Jugada Imprudente (Yale University 1) Capítulo Veintisiete
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Capítulo Veintisiete

Es curioso cómo encuentras a alguien especial justo cuando menos lo esperas.

— High School Musical

Mentí. Anoche, después de llegar a casa, todavía ensayé una coreografía para la clase de esta mañana.

Aunque estaba agotada, me di una ducha y no pude contenerme, mi cuerpo seguía palpitando.

Me quedé dormida con Troy acurrucado a mi lado y solo desperté un instante cuando vi a Nathan cruzar la puerta de mi habitación.

Se acostó al otro lado sin decir demasiado. Mi cuerpo, como si fuera automático, buscó el suyo. Escuché su voz baja disculpándose por llegar tan tarde, porque el entrenador no había sido precisamente indulgente con ellos. Solo asentí y volví a dormir. Estaba agotada.

Por la mañana, cuando abrí los ojos, él ya no estaba.

Pero sobre la mesa había una nota escrita con su letra: «Que tengas un día increíble, pelirroja» , y al lado, una bandeja improvisada con bollitos cubiertos de azúcar y canela, un pastel de chocolate y, por supuesto, un pequeño recipiente lleno de cerezas en almíbar.

Sonreí para mí misma. De verdad sabe cómo complacerme.

La casa estaba en silencio cuando salí, probablemente todos estaban entrenando.

El fin de semana promete ser decisivo: quien pierda quedará fuera del campeonato.

Y, para aumentar todavía más la presión, en el próximo partido estarán presentes nombres importantes de la NHL, así que los chicos se están esforzando muchísimo.

Llego diez minutos tarde a la clase de danza y recibo la mirada fulminante de la señora Marcy.

La ignoro, intentando mezclarme entre los demás.

El ensayo, sorprendentemente, es menos agotador de lo habitual y, al final, nos manda formar un círculo en el centro del estudio para hablar sobre el Festival de Verano que tendrá lugar dentro de casi tres meses.

Ya sé que no me elegirán. Siempre son los veteranos quienes se quedan con los papeles principales y, sinceramente, no me importa esperar un año más. Más tiempo para entrenar, para demostrar lo que valgo.

—Como saben, nuestro festival está cada día más cerca —la voz aguda de Marcy resuena por la sala. Todos permanecemos en silencio, atentos a cada palabra, y se podría escuchar hasta el sonido de una aguja al caer al suelo—. Este año, nuestra presentación será El lago de los cisnes .

Un murmullo discreto recorre el círculo. Summer, a mi lado, está radiante, como si acabara de escuchar que el papel ya es suyo. Y, sinceramente, no sería difícil imaginarla como Odette.

Me gusta la obra, aunque el ballet clásico nunca haya sido exactamente lo mío.

Aun así, mi corazón se acelera. No es que vayan a llamarme, pero ¿y si lo hicieran?

Ser Odette, la princesa condenada a vivir como cisne durante el día por culpa de un cruel hechizo, pudiendo recuperar su forma humana únicamente al caer la noche, atrapada entre el amor y la tragedia, entre el deseo de ser salvada y el miedo a la traición... sería surrealista.

—Y ya recibimos la confirmación de que Jenny Becker y Robert Trevor estarán presentes.

Abro mucho los ojos, igual que los demás. Jenny y Robert son auténticas leyendas vivientes, propietarios de la mayor red de academias del mundo. Mi mente empieza a funcionar a toda velocidad. Si me llaman, aunque sea para interpretar un árbol, aceptaré sonriendo.

Los tacones de Marcy resuenan con fuerza sobre el suelo de madera mientras camina con la tablilla en las manos.

—Voy a llamarlos uno por uno, primero indicando el personaje y después quién lo interpretará. Cuando escuchen su nombre, vengan a mi izquierda.

Empieza a mencionar los primeros nombres: príncipe, reina, hechicero, doncellas, invitados. La tensión aumenta en el ambiente. Summer se muerde las uñas, inquieta. Incluso yo siento una presión en el pecho. El papel principal nunca llega.

—Y, por supuesto, dejé lo mejor para el final. Pensé mucho en quién interpretaría a Odette... pero, en el fondo, ya lo sabía. —Sus ojos se clavan en los míos—. Madison. El papel es tuyo.

El aire desaparece de mis pulmones. Durante un segundo creo que escuché mal. Pero no: los aplausos estallan a mi alrededor.

¿Yo, la protagonista?

Me levanto en trance y camino hacia el centro. Manos me felicitan, sonrisas se vuelven hacia mí... pero lo único que veo son los ojos llenos de lágrimas de Summer.

Me duele el pecho. No debería ser así.

—Terminaremos aquí —finaliza Marcy con frialdad—. Los demás, esfuércense más la próxima vez.

Las lágrimas de Summer finalmente caen. Me siento fatal, aunque no tenga culpa de nada. Intento alcanzarla cuando toma su bolso y sale casi corriendo.

—¡Summer, espera!

Corro detrás de ella por el pasillo vacío.

—¿Qué pasa, Mads? —explota, girándose hacia mí con los ojos azules empapados de rabia.

—No sabía que me elegirían. Pensé que...

—¿Que sería yo? —su voz es ácida, un golpe directo en el pecho—. Claro que no, ¿verdad? Llegas ahora y ya me robas el papel. Yo termino siendo una extra en mi propia historia.

—No es eso, te lo juro. Puedo hablar con la profesora, decirle que tú lo mereces más que yo.

