Isla (La Secuencia del Amor 2) Capítulo
100%

Capítulo

N uestro pub local forma parte de un hotel y restaurante preciosos aquí, en North Uist. Es mi restaurante de marisco favorito de toda Escocia.

Nosotros les suministramos la mayor parte del género, así que sé que lo que cenemos esta noche será fresco.

¿Debería estar despilfarrando así cuando tengo una cocina que reconstruir?

Probablemente no. ¿Valen la pena los chicos y su lealtad? Mil por cien, sí.

Mientras la recepcionista nos sienta, miro a los chicos preguntándome qué he hecho para merecerlos.

¿Por qué eligen quedarse cuando no tienen dónde vivir y el dinero va a escasear?

Ni siquiera me he parado a pensar en lo que supondrá tener a los cinco viviendo en mi casa a largo plazo.

Si soy sincera, no me molesta tener la oportunidad de averiguarlo.

Tengo tres años de sentimientos acumulados que procesar y, si lo de ayer sirve de indicación, puede que algunos de ellos tengan el mismo problema.

Por fin podemos ponerlo todo sobre la mesa, para bien o para mal.

—¿Estás bien? —pregunta Spencer, alargando la mano por debajo de la mesa para apretarme la pierna; sus dedos callosos rozan la parte interna de mi rodilla.

Me entran ganas de cubrir su mano con la mía y arrastrarla entre mis piernas.

Me aclaro la garganta, ignorando mi pulso desbocado.

—Sí. Estoy bien. —Le miro de reojo y, en cuanto nuestros ojos se encuentran, no puedo apartar la puta vista.

Un mechón de pelo rubio oscuro le ha caído sobre la frente, obstruyendo parcialmente sus ojos de color azul acero.

La barba de dos días en sus mejillas le da un aire misterioso a la sonrisa que asoma a sus labios.

—Gracias por preguntar —digo sin aliento, apartando la mirada. Cojo una cigala y le quito la cáscara, aterrorizada de que, si sostengo su mirada, sea capaz de ver lo que estoy pensando.

—Entonces, ¿cuál es el plan, jefa? —pregunta Archer, dándole un bocado a un langostino bañado en mantequilla.

Me quedo como un ciervo ante los faros de un coche mientras observo cómo se lame la mantequilla de los labios; su mirada se clava en mi alma como si supiera exactamente lo que me pasa por la cabeza. Su media sonrisa no hace más que confirmarlo.

No respondo de inmediato. Me tomo mi tiempo para mojar mi cigala en mantequilla, sosteniéndole la mirada a Archer mientras muerdo.

—Mañana tendré que ir al pueblo a pedir un permiso —digo, viendo cómo se le oscurecen los ojos mientras me lamo la mantequilla de los dedos—. ¿De casualidad alguno de vosotros tiene experiencia en construcción?

Spencer y Jamie levantan la mano.

—Perfecto. ¿Podéis hacer unos bocetos para que pueda entregárselos al inspector de obras? En cuanto los aprueben, podremos hacer una lista de materiales y pedirlo todo.

—Sin problema —murmura Jamie, con la mirada pegada a mis labios, lo que me hace sentir cohibida.

—¿Tengo algo en la cara? —le pregunto, limpiándome la boca con la servilleta.

—No. Es que no estoy acostumbrado a verte así. Siento si te estaba mirando fijamente. —Sonríe y se le forman arruguitas en los ojos, sin rastro de vergüenza.

—Vale, bueno, una vez que entreguen los materiales, voy a pedir electrodomésticos nuevos, que con suerte llegarán mientras terminamos de construirlo todo.

—¿Y qué pasa con el pabellón de literas? —pregunta Liam, inclinando su silla hacia atrás sobre dos patas.

—Si a todos os parece bien, el pabellón será lo último que reconstruyamos.

Quiero que el restaurante vuelva a funcionar lo antes posible para que entre algo de dinero.

¿Alguien tiene alguna objeción? —Los miro a todos alrededor de la mesa, mordiéndome el labio para contener la sonrisa mientras los cinco niegan vigorosamente con la cabeza—.

Vale. Bien. Ese es nuestro plan, entonces.

