Impius Capítulo 38
58%

Capítulo 38

Nilo

Es muy peligroso despertar la ira de un demonio y, más aún, su deseo.

En cuanto ella sale, todo mi cuerpo grita que esto no está bien, que necesitamos más, que necesitamos una última follada antes de volver a nuestro caos silencioso, al control que finjo sentir.

No la dejes salir.

No la dejes.

Es entonces cuando me doy cuenta de que, a partir de aquí, mis planes se han convertido solo en un intento desesperado de poner fin a algo que quizá nunca tenga final.

Pienso en ella.

En su rostro un poco… decepcionado por no haber otra ronda. Y joder, eso me destroza. Tanto, que me coloco delante de ella en un parpadeo, impidiéndole continuar por el largo corredor, con la sangre corriendo furiosa ante la mera posibilidad de tener más de lo que acaba de ocurrir.

Lyra no me percibe al principio y choca contra mi pecho, perdiendo el equilibrio. Antes de que caiga, le sujeto la muñeca y la mantengo en pie, el contacto trazando un rastro de cacofonía en mis pensamientos.

—¿Qué crees que estás haciendo? —pregunta con altivez.

Evalúo su semblante, el rubor que aún se extiende por su mejilla a causa de los orgasmos, así como mi olor impregnado en ella. Y joder, ¿por qué la dejé salir de la habitación? Debería haberla retenido, sin que nada pudiera interrumpirnos durante décadas.

—Corrigiendo el error que acabo de cometer.

—¿Qué error?

Intenta soltarse, no se lo permito. Y cuando escucho a alguien acercarse, la empujo dentro de la primera puerta que aparece. Un pequeño depósito de materiales de guerra, que incluye espadas, dagas y todo tipo de explosivos. Excitante, como mínimo.

Intento identificar al intruso de esta ala y me relajo al oír la voz de Asmodeus y Azazel, buscándome. No me importa lo más mínimo ninguno de los dos; en realidad, no me importa casi nada.

—¿Por qué estamos escondidos? —susurra ella.

Acerco mi rostro al suyo y, con una sonrisa ladeada, digo:

—Adivina.

Y la beso, sin darle tiempo a decir nada. Mi boca aprieta la suya y Lyra cede, gimiendo contra mi lengua. Su coño arde, babeando de deseo. La última hora fue una especie de intento de recuperar lo que perdimos. Pero esta vez no va a ser así.

No puede serlo.

Si antes sentía rabia por lo que me fue negado, ahora ni siquiera puede medirse, después de sentirla apretándome, su coño aplastando mi polla.

—Vas a pagármelo, Reggie.

—¿Por qué? —susurra entre el beso.

—Por todo el tiempo que pasé sin follarte.

—Solo fueron unos pocos nox. —Intenta recuperar el aliento, sin que yo se lo permita, volviendo a besarla con un fervor que asustaría al mayor de los pecadores. Que asustaría incluso si supieran quién soy.

No respondo.

No puedo.

Solo quiero poseer su cuerpo y su alma.

Nilo interrumpe el beso hambriento y me sujeta con fuerza la barbilla antes de hablar:

—Podría dejarte ir, pero creo que voy a usar un poco más tu cuerpo. Aún no estoy satisfecho y tú tampoco.

Mierda, ya estoy mojada otra vez y él lo sabe, por la forma en que dilata las aletas de la nariz y contiene el aire en los pulmones, abriendo los ojos solo para clavar los suyos en los míos con ese brillo peligroso de deseo.

Una sombra oscura los atraviesa y podría jurar que escucho los latidos acelerados de su corazón.

Se unen a los míos.

A mis miles de pensamientos sucios.

—Tu puta deliciosa… quieres esto, ¿verdad? Quieres que me folle contigo en el puto escondite, en el maldito castillo. Te gustan las folladas furtivas y sin el menor sentimiento.

No asiento con la cabeza.

No hace falta.

Mi excitación envolviendo cada maldito centímetro del pequeño espacio es indicio suficiente.

Ojalá tuviera más orgullo propio, al menos lo bastante para dejarlo aquí chupándose el dedo, pero la verdad es que estoy loca por sentirlo dentro de mí otra vez y, si eso no ocurre en los próximos segundos, mi cerebro se derretirá y mi cuerpo se marchitará, con total seguridad.

Nilo me agarra del culo y rodeo su cintura con las piernas, mientras él me aprieta contra la pared, en un déjà vu de lo que ocurrió en la terraza de aquel lugar más temprano.

La diferencia ahora es que solo llevo un albornoz y él está completamente desnudo, lo que me proporciona un contacto tan ardiente que todo mi cuerpo entra en combustión.

Nilo gruñe con la erección provocando mi entrada. La cabeza húmeda y suave juega, entra un poco y sale, casi haciéndome pedir por el amor de Dios que me coma de una vez.

