58 Neal Skytree 5 minutos para el solsticio de verano
–Q ué hija de puta —susurra Kai, con voz ronca.
Me quedo mirando las imágenes satélite de las dos bases navales que debemos volar por los aires.
Andrews no se ha tragado el farol… o está lo suficientemente loca como para sacrificar al mundo entero antes que permitir que Japón se salve.
El plan A, que consistía en salvarnos a todos, queda automáticamente descartado.
A estas alturas Markel debe de estar terminando de redirigir los misiles. No tengo noticias desde hace aproximadamente media hora, cuando Kiera me ha contado que habían asegurado la lanzadera de la Mori Tower.
—Plan B —susurra Kai—. Adelante, comandante. Libera a las anomalías por el mundo.
Aprieto la mandíbula. Miro la pantalla del comunicador y me detengo antes de hacer esa llamada.
Después de esto no habrá marcha atrás.
Además de los millones que mueran esta noche por las bombas en Japón, cientos de miles morirán por las anomalías ahí fuera.
El mundo no está preparado.
Los países más pobres no cuentan con una infraestructura apropiada, en muchos lugares han dejado que los sistemas se corrompan sin reemplazarlos y la gente ha olvidado lo que significa que la oscuridad pueda destrozarte.
Incluso ahora, cuando las anomalías hacen solo apariciones esporádicas, causan cientos de muertes al año.
Hoy, en unas pocas horas, morirán miles.
Contengo el aliento, me obligo a no pensar y hago esa llamada.
Doy la orden.
Kai y yo nos giramos hacia las pantallas y aguardamos en silencio hasta que, un instante después, un fogonazo vuelve blancas las imágenes.
Cuando recuperamos la visión de las dos bases, de ellas solo queda un amasijo humeante de metal. Entre el humo y el fuego contemplo las ruinas y dejo que las implicaciones calen en mí.
Solo unos segundos después, en una de esas pantallas que dan al resto del mundo empieza a suceder algo. Kai toma aliento de forma brusca.
Yo no miro.
No soy capaz.
Mañana será momento de hacer balance, cuando el planeta entero haya pasado una noche con anomalías.
De pronto, entra una llamada de la línea con Kiera.
Es la hora.
Querría que estuviese aquí. El Skytree es más seguro que la Mori, pero quiero aferrarme a la idea de que no habrá bombas ocultas cerca de las que ya encontramos allí.
Mientras respondo a la llamada, me llevo la mano al colgante.
No llego a quitarme la cadena del cuello, porque entonces la imagen de Kiera y Markel aparece frente a nosotros en la pantalla sobre el panel… y comprendo al instante que algo no marcha bien.
Kiera me mira con expresión tensa y los ojos brillantes.
Tras ella, Markel sigue tecleando.
Tiene el rostro congestionado, los ojos rojos, los labios hinchados… y solloza bajito sin apartar los ojos del portátil.
—Hola, chicos —murmura, y la voz le sale temblorosa—. No tenemos mucho tiempo y además Markel cree que los comunicadores podrían dejar de funcionar un poco antes de que estallen las bombas… así que seré breve: no lo vamos a conseguir.
El mundo se derrumba. Deja de girar y se parte por la mitad.
—¿Kiera? —murmura Kai.
A mí no me sale la voz y él… ni siquiera es capaz de formular la pregunta. Ella lo explica igual.
—Markel debía arreglar la plataforma. Sin él no lo habrían conseguido y todo el centro de Tokio habría sido destruido…
también nosotros. —Hace una pausa, traga saliva.
Le tiembla un poco el labio—. Cuando ha empezado a cambiar las coordenadas no le quedaba mucho tiempo, ha habido otro seísmo por el gran yokai y…
eso lo ha retrasado aún más. No va a terminar a tiempo.
—Ha sido culpa mía —solloza entonces Markel, sin apartar los ojos de la pantalla.
Con una mano sigue trabajando y con la otra se limpia las lágrimas del rostro—.
He sido arrogante y egoísta. No podía dejar que las bombas estallaran en el centro y pensaba que después me daría tiempo…
No he calculado bien y ahora más de cien millones de personas van a morir por mi culpa.
La voz se le corta cuando rompe a llorar y entiendo de golpe lo que intentan decirnos, lo que implica esto.
—No es tu culpa —susurra Kiera y trata de que Markel deje el portátil—. Es culpa de Andrews y de nadie más. Has hecho lo que creías correcto. No podías imaginar lo que pasaría. Deja eso. Déjalo ya. Despídete de Kai.
A mi lado, Inoue da un paso absurdo al frente y se queda quieto y rígido, impotente.
Al final, Markel abandona su tarea.
—Si hubiese metido primero las coordenadas, no me habría dado tiempo a arreglar la lanzadera y las bombas nos habrían matado, pero al menos habríamos podido salvar al resto de Japón. Me he sobrestimado y ahora vamos a morir todos.
—Kiera —susurro. Pronunciar su nombre me hace un daño incalculable—. Si activo ahora los misiles, ¿cuántos caerían en zonas críticas?
—Demasiados. Si activamos los misiles la mitad caerán en el mar…
y mucha gente aquí dentro se salvará, pero la otra mitad…
—Hace una pausa demasiado larga—. Cientos de millones, Neal.
Si esos misiles salen de Japón provocaremos un genocidio a escala mundial.
Los silos nucleares que reventarían, los núcleos poblacionales que quedarían reducidos a escombros…
Hoy morirían cientos de millones en cuestión de segundos y durante los próximos años morirían muchos más.
