Capítulo 50
EL ALQUIMISTA
Todo lo que fue creado puede ser destruido. Incluso un rey que nunca fue coronado.
Te estás debilitando.
No durarás mucho de este modo, grande e imparable, Mical.
¿Será este tu final? ¿Cómo reaccionarás cuando por fin reduzca toda tu existencia a un gran cúmulo de nada?
Tu poder no durará para siempre, lo sabes.
Ya te estás debilitando, después de intentar contenerme durante tantos nox.
¿De verdad crees que permaneceré atrapado en tus escaleras mentales durante tanto tiempo?
Querida, eres más lista que eso, y ni siquiera estás usando todo tu potencial, lo cual es tan… ¡deprimente! No serás capaz de salvarte, mucho menos de salvar a aquel a quien amas.
Qué lástima.
O quizá no.
Han sido milenios.
Renaciendo contigo, como un parásito.
Estoy listo para, por fin, tomar el control de uno de los cuerpos más poderosos del universo y nada puede detenerme.
Planeé esto desde el momento en que recibí la visita de uno de los tuyos.
Del más envidioso de vosotros. La personificación de la envidia puede tener muchos rostros, es cierto.
Pero un rostro amigo siempre resulta más complicado.
En cuanto descubrí que sería fácil derribarte de tu pedestal, comencé a planear algo que pudiera llevarte exactamente a donde quería que estuvieras.
Te dices la reina de la manipulación, pero fuiste manipulada como una pieza de ajedrez durante todo mi juego.
No importa cuánto intentes huir, correr; llegará un momento en que tendrás que aceptar mi mando, porque ya no seré parte de ti, sino que me convertiré en ti.
Y me aseguraré de matar a cada uno de los tuyos, empezando por aquel que dices amar. ¿De verdad crees que una criatura como tú es capaz de albergar tal sentimiento? No, Mical, señora del infierno, esa posibilidad no existe.
Desde el principio, yo te enfrentaría.
Desde el principio, me aferré al hecho de que un día lograría tener todo lo que merezco.
Ser el comandante del infierno es solo un detalle.
Mi ejército se volverá implacable, con todas las almas demoníacas que lo alimentarán y entonces seguiremos devorando el planeta en su totalidad, hasta los lugares que aún no han sido explorados, los mundos que existen más allá de este, que tú conoces muy bien.
Divinidades.
Seres mitológicos cargados de poder.
Todo será mío.
Absolutamente todo, Mical.
Y seré más fuerte que el Creador, más fuerte que el Equilibrio, y nada será suficiente para detenerme.
Las personas escribirán canciones sobre mí, sobre mi imperio, sobre mi tiranía.
Y todos se inclinarán ante el mayor de todos, ante el caos declarado.
Y tú formarás parte de ello, como un grano de arena que no consigo retirar de mis ojos, observándolo todo, sufriendo en silencio, sentenciada a la desaparición.
Me aseguraré de destruir los últimos documentos que hablan de ti.
Claro que tu querido amado, tu esposo, hizo un excelente trabajo ocultándote, para que no fueras cazada mientras no tuvieras poder, creando una red de historias mentirosas en torno a la caída y a todo lo que la precedió, pero aún conservó los registros más importantes.
Ni eso dejaré. Haré que desaparezcan, que tu existencia no sea nada más que pura conspiración.
Mira a mis hijos, arrodillados ante ti.
Es que me reconocen y me respetan, mientras transformo esta cáscara que llamas cuerpo en algo mucho mayor y mejor, en algo incontestable.
Mical se convertirá en EL alquimista.
No quiero que me llamen por mi nombre, sino por aquel que destruirá mundos y transformará a todos en alimento para sus amadas criaturas.
Entrégame el control, Estrella de la noche.
Libérate de las cadenas que creaste a tu alrededor para contenerme, para encarcelar un mal que ya forma parte de ti, que se fundió con tu alma como un parásito y que ahora está a punto de transformarte en el huésped perfecto, en uno que no pensará y no podrá resistirse.
Cede y quizá sea bueno contigo, quizá te deje aquí con un poco más de libertad, mientras uso tu cuerpo para apoderarme del poder que necesito.
No será un proceso tranquilo, sufrirás, pero claro que puedes sufrir menos, según mi humor.
Y me aseguraré de matar rápidamente a las personas que te importan.
Incluida esa amiga tuya, la que llamas Helena.
Seré misericordioso.
Y quien te haya enfrentado de alguna manera sufrirá, lentamente.
Puedo vengarme por ti, criatura demoníaca, puedo transformar tu existencia en algo con un propósito mucho mayor.
¡Libérame!
¡Libérame!
¡Libérame!
Vamos, ¡déjame salir!
Cada segundo que me obligas a suplicar por la liberación puede aumentar mi rabia por seguir intentando reducirme a nada.
Por los planes que intentas trazar para matarme, sin saber que estoy en tu cabeza, que soy parte de ti, querida, así que lo sé.
Lo impediré, anularé cada mínima posibilidad, reduciendo tu esperanza a nada más que desesperación. Cruda, fatal.
No importa lo que esa divinidad entrometida te haya dicho.
No existe salvación. Nunca existirá.
Te estoy infectando poco a poco, carcomiendo cada gramo de tu ser, llenando todos tus órganos con la misma ansia que habita en mis queridos hijos.
Pronto no te conformarás con nada más que almas, con la poderosa sensación de apoderarte de la energía vital de otros y aumentar con ello tu propia capacidad.