Aprieto su cuello, clavando los dedos en los músculos del trapecio. Tan duros que parecen una pared ante mí, con una firmeza absoluta.

—Te voy a dar exactamente lo que quieres, Reggie.

Te voy a dar todo. Así, de este modo, con mi semen seco en el centro de tus piernas, y tu coño a punto de recibir más —murmura en mi oído, desatándome un temblor deseoso—.

Vas a caminar por el maldito castillo con tanto de mi deseo dentro de ti que todos sabrán con quién estuviste y cuánto me corrí sobre tu cuerpo.

Aprieta mi barbilla con más fuerza, provocándome un gemido ronco.

Hunde un poco su polla y baja la mano a mi cuello, apretando tan fuerte como castigaba la barbilla. El oxígeno interrumpe su camino en mi tráquea y me excito de una manera tan jodida que apenas puedo medirla.

Se desliza.

Jadeo por la sensibilidad, sintiendo protestar mi bajo vientre, sabiendo que habrá más clímax, varios de ellos. Porque con Nilo nada es solo uno. Nada.

Han pasado apenas unos minutos desde que estuvo dentro de mí, pero esto es tan bueno que parecen años. Años sin él. Años sin su polla.

Qué canallada.

Estoy perdida.

Jadeo y sonrío con el dolor, extasiada. Destrozada.

Mete hasta la base y trago aire cuando mi cuerpo es lanzado hacia arriba con la embestida. Nilo muerde mi barbilla con fuerza, aumenta la presión aplastante en mi garganta y empieza a embestir, sosteniendo el contacto visual incinerador.

Aprieto las piernas alrededor de su cintura.

Él gime y apoya la frente en la mía, metiendo con un ímpetu avasallador, machacando mi coño. Joder, qué delicia.

—¡Tú.eres.mía! —su voz es amenazante.

Siento que cualquier criatura que se acerque a mí, él sería capaz de destruirla, de liquidarla, todo para no perder lo que es suyo.

Veo cómo su poder forma una especie de protección a nuestro alrededor y no sé por qué, pero imagino que esta vez no vamos a parar en otro lugar.

—¡LYRA!

Grita mi nombre, como una orden.

—No lo voy a decir —provoco entre gemidos, apenas completando las palabras.

—Lo vas a decir —impone.

Arremete y me clava en su polla, su mano forzándome hacia abajo mientras su cadera se empuja contra mi ingle. La sensación de tenerlo hasta la base, de sentirlo respirar con dificultad al follarme, me hace hablar otra vez, lo que no debería querer oír. Me hace decir lo que no debería decir:

—Soy tuya.

—¡Repítelo, joder!

—Soy tuya.

—¿Y permitirías que otra persona te tocara?

La ausencia de respuesta lo enfurece y el azote en mi culo es tan ardiente que grito imperiosamente, aferrándome a las estanterías, intentando mantener el suelo bajo mis pies.

—Joder —gruño.

—¡HABLA, COÑO! ¿Vas.a.dejar.que.alguien.te.toque? —pregunta pausadamente, como si quisiera impregnarme con el aura posesiva.

—Yo…

No consigo responder, con Nilo azotándome el culo al mismo ritmo con el que me folla, haciendo que el líquido caliente recorra mis venas y se acumule todo en el centro de mis piernas.

Desde ahí, los miles de estímulos se enraízan hasta el núcleo de mi ser, provocando un clímax tan desastroso que surge sin demasiadas señales, nublando mi visión.

Nilo sigue follándome así, hasta que mi espalda está en carne viva y mi cuello duele tanto que apenas puedo respirar. Sin que nada de eso me haga quejarme de esta follada, de la forma en que él parece quererme tanto.

Levanto la mano y, en un impulso valiente, le doy una bofetada en la cara. El gesto hace que desvíe la mirada por un instante y, cuando vuelve a mirarme, se pasa la lengua por los labios y sonríe malicioso.

—Te voy a castigar por eso, querida.

Me gira con brusquedad y apenas tengo tiempo de pensar al sentirlo lubricar la entrada apretada con su propio semen que se deslizaba entre mis piernas y gemir alto, como si la idea lo convirtiera en un animal irracional.

—Nilo… —digo su nombre, sin entender bien qué está pasando.

—Te voy a follar el culo, Reggie —pronuncia las palabras muy despacio, y se infiltran rápido en mi deseo.

Frota la cabeza de la polla en mi trasero y me agarro con fuerza a una de las estanterías, escuchando astillas de madera romperse por la presión insana de mis dedos.

Joder.

Va a follarme… el culo.

¿Por qué eso me deja tan… extasiada y deseosa?

Y consciente de mis pensamientos, como si leyera cada uno de ellos, Nilo decide jugar conmigo. Coquetea con el caos en el que se encuentran mis terminaciones nerviosas. El centro de mis piernas se contrae y late como loco.

