Capítulo Diez #5
—Eres un alma bondadosa y generosa. Un guerrero valiente, un hermano leal, un hombre bueno y honesto, y un genio de los negocios que se infravalora demasiado. Eso es lo que eres. Ojalá me creyeras.
—Pasé muchos años creyendo cada palabra que decías —dijo él.
Bajó la mirada hacia mi mano en su brazo.
—Luego pasé más años dudando de ti. Puede que me lleve un tiempo encontrar el equilibrio.
—Lo entiendo —respondí.
Su tristeza resonaba con mi pesar.
—Crecimos juntos. Quizá también tuvimos que separarnos para convertirnos en quienes somos.
—Tee... —titubeó, algo poco habitual en Kass.
Parecía querer decir varias cosas a la vez, extraño en un hombre de pocas palabras.
—Tengo una pregunta.
—¿Y cuál es?
—¿Y ahora qué? —clavó sus ojos en los míos—. ¿Crees que estamos preparados?
***
Kass
Esperé la respuesta de Tee sin poder respirar.
A mi alrededor, la habitación se encogía con cada segundo que pasaba.
Se quedó allí sentada, estudiándome como si fuera un extraño y no el chico que le había jurado lealtad eterna; o el amante que había vivido y muerto por sus gemidos de placer; o el hombre que le había pedido matrimonio. El hombre al que había rechazado.
Joder. La vieja herida me escocía en el pecho. ¿Llegaría a superarlo algún día?
No sería fácil. Me costaba soltar el pasado. Pero tenía que cerrar mis heridas y seguir adelante si quería tener una segunda oportunidad con Tee.
—No sé si estamos preparados —dijo Tee al fin—. Ha corrido mucha agua bajo este puente. No sé si podemos cambiar. Pero...
—¿Pero qué? —exigí, asfixiándome voluntariamente.
—Te he echado de menos —dijo ella.
Respiró hondo para calmarse, los ojos vidriosos, el pulso latiéndole con fuerza en la base de la garganta.
—He soñado con arreglar esto, lo nuestro, durante mucho tiempo. Y no me quedan fuerzas para luchar contra la atracción que ejerces sobre mí. Así que...
No me atreví a moverme.
—¿Así que?
—Si quieres darnos una segunda oportunidad, estoy dispuesta a intentarlo.
El oxígeno que me llenó los pulmones trajo nueva vida a cada una de mis células.
Estallaron fuegos artificiales dentro de mi pecho.
Era como si hubieran suspendido una orden de ejecución y mi vida hubiera recibido una prórroga.
No era un indulto total, pero era una segunda oportunidad y lo mejor que podía esperar.
La aceptaría. Haría que funcionara.
Me había entrenado para no mostrar emociones, pero alargué la mano, tomé la suya y le besé los nudillos.
—Si supieras lo que esto significa para mí.
—Oh, lo sé. Lo sé muy bien —respondió ella.
Su sonrisita torcida se me grabó en el corazón.
—Porque significa todo para mí.
Joder, yo significaba algo para ella. Todo, había dicho. Mi cabeza flotó hasta las nubes. Una segunda oportunidad con Tee. ¿Estaba soñando?
Pero otro pensamiento me devolvió de golpe al planeta Tierra. Tee debió de percibir las dudas que ensombrecían mi alegría y me tensaban los labios.
—¿Qué pasa? —preguntó ella.
Sus ojos se abrieron de par en par y el brillo dorado de su mirada se apagó.
Me aferré a su mano con las dos mías, le froté el pulgar bajo la palma mientras absorbía fuerza de su calidez y luchaba por encontrar las palabras que expresaran mis emociones, algo que se me daba fatal.
—Puedo hacerlo, Tee. Te lo juro. Estoy dispuesto a intentarlo con todo lo que tengo. Pero...
—¿Pero qué?
—No creo que pueda soportar que me apartes de tu vida o que desaparezcas sin decir palabra otra vez —hice una pausa para controlar la voz—. No puedo volver a pasar por eso. Casi me mata.
—Y yo que pensaba que ya no te importaba.
—¡Ja! —esta mujer nunca dejaba de sorprenderme—. No sé cómo pudiste creer eso.
—Tú rompiste conmigo —suspiró ella—. Y la mente empieza a darle vueltas cuando pasa el tiempo y los sentimientos quedan sin expresar.
—La mente da muchas vueltas —le tomé la mano y se la besé—. Así que no te vayas sin más. Si tienes asuntos que atender, dímelo. Te juro que guardaré tus secretos y haré todo lo posible por no enfurruñarme.
—Viniendo de ti, esa última parte podría ser mucho pedir —me provocó con una sonrisa.
—Solo puedo prometerte que lo intentaré con todas mis fuerzas.
—Con eso basta —su sonrisa se ensanchó, más firme en su rostro.
—Hablo en serio, Tee —mi tono se endureció—. Si algún día decides que se acabó, dímelo. Sácame de mi miseria. No me dejes en vilo. Porque no puedo sobrevivir a eso otra vez.
—Problemas de confianza. Anotado —trazó una marca en el aire—. Los añadiré a la lista de tareas pendientes. Es larga.
—Lo sé —dije—. Pero no es la primera vez que me enfrento a algo difícil.
—Kass, no sé si lo conseguiremos esta vez.
—Respiró hondo—. Pero si quieres estar conmigo, vamos a tener que aprender a trabajar juntos.
Se acabó eso de ser la muñeca de la vitrina.
No pienso volver a subirme a este tren si tú eres el único que conduce.
Así que piénsatelo. Mientras tanto, me voy a duchar.
Se dirigió al baño y se detuvo en el umbral.
—Quiero que seamos compañeros de verdad, Kass, de verdad —dijo—. Me parte el alma tener que decir esto. Pero si no es así, no hay esperanza para nosotros. Así que decide. ¿Estás dentro o fuera?