—Ay, basta. —Suelta una risa sin humor—.

Eres rica, hija de gente influyente. Tu madre bailó aquí.

Solo tuviste que cruzar la puerta y todo lo demás te lo entregaron en bandeja.

Y, como si eso no fuera suficiente, también te quedaste con el chico que me gustaba.

¿Qué más quieres? ¿Robarme también el puesto de capitana del equipo de animadoras?

Sus palabras son cuchillas. Cada sílaba abre una herida.

Mi cuerpo tiembla. Llorar es inevitable.

—La gente como tú siempre ha tenido el mundo a sus pies. Yo no. Nunca tuve nada más que mi fuerza de voluntad. Pero entonces apareces tú y, claro, todo empieza a ser tuyo.

Se suelta de mi brazo y se marcha, dejándome destrozada en el pasillo.

Las lágrimas ya recorren mis mejillas cuando me doy cuenta de que estoy completamente sola.

El bolso se desliza de mi hombro y cae al suelo, pero ni siquiera me importa.

Apoyo la espalda contra la pared fría y dejo que el llanto salga de una vez, incapaz de contenerlo.

Así es como me encuentra Chase. Aparece de repente, con el cabello rubio desordenado y el ceño fruncido, como si ya supiera que estoy hecha pedazos.

Sin decir nada al principio, simplemente se acerca, se agacha frente a mí y aparta mis manos del rostro. Cuando nuestros ojos se encuentran, no consigo resistirme: me lanzo a sus brazos. Mi hermano me abraza con fuerza, anclándome, mientras los sollozos sacuden mi pecho.

—Estoy aquí, hermanita... —murmura, acariciándome lentamente el cabello—. Solo dime el nombre del hijo de puta y voy a matarlo.

Se me escapa una risa débil. Es tan típico de él: intentar protegerme y, al mismo tiempo, arrancarme una sonrisa justo cuando más la necesito.

Apoyada contra su pecho, mi llanto va perdiendo fuerza, pero la presión todavía me asfixia. Chase espera en silencio, sabiendo que necesito soltarlo todo antes de poder hablar.

Cuando consigo respirar un poco mejor, me seco las lágrimas con el dorso de la mano y lo digo de una vez:

—Fue Summer... discutimos. Quería el papel protagonista para el festival y dijo que yo solo lo conseguí porque tenemos dinero e influencia.

Chase se aparta ligeramente para mirarme, entrecerrando sus ojos azules como si intentara procesar la información.

—¿De verdad dijo eso?

Asiento en silencio, mordiéndome el labio. No menciono la parte sobre Nathan; no quiero echar más leña al fuego.

Se pasa una mano por el rostro, suspira profundamente y después me toma por los hombros.

—Mads, mírame. Sabes que eso no es verdad. Te esfuerzas más que nadie, yo lo veo. Mereces estar donde estás. No es mérito de nuestros padres, es tuyo.

Vuelvo a sentir una presión en el pecho, pero esta vez no es dolor. Es alivio. Es tener a alguien que cree en mí incluso cuando yo misma dudo.

Besa mi frente con firmeza, como siempre hace cuando quiere recordarme que está aquí.

—Si hay algo que tienes que recordar es esto: nada de lo que has conseguido te cayó del cielo. Luchaste y sigues luchando.

Un beso suave en mi frente me calienta el corazón. ¿Cómo consigue mi hermano tener ese poder sobre mí? No siempre estamos cerca, pero sabemos que, cuando realmente lo necesitamos, uno siempre aparece para el otro. Siempre fue así.

—Gracias —murmuro, todavía con la voz quebrada.

—No es nada. Ahora ve a ensayar, porque tengo muchas ganas de ir a ese festival tonto.

Le doy un pequeño puñetazo en el abdomen y él se retuerce a propósito, soltando un grito exagerado.

—¡Ay!

—No es tonto. Es un espectáculo. Un clásico —replico, riéndome de su actuación.

—Está bien, un espectáculo lleno de piruetas y faldas de tutú —se carcajea, claramente disfrutando provocándome.

—Ah, y no te olvides de las zapatillas —añado, y hace un gesto como si marcara una casilla en una lista imaginaria.

Pongo los ojos en blanco, pero no consigo contener la sonrisa.

—Perfecto, ahora llego tarde al entrenamiento. Pero cuídate, hermanita. Si pasa algo... tírale del cabello.

—¡Chase! —digo indignada, aunque termino riéndome al verlo alejarse por el pasillo, carcajeándose como el idiota que es.

Todavía sonrío para mí misma cuando me acomodo mejor el bolso sobre el hombro y respiro hondo para enfrentar mi próxima clase.

Pero, al salir de la sala, veo a la profesora Marcy cruzando sola el pasillo, con la tablilla en las manos.

Mi corazón se acelera. Si existe una oportunidad de aclarar las cosas, es ahora.

—Profesora, ¿puedo hablar con usted un momento?

Se detiene, se acomoda las gafas sobre el puente de la nariz y me mira como si estuviera a punto de robarle minutos preciosos de su vida. Aun así, asiente.

—Solo quería entender por qué no eligió a Summer. Es veterana, increíble para el papel... incluso podría ser Odile y, siguiendo la tradición, también Odette, ya que normalmente la misma bailarina interpreta a las dos.

—Señorita Macqueen —me interrumpe con frialdad—. ¿Quiere opinar sobre mis decisiones?