Spencer y Jamie, vosotros os quedaréis conmigo mañana.

El resto podéis salir con el barco. En cuanto lleguen los materiales, dejaremos la pesca en pausa para que los seis podamos trabajar en la reconstrucción de la cocina.

—¿No sería mejor contratar a un contratista? —pregunta Archer, siendo la única voz de la razón en la mesa.

—Lo sería, pero eso no entra exactamente en el presupuesto.

—¿Y qué hay de tu hermano? —pregunta él.

—¿Qué pasa con él, Archer?

—Sabes que Lach tendría a una cuadrilla aquí mañana mismo si le contaras lo que ha pasado.

—No voy a pedirle dinero. —Me niego a pedir ayuda cuando sé que soy perfectamente capaz de solucionarlo por mi cuenta.

—No pasa nada por pedir ayuda, Nel.

—Si no quieres ayudar, dilo y ya está. —Cierro la boca de golpe antes de decir algo de lo que me arrepienta.

Archer levanta las manos en señal de rendición. —Vale. Pero sabes que se enfadará cuando se entere de lo que ha pasado.

—De eso ya me encargaré yo.

Archer tensa la mandíbula, se quita las gafas de un tirón y se frota la cara con las manos antes de terminarse la cerveza de varios tragos largos, desprendiendo oleadas de frustración.

Saco mi tarjeta de crédito del bolsillo y la planto sobre la mesa.

—Terminad vosotros. Voy a dar un paseo por la playa para despejarme.

—Me levanto y me alejo antes de que puedan protestar.

No es la primera vez que Archer y yo chocamos, y definitivamente no será la última.

Es difícil seguir enfadada cuando sé que solo intenta cuidarme.

El viento me azota mientras bajo por el sendero hacia la playa.

Me aparto el pelo de la cara, preguntándome por centésima vez en qué estaba pensando cuando me lo corté todo hace un mes.

Ni siquiera me llega a los hombros y todavía no puedo hacerme una coleta.

Es la auténtica pesadilla de mi existencia.

—¡Eh! ¡Espérame! —La voz de Liam se eleva sobre el viento; ese acento australiano me saca una sonrisa.

Me detengo y espero a que me alcance. —No hacía falta que me siguieras, Liam. Quería que terminarais de comer.

—Ya no tenía más hambre.

Bueno, eso es una mentira como una catedral. Siempre tiene hambre.

—¿Cómo te sientes de verdad ? —pregunta en voz baja, caminando a mi lado.

—Destrozada —respondo con sinceridad, demasiado agotada para idear una respuesta mejor.

—Joder, Penny. —Me agarra de la muñeca, tirando de mí hacia él y rodeándome con sus brazos en un fuerte apretón—. Lo siento muchísimo.

Le devuelvo el abrazo, apoyando la mejilla contra su pecho, inhalando su aroma a cuero y sándalo.

—Lo reconstruiremos y quedará mejor de lo que estaba —promete, con los labios moviéndose contra mi pelo.

Cierro los ojos, disfrutando del consuelo y la intimidad del momento. —Lo sé —susurro con la voz entrecortada mientras se me escapan unas lágrimas. Soy más fuerte que esto, maldita sea.

Se echa un poco hacia atrás, acunando mi rostro entre sus manos y secándome las lágrimas con los pulgares. —Arriba ese ánimo, guapa.

Le dedico una sonrisa llorosa, y mis ojos bajan hasta sus labios antes de apartarme y seguir caminando hacia la playa. Él me coge la mano, entrelazando sus dedos con los míos.

Ese simple contacto hace que todo mi cuerpo se ilumine como un dichoso árbol de Navidad.

Le miro de reojo; su gorra deja la mitad de su cara en sombras y tiene el labio inferior atrapado entre esos dientes blancos y alineados.

Dios, qué bueno está este hombre. Se gira hacia mí de repente, recorriéndome la cara con la mirada.

—Penny, yo...

—¡Cuidado!

Esa es la única advertencia que recibimos antes de que Sammy embista contra mí como un tren de mercancías, me cargue en brazos y salga corriendo hacia el agua.