Por eso le he dicho que parase. No le da tiempo a cambiarlos todos y si las trayectorias siguen siendo críticas…
No podemos activar los misiles. Las bombas tienen que explotar aquí.
Hasta que no lo dice en voz alta no lo asimilo, e incluso cuando lo escucho tampoco lo comprendo del todo.
«Las bombas tienen que explotar aquí».
Todavía me niego a aceptarlo.
—¿Has cambiado la trayectoria del misil de la Mori?
Markel asiente. Ha dejado de llorar, pero su rostro es un mar de culpa y remordimientos.
—¿No podemos lanzar los misiles que van al mar y dejar los otros aquí?
Sacude enseguida la cabeza y la esperanza que aún permanecía con vida se estremece y cae al suelo convertida en ceniza.
—No. Ahora ya es imposible. Podría haber preparado un accionador distinto. Podría haber… No pensé… Y ahora ya…
Kiera lo agarra de los hombros y lo mira a los ojos.
—Eso ya da igual, ¿vale? No es culpa tuya. No podrías haber hecho nada diferente para evitar esto. Lo que sí puedes hacer es despedirte antes de que se corte la llamada. Eso es todo lo que importa ahora, ¿vale? Nos despediremos.
—Esto no puede estar pasando —murmura Inoue.
Se me nubla la vista, pero me digo: «Todavía no».
«Aún no».
«Kiera está viva y eso es cuanto importa».
La contemplo, tan valiente, tan entera, mientras a nuestro alrededor el mundo se desmorona y me obligo a permanecer en pie mientras oigo cómo Markel se despide de mí, y de Kai. Y luego Kiera le dice adiós a Inoue.
—Me ha gustado mucho tener un mejor amigo, aunque haya durado poco.
—Cállate, Amell, y despídete de tu comandante. —Traga saliva—. Te quiero —añade, y la voz, aunque él todavía parece entero, le sale trémula.
Kiera me mira y odio lo pobre que parece el color de sus ojos al otro lado de la pantalla.
Odio que tenga que ser así.
Odio tener que decir adiós sin poder tocarla.
Sin sentir sus manos, su calor y sus labios sobre los míos.
Odio perderla.
Intento aferrarme al último beso, pero solo consigo que duela más.
Busco algo que decir, algo que merezca la pena, que sea suficientemente importante como para que importe.
—Neal —ella se me adelanta—. Tengo mucha suerte de que me permitas amarte.
Aprieto la mandíbula y los nudillos, trago saliva y me digo que esto es cuanto importa ahora.
—Kiera, yo…
De pronto, la llamada se corta.
La mayoría de las pantallas aquí dentro se apagan también y eso solo puede significar que el final está cerca.
—Qué putísima mierda —masculla Kai, dejándose caer sobre los paneles de control.
No puedo apartar los ojos de la pantalla en negro.
El recuerdo fantasma de la imagen de Kiera, sus ojos enrojecidos, su sonrisa valiente, aún permanece en ella.
Ya está. Eso ha sido todo.
Y ahora no podré decirle que la amo, aunque ya lo sabe, aunque ya se lo haya dicho antes… Sé que es consciente y que se aferrará al último instante juntos; al menos, espero que lo haga. Es lo que debería hacer yo.
Pero el corazón no me deja pensar.
No me deja regresar a sus brazos ni al recuerdo de su aroma. El dolor pesa más.
Nos hemos quedado sin tiempo otra vez.
El dolor me comprime las entrañas.
Me llevo la mano al pecho.
No puedo respirar.
Mis dedos encuentran entonces la cadena con el dispositivo y la ira me hace arrancármela de un tirón.
Casi se me olvida que Kai está aquí hasta que habla.
—Si fuera a morir solo, esto no me daría miedo —murmura, muy suave—. Pero pienso que si mi hermano se salva se quedará solo, que Markel va a morir y Kiera… y me acojona muchísimo. No sabes el miedo que me da.
—También a mí —reconozco, pero el alivio que surge de compartirlo en voz alta se disipa enseguida.
Kai me contempla a un metro de distancia con sus ojos azules. No se esfuerza por esbozar una sonrisa para hacer más amable este último momento.
En cualquier instante moriremos y el dolor es cada vez más terrible.
Pienso que no podría doler más, pero cada segundo se hace más insoportable.
Opino como él. Moriría encantado si solo fuera yo, pero Kiera… No puedo dejar que muera, y eso es lo que duele, la resistencia, la impotencia y la terrible realidad: no puedo hacer nada.
Aprieto los nudillos tan fuerte que me clavo la cadena con la llave.
Noto el corazón contra las costillas. La angustia no me deja pensar en ella.
Escucho un chasquido y abro la mano tras una punzada cortante para descubrir que he roto el camafeo y que me he hecho sangre con él… pero solo una de las dos mitades está manchada.
De pronto, algo se quiebra también en mi interior. Los márgenes imposibles de esta pesadilla se vuelven bruma blanca y mis dedos se mueven solos cuando desencajo la llave y me quedo mirando el dispositivo redondo con ese vacío en el centro, muy similar a…
No.
No puede ser.
El blanco infinito que lo devoraba todo se ve sustituido de pronto por el recuerdo del Shinigami.
El mundo en llamas. Las anomalías liberadas.
Kiera bajo el brazo de la muerte… Y en la palma de mi mano dos monedas: una manchada de sangre y la otra limpia y con un agujero en el centro.
Y me doy cuenta de que lo entendí todo mal. No debía salvar al mundo para protegerla a ella.
Me acerco al panel.
—¿Neal?
Es todo cuanto le da tiempo a decir a Kai.
Giro la llave.
Salvo a Kiera.
Y destruyo el mundo entero.