Isla (La Secuencia del Amor 2) Capítulo 78
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Capítulo 78

S igo vibrando mientras me pongo una bata de seda monísima. La tela está fresca contra mi piel, ayudando a calmar el fuego que ruge por mis venas. Antes de que aparecieran los chicos, no me daba cuenta de que el buen sexo solo hace que ansíes más. Estaré siempre persiguiendo esa sensación.

Henry y yo salimos del dormitorio de la mano, con el plug anal todavía bien encajado en mi interior.

—Por fin —se queja Theo, poniendo los ojos en blanco e intentando parecer molesto a pesar de la amplia sonrisa que tiene en la cara—. Le hemos mandado un mensaje a Jo diciendo que nos gustaría cenar aquí. Tenemos una película preparada en Netflix.

—Hemos pensado que te vendría bien un rato de descanso —dice Dylan, dándome una botella de agua y besándome en la mejilla.

—Psssh. —Desenrosco el tapón del agua y doy un trago largo antes de caminar hacia el sofá.

Me detengo, tomando aire con dificultad mientras la sensación de plenitud del plug me ilumina como un letrero luminoso, haciendo que mis terminaciones nerviosas echen chispas.

Henry me sostiene la mirada, mordiéndose el labio y gruñendo en voz baja.

—¿Qué película? —pregunto, alejándome de él tan rápido como puedo antes de hacer alguna estupidez. Me dejo caer junto a Theo, y el gemido que sale de mi boca hace que los tres se giren hacia mí.

—¿Te duele algo? —pregunta Theo con el rostro arrugado por la preocupación.

—Estoy bien —susurro, acurrucándome a su lado. Miro la pantalla y veo que 365 días está en la cola, lista para reproducirse—. Eh... ¿Habéis visto esto antes? —pregunto, mirándolos alternativamente.

—No, ¿tú sí? Parece que está bien. Lo he buscado y dice que es un thriller polaco. —Theo se inclina y me acaricia el pelo con la nariz, respirando profundamente.

—Mm. Bueno, emocionante es un rato —suelto una risita.

—¿Por qué no vemos otra cosa si ya la has visto? —pregunta él, cogiendo el mando.

—Oh, no, podría verla cien veces y seguiría queriendo verla otra vez.

—Esto es jodidamente genial. No podría haberlo planeado mejor ni intentándolo.

Dylan se sienta a mi lado, dejando que Henry se siente en el suelo.

Abro las piernas mientras él apoya la espalda contra el sofá, con la parte interna de mis muslos abrazando sus hombros.

El principio de la película engaña a los chicos dándoles una falsa sensación de acción. Armas y capos de la mafia; no hay razón para sospechar nada fuera de lo común. Entonces llegamos a la escena de la masturbación y a Dylan se le desencaja la mandíbula.

—¿Qu... qué clase de película es esta? —tartamudea, mirándome, con las cejas casi tocando el nacimiento del pelo.

Un sonido extraño sale de la garganta de Theo mientras observa al protagonista meterle la polla por la garganta a la azafata. —Te juro que acabo de verle el rabo. ¡Isla! ¿Esto es porno?

Me tapo la cara con las manos, con las lágrimas cayéndome por las mejillas y todo el cuerpo temblando de risa.

—Joder, Pelirroja. ¿Es este el tipo de cosas que ves cuando no estamos? —se burla Henry, con los ojos chispeantes.

—Ya no necesito ver estas cosas. No cuando las tengo en la vida real —digo con una sonrisa de suficiencia, guiñándole un ojo.

Theo se apresura a buscar el mando y pausa la película. Abre la boca, pero no sale nada. Se aclara la garganta y vuelve a intentarlo. —¿Es esto una buena idea?

—¿Por qué no iba a serlo? —pregunto.

—Traerán la cena en la próxima hora.

Me encojo de hombros. —Mándale un mensaje y dile que la deje fuera. Así no nos arriesgamos a que vea algo que no debería. —Sugeriría prácticamente cualquier cosa que nos llevara al dormitorio más rápido en este momento. El plug anal se siente como una bomba de relojería esperando a detonar.

—Buena idea. —Theo saca su teléfono y envía un mensaje.

Le quito el mando y pulso reproducir, escondiéndolo entre los cojines para que no pueda pararla de nuevo. Tengo que reprimir una risita ante el primer « ¿Te has perdido, pequeña? ». Es ridículo de la mejor manera posible.

—Oh, esto no me gusta —murmura Dylan después de un rato—. ¿La ha secuestrado? ¿Es como una situación de síndrome de Estocolmo?

—Tú mira. Olvídate de la trama. No va a importar dentro de un ratito.

—Claro que la trama importa; es una película —suelta Henry con desdén.

Me muerdo el labio, conteniendo la sonrisa. —¿Te apuestas algo?

—Pues sí, de hecho. Si gano, me dejas atarte a la cama y los tres haremos lo que queramos contigo.

Les dejaría hacer eso de todas formas, pero no se lo digo. —Vale. Si gano yo, me dejas que te use un arnés.

Todo el cuerpo de Henry se estremece, se queda con la boca abierta y las pupilas dilatadas. —¿En serio?

Le tiendo la mano y él la estrecha, entornando los ojos como si no se fiara de esta situación en absoluto. Desde luego, no debería hacerlo.

Los chicos casi se rinden con la película cuando maltratan a la protagonista, pero vuelven a acomodarse durante una escena de gran tensión en la ducha.

—Oh, joder —dice Henry, pasándose las manos por el pelo, probablemente empezando a darse cuenta de que ha cometido un gran error.

Entonces llegamos al punto de la película en el que la protagonista finalmente cede, y su interés amoroso inmediatamente le mete la polla en la boca y luego planta la cara entre sus piernas.

—Joder, esto parece real —murmura Theo, acomodándose.

Me atrae hacia él, estirando el brazo sobre mi hombro y bajando la mano para agarrarme una teta.

Se pone un dedo en los labios mientras me hace rodar el pezón.

Me arqueo contra su mano, volviendo a mirar la televisión justo a tiempo para ver cómo se tiran a la mujer en la cubierta del yate.

—¿Crees que Lach nos dejaría su yate para que hiciéramos nuestro propio montaje sexual? —pregunta Theo, inclinándose cerca de mi oído.

—Seguro que le encantaría la idea —digo, poniendo los ojos en blanco.

—¿Dónde está el maldito mando? —pregunta Henry, extendiendo la mano.

—¿Por qué? —pregunto, parpadeando inocentemente, con los ojos muy abiertos.

—Porque no voy a quedarme aquí sentado viendo a dos personas follar cuando lo único que quiero de verdad es follarte a ti.

—¿Y qué pasa con la trama, Henry?

—Me importa una mierda la puta trama.

Cazado.

Saco el mando de entre los cojines y se lo pongo en la mano.

Pulsa el botón de encendido y se gira para mirarme, con una mirada absolutamente animal en los ojos.

Unas manos rudas me agarran los muslos, tirando de mi culo hasta el borde del sofá.

Tira lentamente del cinturón de mi bata, gruñendo mientras el lazo se suelta y la tela se desliza a los lados de mi cuerpo.

—Espero que estés lista para esto —dice con voz ronca, deslizando las manos por la parte interna de mis muslos.