Jugada Imprudente (Yale University 1) Capítulo Trece
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Capítulo Trece

La felicidad está en los pequeños detalles.

— Ratatouille

Después de la presentación, las chicas me convencieron de salir con ellas al Mystic Grill, un bar que queda a unos veinte minutos de la universidad.

Pensé que sería un lugar tranquilo, pero, al estacionar el Mustang, enseguida me doy cuenta de que estaba equivocada.

El estacionamiento está lleno, el sonido de la música hace vibrar las paredes y hay estudiantes por todas partes.

Estaciono el auto y apago el motor. Kira está en el asiento delantero mirando el celular, mientras atrás Summer y Cora cantan a todo pulmón una canción de Demi Lovato, riéndose entre una desafinada y otra.

—Pensé que este lugar era más tranquilo... —comento, observando el movimiento afuera.

—Técnicamente lo es. —Kira se encoge de hombros con una sonrisita nada inocente—. Pero desafiaste a Lexi, Mads. Eso merece celebrarse.

—Su cara fue lo mejor —dice Summer mientras sale del auto—. Pura derrota.

Suelto una risita débil, un poco incómoda.

—Oigan, solo para que quede claro... no era mi intención provocar a Lexi, ¿sí? Solo quería hacer mi parte y pasar la audición.

—Y pasaste porque eres buena —responde Cora con sinceridad—. No provocaste a nadie. Solo demostraste que lo mereces.

—En serio, estuviste increíble —añade Summer—. Lexi no sabe lidiar con eso.

—Aun así... —tomo aire lentamente—. No se me da bien lidiar con ese tipo de chicas. Nunca se me dio bien.

Sinceramente, lo último que quiero son problemas. Entré al equipo como una forma de escapar, ¿saben? Mi vida ya es bastante caótica, no necesito otro problema llamando a mi puerta.

Salgo del auto y el frío viento nocturno me golpea de lleno, erizándome la piel. Llevo leggings y un top, lo único que conseguí ponerme después de ducharme a toda prisa en los vestidores.

Había pedido pasar por casa para cambiarme, pero las chicas insistieron en que no hacía falta. Ahora, viendo el movimiento en el estacionamiento y la cantidad de gente arreglada que entra al bar, empiezo a arrepentirme.

Me siento fuera de lugar, mal vestida, como si estuviera una vez más en una fiesta a la que no pertenezco.

El tipo de lugar que siempre intenté evitar, pero del que ahora, por alguna razón, intento obligarme a formar parte.

Todo en nombre de ese famoso nuevo comienzo que me prometí cuando entré a la universidad.

Kira, que ya está fuera del auto, gira el rostro hacia mí con media sonrisa.

—¿También tuviste una secundaria difícil? —pregunta.

Me limito a asentir y ella sonríe.

—Te entiendo. Yo tampoco fui nunca la favorita de las populares. Pero tranquila, Lexi cree que manda, aunque solo es una extra. Literalmente es la suplente de Summer. Y, si se pasa de la raya, Cora dijo que le pondrá laxante en el agua.

—¿Qué? —empiezo a reír.

—¡Es verdad! —Cora levanta las manos, confesándolo sin el menor remordimiento—. Siempre llevo un sobrecito en el bolso, nunca se sabe.

En cuanto empujo la puerta de madera mientras seguimos riéndonos, me recibe el sonido amortiguado de las conversaciones, la música alta y el olor a hamburguesas y fritura.

Luces amarillas cuelgan del techo de madera oscura, iluminando mesas abarrotadas, una pista de baile animada y varias mesas de billar ocupadas en una esquina.

—¡Allí! —Kira señala, sonriendo al ver a Asher—. Nos guardó un lugar.

Nos dirigimos hacia la mesa donde están sentados Asher y otros chicos. Uno de ellos, por supuesto, es Enzo. Cabello rubio y largo, ojos azul grisáceo y esa mandíbula que parece tallada en mármol.

Me acerco un poco incómoda. Todavía estoy acostumbrándome a esto de salir en grupo, de pertenecer a algo.

—Eh, ven. —Summer toma mi mano y tira de mí—. Ahora eres parte del equipo. Se acabó eso de quedarte sola. Somos un desastre, pero somos una familia.

Sonrío en agradecimiento y me siento, por obra del destino, al lado del rubio.

—Madison. —Sonríe con ese aire malicioso—. Qué bueno verte otra vez.

Su mirada se desliza por mi cuerpo como si estuviera leyendo un menú. En otro momento, eso me molestaría. ¿Hoy? No sé. Lo único que sé es que tengo hambre y el olor a hamburguesa no hace más que empeorarlo.

—¿Qué van a pedir? —pregunta Cora, ya con el menú en las manos.

—Papas con cheddar y bacon —dice Kira, haciendo un puchero hacia Asher, que le responde con un beso en la mejilla—. Me lo merezco después de pasar toda la semana comiendo ensalada. Hoy quiero sumergirme en grasa con orgullo.

—Solo un milkshake de fresa —comenta Summer, un poco ausente. Hay algo en su manera de hablar que me hace dudar, pero lo dejo pasar.

Pido una hamburguesa con cheddar, pepinillos y una Coca-Cola de cereza. Cora elige pollo frito con papas.

—Lo hicieron muy bien hoy —las felicita Enzo, sonriendo de esa manera que hace que sus ojos se achiquen un poco—. Va a ser increíble tenerlas en el equipo.

—Gracias —responde Cora amablemente.

Pero él sigue mirándome a mí.

