Capítulo 25 #2
Se acercó y tomó la mano de Julie.
—Amor mío, ven conmigo...
Julianne se lo pensó un momento, incluso llegó a considerarlo.
—¿Y cuándo sería este viaje? —Julie respondió con otra pregunta.
—En realidad, justo después de tu cumpleaños.
—¿Cómo de justo? —Juh entrecerró los ojos.
—Dos días después.
—¿Qué? ¿La semana que viene?
Julie soltó una risa sarcástica, mezcla de rabia e indignación.
—¿Y me lo dices ahora?
—Sí... ¿por qué preguntas eso?
—Es muy... inesperado...
—Claro, ir ahora sería para conocerlo todo. El rodaje no empieza de inmediato, pero necesito estar allí.
—¿Y cómo vas a salir del país tan rápido? —A Julie todo aquello le parecía muy confuso.
—Ellos se encargan de todo. Son capaces de tener el papeleo listo para ayer.
—Acabamos de comprometernos y... —dijo casi en un susurro.
—¡Y eso no tiene que cambiar! —interrumpió Alex.
Julie le dirigió una mirada silenciosa que Alex nunca habría podido describir.
—Juh... ven conmigo... —le pidió.
—Sabes que no puedo.
—Lo entiendo, pero podemos resolverlo... ¡lo resolveremos!
—Al... necesito ser honesta contigo... no sé si puedo soportar que pases seis meses viajando por Europa con tu ex...
—No será así...
Julie negó con la cabeza. Se puso de pie, dio unos pasos, luego se detuvo y se volvió hacia Alex.
—¿Qué te falta, Alex? Tienes un restaurante reconocido, eres respetada en tu trabajo y ganas en un mes en ese programa lo que la mayoría de nosotros no ganaríamos en años.
Julie la miró fijamente.
—Dios... ¿qué te falta?
Su voz salió ahogada, indignada... o quizás decepcionada.
—Este es mi sueño, Julie. Más que eso, es lo que planeé para mi vida. Nunca soñé con formar una familia, tener hijos. Ese era tu sueño, no el mío.
Julie cerró los ojos al oír aquello. Fue como si le hubieran dado un puñetazo.
El dolor en el rostro de Julie hizo que Alex entendiera exactamente lo que acababa de hacer.
—Entonces... —Juh hizo una pausa y la miró—. ¿Por qué aceptaste casarte conmigo?
—Porque te quiero... no hay nadie más en el mundo a quien quiera a mi lado.
Se le llenaron los ojos de lágrimas.
—Te quiero, Julie.
—Pero parece que eso no es suficiente para ti... nada es suficiente nunca, y yo nunca lo seré...
—No digas eso, Juh... son cosas muy diferentes.
—Yo...
Julie buscó las palabras mientras se presionaba la sien.
—Si no vas, me culparás toda la vida. Si vas...
—¿Si voy? —preguntó Alex, temiendo la respuesta aunque ya la conocía.
—Si vas...
Julie se detuvo, pensativa, y volvió a mirar a Alex.
—Quiero que seas feliz, Alex. Aunque no sea conmigo...
Se secó las lágrimas que le corrían por el rostro.
—Quiero que seas feliz... —repitió Julie, y echó a andar hacia la puerta.
—¡Juh, espera!
Julie se detuvo y la miró.
—¿Qué significa eso? Creo que merezco saberlo.
—Te estoy liberando para que vivas tu sueño, el tuyo.
Ni siquiera sabía qué decir.
—Lo siento. No puedo pensar con claridad ahora mismo.
Salió del dormitorio sin gritar, sin dar un portazo, y eso fue lo que más le dolió a Alex: Julie no estaba enfadada. Estaba profundamente herida.
Julie no volvió a casa esa noche, y eso se convirtió en una agonía interminable para Alex. Apenas había amanecido cuando se encontró de pie frente a la casa de Jill y Sam.
