10 Epílogo
Había pasado un año y recordaba cada imagen, cada palabra, pero sobre todo el rostro de su ex sintiéndose victoriosa al verle tan jodido.
Pero esa tarde en el hotel no había vencedores ni vencidos, todos habían perdido de alguna forma.
Rocío porque le había perdido y nunca podría recuperarle, pero lo que era peor, había perdido a quien quería por encima de todo, a su hijo Roberto, al que había engañado mintiendo sobre su padre y ahora lo sabía.
Roberto porque se había enterado que su mundo estaba basado en un completo engaño, odiaba tanto a su padre que había participado en el plan para joderle la vida.
Y ahora sabía que era inocente, que nunca maltrató a su madre, que nunca la engañó con otras sino que fue ella la infiel que rompió la familia y le privó de tener un padre durante todos estos años.
Ese día desapareció de sus vidas y llevaban un año sin verle.
Malena porque no fue capaz de confesar a su esposo el incidente del reservado, si lo hubiese hecho, quizá todo se hubiese desarrollado de otra forma. Su esposo no se hubiese preocupado tanto cuando algún hombre se acercaba más de la cuenta y tendría más confianza en ella.
Eran muchos quizás, pero quizá no hubiese caído en los brazos de Rubén y quizá no hubiese tenido dudas sobre lo que quería en su vida.
Y por fin Carlos, él perdió lo que más amaba, su esposa, pero lo que era peor, había perdido su vida, ahora era un millonario enterrado en vida.
Sabía que ella no era culpable del todo, que se habían aliado muchos factores externos para que le traicionase. Uno fue él con sus inseguridades y sus celos, pero la última decisión fue de Malena.
Carlos continuó con su vida miserable, construyendo edificios y ganando dinero a espuertas, pero a medida que su cuenta corriente crecía, su corazón se apagaba, no era feliz, había fracasado en sus dos relaciones y había perdido definitivamente a su hijo.
Su amigo del alma quiso hacer de Cupido y le presentó varias chicas. Pero le sirvió de poco, Carlos siempre decía lo mismo “Ya no estoy para estos trotes”. Y renunciaba a salir con cualquier mujer aunque ella estuviera interesada en volver a verlo.
Intentó encontrar a Roberto para hablar con él y decirle que le perdonaba, que había sido engañado y no tenía la culpa de lo ocurrido con Malena. Que si él quería, podían recuperara el tiempo perdido y conocerse.
Contrató un detective y lo estuvo buscando durante meses, pero no dio con él, fue imposible localizarlo.
Pasado el tiempo, supo que Rocío estaba ingresada en un centro médico por depresión, la marcha de su hijo había destrozado su vida y ya no tenía nada a qué agarrarse para seguir viviendo.
Carlos fue a verla varias veces, cada día llevaba un ramo de flores y una caja de bombones, ella estaba como ida, no se acordaba de nada y ambos charlaban como si fuesen pareja, cogiéndose la mano y diciendo tonterías.
Llevaban tres meses en esa situación y la relación se iba afianzando, Rocío se recuperaba y miraba a su ex con ojos de enamorada.
Le decía que le quería, que había sido el único hombre en su vida y que solo deseaba que la perdonara.
- Ojalá pudiese dar marcha atrás en mi vida. – dijo acariciando la mano de Carlos –
- Si. – respondió él – Eso sería bueno.
- Espero que algún día me perdones.
- Ya estás perdonada, eres la madre de mi hijo, nunca podría odiarte.
Rocío se quedó pensando.
- Te hice daño dos veces.
Carlos se quedó callado.
- Nunca mereciste el dolor que te causé. – insistió ella -
Ambos seguían cogidos de la mano y se acariciaban, parecía que estuviesen casados.
- No te merezco. – dijo ella llorando – Te hice daño y aún así sigues a mi lado, ayudándome a salir de este pozo donde me metí yo sola.
- Eres la madre de mi hijo, la mujer a la que en su momento quise con toda mi alma.
- Pero ya no me quieres. ¿Verdad? Tu corazón pertenece a otra.
- No, Rocío. – respondió con semblante serio - Ya no tengo a nadie, no quiero ninguna mujer a mi lado.
Roció tragó saliva, iba a verla a menudo pero sabía que era imposible recuperarle, meditó un momento y apretó su mano.
- Escucha lo que te digo porque es importante. – susurró tomando aire – La primera vez que Rubén se llevó a Malena al hotel la echó algo en la bebida, él le había pedido varias veces follar y otras tantas ella se había negado.
- ¿Qué?