—Va a ser difícil concentrarme en el partido teniéndote cerca —susurra solo para mí.

El comentario me toma por sorpresa y siento el calor subir hasta mis mejillas.

Perfecto. Ahora, además de hacerme sonrojar, sabe que lo consiguió.

—Gracias. Aunque casi ni entro —bromeo, y todos en la mesa se ríen.

—Lexi solo se mete con quienes considera una amenaza —dice uno de los chicos, con el apellido «Williams» estampado en la camiseta, encogiéndose de hombros.

—No quiero ser una amenaza para nadie —me apresuro a decir.

—Tranquila. —Summer me consuela, levantando su milkshake—. La verdadera capitana está aquí. Y quiero brindar por la nueva integrante.

Nos reímos y brindamos con vasos, botellas e incluso pajillas.

Antes de que lleguen nuestros pedidos, Summer se gira hacia mí, animada.

—Mads, déjame presentarte oficialmente a los chicos. —Señala a cada uno con la barbilla—. Ese de ahí es Jonathan Williams, el que hizo el comentario sobre que eres una amenaza para Lexi, pero te juro que es agradable. A este ya lo conoces.

Sonríe hacia el rubio que está al lado de Kira.

—Asher, novio de Kira y orgullo de nuestra ala femenina. Ese es Jeremiah, el más callado del grupo, pero siempre pendiente de todo. Y, por supuesto... —se gira hacia el chico que está a mi lado—. Enzo Parker, a quien ya tuviste el disgusto o el privilegio de conocer, dependiendo del punto de vista.

—Un placer otra vez. —Enzo me guiña un ojo con descaro.

—Solo faltan Tyler y Robbie —continúa.

—Tyler se resfrió y Robbie fue a ayudar a su mejor amiga buenísima —comenta Jonathan entre risas, haciendo que los demás también se carcajeen.

—¿Qué? —pregunto, sorprendida.

—Nada —responde Enzo, todavía riéndose—. Cosas nuestras.

No sé por qué, pero no me gustó demasiado el comentario del chico. No sé si fue la forma en que lo dijo o cómo los demás se miraron y sonrieron. Solo sé que no me pareció bien.

Llegan nuestros pedidos y devoro mi hamburguesa como si fuera lo mejor del mundo y, quizá en este momento, realmente lo sea.

Después de comer, los chicos deciden jugar al billar. Enzo se despide con un beso suave en mi mejilla.

—Guau, de verdad está interesado en ti —comenta Kira, robándole papas a Cora.

—No te hagas ilusiones, Mads. Él está interesado en todo el mundo —dice Summer, poniendo los ojos en blanco.

—Está bien. No me interesa. —Me encojo de hombros.

—¿Cómo que no? Todo el mundo está colado por él. Igual que todas están coladas por tu hermano.

Hago una mueca de inmediato.

—Puaj. Qué asco.

—Hablando de eso... ¿qué tal es vivir con cinco jugadores de hockey guapísimos? —pregunta Kira, jugando con su mechón azul.

—Primero: mi hermano no es guapo. Segundo: es tranquilo. Nathan y Chase siempre han convivido conmigo, así que no es ninguna novedad tenerlos cerca. Los otros chicos también son bastante tranquilos, hasta ahora nos llevamos muy bien.

Pero con solo decir el nombre de Nathan en voz alta, mi corazón ya se acelera. Maldita sea.

—¿Nathan siempre fue así? ¿Reservado, sin novias? —pregunta Summer con una sonrisita.

Trago saliva. Sé lo que hay entre ellos.

—Siempre fue así. Pero estuve un año fuera, no sé cómo es ahora —respondo, intentando mantener un tono neutro.

—Ya le dije que lo arrincone contra una pared y le diga: «Y entonces, guapo, ¿vamos a ser novios o no?» —Kira se ríe.

—No funciona así. Y nosotros no somos exclusivos —dice la rubia, jugando con la pajilla vacía de su milkshake.

El nudo en mi garganta no hace más que crecer.

—Eso funcionó conmigo y Asher. —Kira le sonríe a su novio.

—¿Cómo empezaron a salir? Amo las historias de amor —pregunta Cora, emocionada.

Termino mi comida mientras Kira cuenta que ella y Asher eran vecinos desde pequeños y empezaron a salir cuando todavía estaban en la secundaria. Después solicitaron juntos el ingreso a Yale, los aceptaron y siguen uno al lado del otro, planeando el futuro perfecto para ambos.

Todo es tan tierno, tan sincronizado, que ni siquiera parece real. Su historia parece sacada directamente de una de esas películas cliché de romance adolescente.

—Ahora un equipo de la NBA está interesado en él. Si todo sale bien, el próximo año nos mudaremos a Los Angeles.

—Entonces, ¿tú también estás en el último año? —pregunto.

—Penúltimo año. Estudio Ingeniería Biomédica, pero solo para cumplir con el requisito obligatorio de mi verdadero sueño, que es entrar en el programa de Fisioterapia. De hecho, el próximo mes empiezo mis prácticas con el equipo de hockey. Dios me ayude —bromea.

Me sorprendo, pero Cora pregunta antes que yo:

—¿Vas a dejar la universidad si lo reclutan?

—Tengo una beca, pero ya hice un examen de transferencia y conseguí una plaza en una universidad de Los Angeles. Mi padre se volverá loco cuando se entere, pero ya soy mayor de edad y no puede hacer nada. Todo se está encaminando hacia eso.

—Su padre es el entrenador del equipo de hockey —añade Summer.