Hay un dulzor adictivo en ello, Mical, una oleada electrizante que te llena con la más absoluta sensación de invencibilidad.
Te volverá adicta.
Romperá lo que ya se encuentra agrietado dentro de ti.
Poco a poco te acostumbrarás y entonces me agradecerás por proporcionarte tal cosa, por mostrarte de lo que tu cuerpo será capaz.
Lúcifer destruyó la creación. Impregnó la tierra en una era glacial que duró generaciones. ¿Tú? Mi querida, liquidarás a todo y a cualquier ser vivo, reduciendo a tus enemigos a polvo con una sola mirada.
Mi inteligencia.
Tu fuerza.
Seremos invencibles.
Basta con que Lúcifer muera y la balanza se incline hacia ti, volviéndote tan fuerte y cruel, con el poder subiéndote a la cabeza, que del resto podremos encargarnos juntos.
Es una oferta excelente, debes admitirlo.
Y aunque ahora no seas capaz de verlo, en algún momento del futuro finalmente comprenderás que no existe victoria sin pérdida.
Él será la pérdida.
Tú serás la victoria.
En cuanto a quien te traicionó, lo destruiremos; convertiremos a ese general en un amasijo de sangre y hedor. No quiero a mi lado a una criatura tan traicionera y capaz de clavarme un cuchillo en la espalda en cuanto la transición ocurra.
Seremos nosotros contra todo el universo, Mical.
Podrás hacer que el Creador se arrodille ante ti y suplique perdón, podrás tomar su lugar, sentándote en el trono agrietado que se niega a abandonar.
No hay nada más poderoso que el amor que se transformó en odio y tú tienes el combustible perfecto.
Puedo hacer que esa llama arda eternamente.
Si eso no es suficiente para convencerte, podemos encontrar una manera de gobernar juntos, de ser inalcanzables, sin que uno tenga que desaparecer de verdad.
Solo piensa, Mical.
Todo lo que deseas, todo lo que tu corazón encierra y yo lo sé muy bien, porque he estado aquí durante milenios, finalmente se hará realidad.
Todo el mal.
Todo lo que te hace feliz…
Te lo proporcionaré.
Basta con que me liberes, basta con que me saques de este mar infernal de escaleras que no terminan nunca, que minan mi capacidad.
Los peldaños siguen aquí, pero ¿hasta cuándo durarán?
Has estado en este rincón de tu mente y sabes de lo que hablo, sabes que las paredes que al comienzo de esta vida eran más firmes están vibrando, exhaustas, a punto de quebrarse.
Y escapar de mí por culpa de un maldito libro mágico no te hace intocable.
Aún encontraré cada maldito vestigio de tu alma y lo transformaré en mío.
El Equilibrio no podrá ayudarte.
Existe un límite para todo poder.
El de ella.
El tuyo.
Se están deteriorando. Tu alma se está diluyendo, señora del infierno, y poco a poco escaparé, rugiré en la superficie, quieras o no.
¿Crees que son amenazas vacías?
No podrías estar más equivocada.
Y no sirve de nada confiar en que un amor estúpido te salvará, si no te salvó desde el principio, si todo lo que hizo fue negarse a poner fin a tu sufrimiento, repitiéndolo una y otra vez.
Seremos uno.
Proferí esa verdad blasfema en la primera batalla en la que nos vimos y, si lo recuerdas, estoy haciendo exactamente lo que prometí. Mi paciencia contigo se está agotando; ya no tengo la menor intención de prolongar mi ascensión.
Termina.
Acaba con esta guerra.
Transfórmala en un reino nuestro.
Falta muy poco, ¿lo sientes?
Puedo sentir el cambio, y creo que tú también.
Invencibles, eso es lo que seremos. Inquebrantables.
Sácame de los peldaños, destruye las cadenas, abraza tu propia oscuridad y asume de una vez por todas lo que siempre quisiste hacer. Neutraliza a todos, acaba con la vida, con la felicidad, con los débiles.
¡Vamos, Mical!
¡Déjame por fin respirar después de milenios!
¡Déjame recomponer lo que fue partido, vengar lo que fue quebrado!
Y estas hermosas alas, esta lanza mortal, todo se volverá más mortífero de lo que imaginas y detendremos el mundo, lo transformaremos en lo que queramos. No pienses demasiado, no te pierdas, abraza este objetivo.
¿Me estás escuchando?
¿Oyes las promesas que jamás romperé?
Los traidores serán execrados y los súbditos leales serán recompensados.
Empiezo a sonar repetitivo, lo cual me irrita. Así que cuanto antes aceptes tu destino, mayores serán tus posibilidades. Déjame salir y todo lo demás desaparecerá, incluidas tus mayores dudas, tus mayores temores.
La Fuente.
El Arco.
Se inclinarán ante nosotros, una entidad sin precedentes, una nueva creación.
¡Mical!
¡Mical!
¡Mical!
Deja de resistirte a mí. Deja de intentar contenerme. Cuando salga —y saldré—, las consecuencias serán terribles para ti y tu maldita resiliencia.
No puedes acabar conmigo sin destruirte a ti misma en el proceso, sin morir de verdad.
Estaremos ligados hasta el fin de los tiempos.
No importa que quemes el Bosque de los Susurros y el árbol en su centro, el mayor de todos, mi árbol.
Las almas que recolecté y que se encuentran allí, y que me otorgan poder, no harán mucha diferencia, porque te tengo a ti.
Por más que lo intentes, no encontrarás salida alguna en la que tú termines viva.
Si yo muero.
Tú también mueres.