- Rubén es un cabrón, se las liga muy fácilmente, pero cuando tiene problemas como con Malena, tiene unas pastillas que le allanan el camino.
- ¿La drogó?
- Creo que sí, Carlos. No estoy segura pero me temo que lo hizo, ella se lo había dejado claro, solo quería amistad, quedar a tomar café o comer y charlar un rato con él.
Eso soliviantó a Rubén y decidió usar otro método, no estaba dispuesto a rendirse, Malena iba a ser su presa más importante, una MILF guapísima y casada, un trofeo en su vitrina para presumir con sus amigos.
- ¿Lo sabías?
- Te juro que no. Pero Roberto me comentó después que había oído que ya lo había hecho con alguna de su clase. Por eso me extrañó que Malena cayera, le repetía muchas veces que te quería y no estaba dispuesta a engañarte con él.
- Pero al final se lo montó con tres en la misma tarde.
Roció dudó si seguir hablando o si callarse, pero pensó que tenía que ser leal al que había sido su esposo durante más de quince años y era el padre de su hijo, más ahora al ver como se portaba con ella mientras estaba ingresada en el hospital.
- Carlos. Una vez que se la había follado, la pobre se enganchó a su polla. Como viste en el vídeo, Rubén follaba muy bien, le daba todo lo que le faltaba en casa.
- Vamos, Rocío, no me jodas.
- Es cierto, Carlos. Malena estaba sola casi todo el día, tú estabas siempre trabajando.
- Ahora va a ser mi culpa que se follase a los tres en el puto hotel.
- No, cariño, no es eso. Tú le dabas amor, ternura, lo que toda mujer desea de su pareja.
- ¿Y él?
- Él, sexo puro y duro, un polvo y si te he visto no me acuerdo.
- ¿Y ya está? Por eso es buena y yo malo.
- NOOO. Fue… no sé, lo que me ocurrió a mí, muchas horas sola hacen que te aburras, que pienses cosas raras. Y ella le dijo a Rubén que iba a ser la última vez porque te quería mucho y no deseaba perderte por nada del mundo.
Carlos se quedó pensativo, pero lo que decía su ex no le convencía del todo, si quieres a alguien no le engañas, no dices que buscas un macho para que te folle y no llamas a tu pareja viejo y cornudo mientras te está follando otro.
Continuaron las visitas y Rocío siempre sacaba el mismo tema, era algo recurrente, hasta que él se plantó y dijo que no quería volver a hablar de Malena o dejaría de verla.
Habían pasado dos años y Roberto no aparecía, eso dolía tanto a Rocío como a Carlos. Ella había salido del hospital y él iba a verla a su casa una vez en semana, y como cuando estaba ingresada, seguía llevando bombones y flores como regalo.
- Parecemos novios y que me estás rondando. – dijo ella riendo –
- No será cierto. – contestó él sonriendo – Voy camino de monje, las mujeres las tengo vetadas.
La relación entre ellos era buena, solo faltaba el nexo de unión que era ese hijo desaparecido y que los dos deseaban recuperar cuanto antes, ella para pedirle perdón y él para decirle que quería recuperar el tiempo perdido.
Una mañana, Carlos tuvo una reunión de trabajo, tenía una presentación de unos nuevos terrenos donde iban a construir varios edificios residenciales, era un proyecto importante y querían adjudicar la venta a alguna de las mejores inmobiliarias.
Era en los salones de un hotel y primero tenían preparado un café de bienvenida para todos los asistentes.
Carlos, como jefe de la empresa, paseaba de un lado a otro saludando a cada uno de los invitados, era la forma de conocerlos y decidir a quién iba a ceder los derechos de venta de las viviendas sobre plano.
Paró un instante para charlar con Vasile y vio que éste miraba hacia la puerta con ojos como platos.
Se giró para ver qué pasaba y se quedó boquiabierto, allí, en la puerta del salón, se encontraba una mujer conocida, era alta, esbelta, pero en nada recordaba a la mujer que en otra hora fue.
Malena entraba con un vestido elegante, pero ni su culo ni sus pechos llamaban la atención como antes.
- Tiene que saludarla. – dijo Vasile a su jefe –
- ¿Qué hace aquí? No está en la lista de invitados. – respondió éste -
- No creo que venga por su propio gusto, Jefe, habrá venido por un motivo importante.
- Ve a hablar con ella y dile que se vaya. – ordenó Carlos a su empleado – No quiero verla por aquí.
Vasile lo hizo, fue directo al encuentro de Malena y la estrechó la mano para saludarla.