Meneo las caderas y la polla se desliza entre las nalgas, en movimientos que simulan la penetración, causándome un estremecimiento gigantesco, tan incontenible como un tsunami después de un terremoto.

Nilo sube y baja, la fricción de piel con piel haciéndome quejarme porque aún no me ha penetrado.

Estoy a punto de explotar, de destruirlo todo en un radio de kilómetros, como una bomba atómica.

¿Mi sangre? Ah, ya ni existe; solo este líquido devastador y caliente, deslizándose cada vez más con los latidos acelerados de mi corazón.

Casi fallando por agotamiento.

Casi sucumbiendo.

—Por favor… —suplico.

Parece adorar el tono suplicante de mi voz.

—Te voy a dar lo que quieres —murmura ronco en mi cuello, haciendo que mi coño se contraiga.

Su mano sujeta mi cintura, impidiéndome moverme. Y entonces empieza a meter la polla gruesa en la entrada apretada, mientras un grito de dolor se acumula en mi garganta, con su mano exigente azotando mi nalga derecha.

Grito.

Su nombre.

Insultos.

Intento moverme con la punzada de dolor. Él me lo impide.

Vuelvo a gritar, esta vez queriendo que me empuje, que me haga tragármelo entero con el culo, que me folle sin la menor piedad.

Vocifero, le pido que vaya más rápido.

El sonido resuena. Resuena. Resuena. Tan alto que, si la mitad del castillo no lo oye, solo será por cortesía de Serpens.

La forma en que hunde la polla, cómo ruge en mi cuello a cada centímetro, es brutal.

Como el dolor que se extiende por mi culo, con la anchura dilatando la pequeña abertura, exigente.

Y en cuanto siento su ingle chocar contra mi piel, su calor machacándome como un golpe fatal, empieza a moverse y no tarda en asumir una violencia aterradora, embistiendo en busca de su propio placer.

Es sucio.

Depravado.

Obsesivo.

Agresivo.

Como debe ser el sexo entre demonios.

Y de ese modo, sin el menor cuidado, me sacude contra las estanterías, vibrando con mis gruñidos de placer.

Las piezas de madera se desprenden con la salvajería del acto y caen a nuestro alrededor, dejándome sin apoyo, algo que él resuelve de inmediato al levantarme del suelo y pasar el brazo alrededor de mi abdomen, en un abrazo opresivo.

Embistiendo.

Susurrando mi nombre con una entonación tan ronca como el viento antes de una tormenta.

Nilo embiste, vibra, jadea.

Y muerde mi hombro mientras empuja su propia cadera contra mí, entrando y saliendo, usándome como si no fuera nada, como si esto no fuera más que la más urgente necesidad de placer primitivo.

Un clímax devastador vuelve a construirse y, al sentir los pequeños temblores que se extienden hasta él, Nilo aumenta la velocidad de las embestidas, tirando de mi cabello, haciéndome arquearme al recibir la erección.

Escucho sus gruñidos.

Jadeantes, imperiosos, dolorosos.

Empujo el culo contra su pelvis, a punto de correrme, así, con él follándome por detrás como si no fuera nada. Y joder, no debería ser tan bueno, pero es mucho mejor de lo que podría imaginar.

Nilo emite un sonido gutural y siento que su tamaño se triplica, ocupando más espacio, ensanchándome y aumentando la intensidad de mi propio apogeo con tal empeño que contengo la respiración y permito que todo mi cuerpo reciba las ráfagas ardientes de su orgasmo.

El placer se expande como un líquido inevitable y aplasta cada una de mis reacciones, congelándome, haciendo imposible resistirse.

Los temblores irradian como una luz, apoderándose de mis ojos, para luego ahogarlos en la más profunda oscuridad, acompañando los embates rítmicos detrás de mí, que poco a poco adoptan un ritmo lento y profundo, tan intensos que me cuesta asimilarlos.

Después de esta follada tan… tan…

No encuentro una palabra para definirla, porque fue simplemente surrealista. Increíble.

Nilo me baja al suelo y, aún con la mano en mi abdomen, me susurra al oído: —Ahora puedes irte.

—Tú…

—Quería follarte una vez más, por eso te impedí escapar. Y mañana, después de la clase, ven a mi habitación.

—¿Por qué? —pregunto, con la garganta demasiado seca.

Todo lo contrario de mi coño, aún resbaladizo hasta el punto de sentir la sustancia viscosa en el centro de mis piernas.

Mi placer.

El suyo.

Mi culo, completamente resbaladizo por el semen, el sudor, por todo.

—Ya no voy a quedarme sin ti.

Me permito creer que habla de mí, no del sexo.

—¿Sin sexo, quieres decir? —sondeo.

Pero desaparece, dejándome sin respuesta alguna.