leslie ha identificado el primer cuerpo que encontraron en el edificio de Peng. Es Rong.

Po Po apartó la mirada un instante antes de bajar la cabeza. Esta vez su cara de póquer le falló. Liu le dio un suave apretón en el muslo.

Le puse una mano en el hombro.

—¿Estás bien?

Asintió.

—Estoy bien.

—Sé que es difícil de asimilar —dije, dándole un abrazo—. Siento tener que decírtelo.

Po Po respiró hondo y se recompuso.

—He dicho que estoy bien. Me entristece que Rong haya muerto, pero era malo para nosotros.

—¿Sospechaste en algún momento que Rong podría ser el cuerpo del edificio?

Me miró con ojos vidriosos. No supe si era por cansancio o por tristeza.

—Pensé que podría ser Rong.

Po Po nos contó entonces el intento de Rong de chantajear a los Chan.

—¿Cedieron a la extorsión? —interrumpió Leslie—. ¿Qué pasó?

Sabía exactamente lo que Leslie estaba pensando. La confesión de Po Po acababa de darles a los Chan un motivo para matar a Rong.

—Me dijeron que no pagarían y que yo tenía que hablar con Rong.

—¿Peng lo sabía?

Po Po asintió.

—Se lo dije. Les dijo a los padres de Mei que no pagaran. Dijo que él se encargaría de todo.

—Creo que sabes cuál es mi siguiente pregunta.

Po Po respondió rápidamente.

—Peng no matar a Rong.

—De acuerdo, si eso es cierto, ¿qué le pasó a Rong? —pregunté.

Se encogió de hombros.

—Se fue.

—¿Y no se te ocurrió preguntarle a Peng qué dijo o hizo para que Rong desapareciera? ¿Y los Chan? ¿Saben lo que ocurrió?

—Ellos contentos de que se fuera. No preguntar adónde.

—Po Po, ¿hasta qué punto estás segura de que Peng no fue responsable de que Rong acabara enterrado en el edificio? —preguntó Leslie.

—Mi hijo no es un asesino. Lo conozco. Nunca haría algo así. Dijo que encontraría cómo pagarle a Rong.

—¿Y lo hizo?

—No estoy segura. Creo que sí, porque Rong no volvió a molestarnos. Todos pensamos que se había ido hasta que la policía encontró el esqueleto. Entonces empezamos a sospechar que podría ser Rong.

—¿Así que los Chan lo sabían todo? —preguntó Leslie, negando con la cabeza—. Mintieron. Todos mintieron desde el principio.

Percibí la irritación en la voz de Leslie.

—Entonces, para que quede claro, ¿nadie sospechó que Rong estaba muerto hasta que encontraron el cuerpo? —intervine.

—Sí. Hablo en nombre de todos —dijo Po Po.

Una vez más, parecía que Peng tenía las respuestas a nuestras preguntas. ¿Qué le dijo a Rong? ¿Le pagó? ¿Contrató a alguien para que se encargara de él? ¿Lo hizo él mismo?

Po Po bostezó, lo que provocó que Liu hiciera lo mismo. Casi me contagio, pero resistí el impulso.

—¿Por qué no van las dos a la otra habitación a descansar? —dije—. Leslie y yo tenemos algunas cosas más que hablar.

Esperé a que Po Po y Liu desaparecieran tras la puerta antes de preguntarle a Leslie qué pensaba.

—Si te soy sincera —dijo, bajando la voz—, este es uno de esos casos en los que los cuatro escondieron la cabeza como avestruces hasta que el problema desapareció. Se mantuvieron al margen a propósito y no hicieron preguntas porque no querían saber. Perdona que sea tan directa.

—No pasa nada. No parece que estuvieran involucrados. Son culpables de mentir, y nada más. Pero esto solo hace que Peng parezca el responsable de la muerte de Rong. Lo único que no encaja en este rompecabezas es el otro cuerpo. ¿Quién es? ¿Era alguien que Peng conocía?

—Peng pudo haber contratado a alguien para encargarse de Rong. Puede que el otro cuerpo no tenga nada que ver.

—¿Quieres decir que Peng también prefirió no hacer preguntas a quien contrató?

—Podría ser, y quizá esa persona aprovechó para deshacerse de otro cuerpo que no tenía nada que ver.

—Es plausible, pero en serio, ¿qué probabilidades hay de que fuera así, Leslie? Muy pocas. A estas alturas, solo tenemos teorías, y el principal responsable está muerto.

Leslie suspiró profundamente.

—Menudo encubrimiento, ¿eh? Casi demasiado perfecto para haberlo llevado a cabo cuatro ancianos.

—Además, ni siquiera hemos hablado de la muerte de Peng. Está claro que tiene relación. Tiene que tenerla, ¿no?

Leslie se encogió de hombros.

—Si lo que dijo Po Po es verdad, creo que Peng tuvo que encargarle a otro que hiciera desaparecer a Rong.

—¿Y por alguna razón, ese tipo decidió después que Peng era un cabo suelto y se deshizo de él?

Nos quedamos pensando unos momentos antes de que yo rompiera el silencio.

—Eh, no me convence del todo. Peng habría tenido que hacer algo para provocarlo. Pasó mucho tiempo entre la construcción del edificio y su asesinato. ¿Por qué esperar tanto?

Leslie ladeó la cabeza.

—No lo sé.

Entonces le sonó el móvil.

—Más malas noticias —dijo con una sonrisa irónica.

—Oye, no lo gafes —dije.

—Choi al habla. ¿Cuándo? ¡Maldita sea! Voy ahora mismo.

Colgó.

—Se los han llevado, Abby. Los esqueletos han desaparecido.