Carlos vio que hablaban y ella negaba, su empleado insistía y ella volvía a negar con la cabeza, se hartó de esperar y fue a ver qué pasaba.
- ¿Qué ocurre? - preguntó a Vasile ignorando a su ex –
- Dice que viene en representación de la inmobiliaria para la que trabaja. - respondió su empleado - Que debería haber venido su jefe pero ha tenido un accidente y la ha llamado para que ocupe su lugar hasta que él pueda incorporarse.
- Dile que se vaya. – respondió Carlos como si ella no estuviera presente – Aquí no es bienvenida.
Malena bajó la cabeza e hizo amago de macharse, pero Vasile la sujetó del brazo y contestó a su jefe.
- Si se marcha la despiden, se queda sin trabajo.
Carlos le miró enfurecido, apretó los puños con fuerza y se tragó su orgullo.
- Que se quedé, pero no quiero que hable conmigo y no quiero tenerla cerca en toda la mañana.
Vasile la miró y ella afirmó con la cabeza, pero en cuanto Carlos la dio la espalda para macharse, ella se fue directa al baño llorando.
- Ha sido muy duro con ella. – dijo Vasile acercándose a su jefe –
- Es lo que se merece por ponerme los cuernos. – respondió éste enfadado –
- También lo hizo su primera esposa y a esa la ha perdonado.
- No es lo mismo. ¡Joder! – contestó Carlos enfurecido –
- Ya. – dijo el empleado – Porque por la primera no siente nada y a ésta la sigue amando.
- No digas tonterías, Vasile. – se excusó intentando alejarse –
Vasile cogió a su jefe y le llevó hasta una esquina del salón, pasó el brazo por su hombro demostrando la confianza que los unía desde hace años y le susurró en el oído.
- No me dejó contarle lo que pasó en aquella habitación cuando se marchó.
- No quiero saberlo, no me interesa lo más mínimo, si os la follasteis los tres a la vez, mejor para vosotros.
El rumano vio que a Carlos le temblaban las manos y que tenía los ojos enrojecidos, abrazó a su jefe como si de un hermano se tratase y le dijo lo que debería haberle contado hace dos años y él nunca quiso saber.
- Jefe, Malena se derrumbó en cuanto usted se machó por la puerta, nos dijo que era el mejor hombre que había conocido en su vida y que todo lo que hiciéramos con ella lo tenía merecido. Que no iba a negarse a nada porque ese iba ser su castigo por todo el daño que había hecho al hombre de su vida.
Carlos le miró sorprendido, nunca preguntó qué había ocurrido en aquella habitación sórdida del hotel, pensaba que, como a ella le gustaban las orgias, los tres se la habían follado durante toda la tarde hasta matarla a orgasmos.
- Jefe. – añadió Vasile – Tuvimos que ir los siete días porque no quería comer ni beber, no hacía más que llorar y preguntar por usted. Nos turnábamos los tres para que no hiciese una locura, porque no dejaba de repetir que sin su amor no merecía la pena vivir.
- Pero me engañó con los tres. ¡Joder!
- Iba puesta hasta el moño, el tal Rubén le dio pastillas o algo parecido y le dijo que las tomase antes de ir al hotel, ella lo hizo y lo demás ya lo sabe.
Carlos giró la vista hacia la puerta y vio que Malena se marchaba hacia la calle, acababa de salir del baño y se notaba que iba llorando.
- Jefe. – exclamó Vasile – No deje que se vaya o se arrepentirá mil veces, además, va a seguir siendo un muerto en vida.
Carlos dudó un momento pero salió corriendo tras ella, la paró cuando se montaba en un taxi y la pidió que esperase.
- Lo siento mucho. – exclamó Malena llorando – Te juro que no sabía que ibas a estar tú presente, en caso contrario no hubiese venido.
- No. – contestó él nervioso – La culpa es mía por ser tan maleducado, que estemos divorciados no significa que tenga que tratarte como lo he hecho.
- Te hice mucho daño y no me lo perdonaré nunca, fui cruel contigo y no merezco que me mires a la cara. Lo siento, de verdad, mejor me voy.
Carlos acarició la mejilla de su ex y ésta se estremeció por el contacto.
- No te vayas aún, entra otra vez y seamos profesionales.
- No creo que pueda estar contigo. – respondió ella llorando – Siento vergüenza tan solo con que me mires, metí la pata hasta el fondo por no saber lo que quería.
- Shhhh. – chistó Carlos para que callase -
La cogió del brazo y la llevó al interior del hotel, aún tenían mucho que hablar, por un lado de la venta de los pisos, pero por otro, y más importante, de sus temas personales.
Fin