—No puedo localizar a Julie. ¿Está aquí? —preguntó Alex al entrar en casa de Jill después de una noche sin dormir.
—Estuvo aquí, Al... —respondió Jill, todavía en bata.
—¿Dónde está? —le preguntó Alex a su amiga.
—No lo sé. Durmió aquí, pero debió de irse muy temprano. No la vi salir.
—Jill... ¿te lo contó?
Se sentaron en el salón.
—Cuando logró dejar de llorar, sí, me lo contó... —dijo Jill con una expresión nada amistosa.
—Podría venirse conmigo. Si de verdad me quiere como dice, ella...
—Para el carro. ¿Que si te quiere? —espetó Jill—. Esa mujer dejó el trabajo de sus sueños en Nueva York solo por estar cerca de ti. ¿Y ahora dudas de que te quiera?
—¿Me estás diciendo que debería devolvérselo?
—No. Solo digo que no puedes juzgarla por no aceptar todo lo que le impones, porque esto se lo impusiste. ¿Y lo de Chris, Al?
—¡Es un trabajo, Jill!
—¡Y estás comprometida, Alex! ¡Le soltaste la bomba sin más!
—No lo entiendes...
—¿Sabes lo que parece? Que estás saboteando tu relación con Juh... otra vez.
—¿Por qué iba a hacer eso? —Alex frunció el ceño.
—Ya lo hiciste. Te comprometiste con Chris cuando te diste cuenta de que estabas enamorada de Juh. De hecho, hoy parece una repetición de aquel día. Julie te hace querer más de la vida, no solo lo que tenías planeado. Al, odias no tener el control, pero con ella eso no funciona.
—No es exactamente así... —discrepó Alex.
—Eres una cobarde cuando no tienes el control.
—¡No estoy huyendo, Jill!
Las dos acabaron alteradas.
—Vale. Lo siento. Es tu vida, y seguramente seas tú quien acabe jodida.
Alex casi resopló al oírlo.
Y Jill continuó.
—Y como buena amiga, estaré aquí para ayudarte a recoger los pedazos... —Jill se acercó y habló con calma—. Te conozco muy bien, y sé todo lo que te afectó en el pasado... te obsesionaste con conseguir más y más éxito.
Alex agachó la cabeza y se le escaparon las lágrimas.
—Espero que decidas lo mejor... —dijo Jill, abrazándola.
Al cabo de un rato, Alex se fue a casa, pero Julie siguió sin dar señales de vida y no volvió.
Esa madrugada...
La Dra. Wise caminaba por el pasillo del hospital, leyendo unos papeles que llevaba en la mano.
—¿Vas a vivir en el hospital?
Esa voz inconfundible resonó por el pasillo.
Julie se giró, sorprendida.
—¿Qué haces aquí a estas horas? —preguntó al ver a Alex frente a ella.
—No coges el teléfono... —dijo Alex, acercándose despacio—. Y no viniste a casa. Así que supuse que te encontraría aquí...
Se quedaron frente a frente.
—Estuve en casa... —Julie había pasado casi todo el día en su apartamento.
—Ah... ¿volviste allí?
Pasaron algunas personas por el pasillo y Julie le indicó a Alex que la siguiera. Fueron al despacho de Sam, que estaba vacío.
—¿Qué quieres, Alex? —dijo Julie, cruzándose de brazos nada más cerrar la puerta.
—¿O sea que te fuiste de casa sin siquiera hablar conmigo?
—Tú decidiste irte a Europa sin siquiera hablar conmigo —replicó Julie.
—¡Pero sí hablé contigo!
—Me informaste. Eso es diferente.
—No fue así, Julie.
Julie la miró con dureza.
—Alex, dime... ¿ya has aceptado la propuesta de Bernard?
Alex asintió.
Y Julie tenía más preguntas.
—¿Y esa respuesta fue antes o después de hablar conmigo?