Ignorada CAPÍTULO 48 #4
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CAPÍTULO 48 #4

—Sí... Está viva. Esto no ha salido como estaba previsto. Pero todavía estamos a tiempo de solucionarlo.

Volvió a escuchar con atención antes de responder con decisión.

—Ven. Y date prisa.

Guardó el teléfono lentamente. Después volvió a mirar a Claudia. Durante años había construido un plan en el que todo estaba previsto. Sin embargo, acababa de descubrir que bastaba un solo error para que todo empezara a desmoronarse.

CAPÍTULO 48

La sala de cámaras llevaba horas sumida en un silencio cada vez más incómodo.

Las imágenes se sucedían una detrás de otra en las pantallas sin ofrecer ninguna respuesta. Vehículos que entraban y salían de la ciudad, peatones cruzando calles, cruces, gasolineras, semáforos... cientos de movimientos que parecían importantes hasta que desaparecían para dejar paso al siguiente.

Alex permanecía de pie frente a uno de los monitores, aunque hacía rato que había dejado de mirar las imágenes.

Su cabeza seguía reconstruyendo otra escena muy distinta.

La conversación con Rubén. La desaparición de Claudia.

El teléfono abandonado junto al hotel. Y la forma en que todo parecía haber ocurrido con una precisión casi imposible.

Había algo que seguía escapándosele. Algo que llevaba demasiado tiempo delante de todos...

A pocos metros, Rubén observaba otra pantalla con la misma serenidad de siempre.

Cualquiera que lo viera habría pensado que seguía siendo el inspector jefe que intentaba mantener la situación bajo control.

El móvil comenzó a vibrar. Lo sacó del bolsillo con rapidez y, nada más mirar la pantalla, una sombra de inquietud cruzó su rostro.

Apenas duró un instante, pero Alex llevaba demasiado tiempo observándolo como para no percibir aquel cambio.

Hasta ese momento Rubén había aparentado tener el control de la situación.

Ahora parecía preocupado. Los dedos se le tensaron alrededor del móvil antes de contestar.

—Sí...

Permaneció escuchando unos segundos.

—De acuerdo. Salgo ahora mismo.

Guardó el teléfono con un movimiento algo más brusco de lo habitual y dirigió una rápida mirada a la sala, como comprobando que nadie hubiera reparado en su reacción.

—Tengo que salir un momento. Seguid revisando todas las cámaras. Si aparece cualquier detalle, por pequeño que sea, avisadme inmediatamente.

Nadie encontró extraño que se marchara. Era el inspector jefe.

Alex tampoco hizo ningún comentario. Continuó mirando la pantalla unos segundos más, esperando a que la puerta volviera a cerrarse.

Solo entonces respiró despacio. No sabía quién acababa de llamar a Rubén.

Pero estaba convencido de una cosa. Aquella llamada no tenía nada que ver con la investigación oficial.

Se acercó a los dos agentes que tenía más cerca y esperó a que el resto continuara pendiente de las pantallas antes de hablar.

—Necesito que confiéis en mí.

Ambos dejaron de mirar los monitores y se volvieron hacia él, desconcertados por el tono con el que había pronunciado aquellas palabras.

— ¿Qué pasa, Alex?

Bajó un poco más la voz para asegurarse de que nadie más pudiera escucharlo.

—Dentro de unos minutos voy a enviaros una ubicación. En cuanto la recibáis, quiero que movilicéis a los GEO y a todas las patrullas disponibles. No esperéis ninguna autorización ni perdáis tiempo haciéndome preguntas. Simplemente hacedlo.

Los dos permanecieron en silencio unos instantes.

—Nos estás pidiendo que pongamos en marcha un operativo sin saber siquiera qué ocurre. Y en contra del jefe.

Alex asintió sin vacilar.

—Lo sé. Y también sé que, si me equivoco, seré yo quien tenga que responder por ello. Pero si tengo razón, cada minuto que perdamos puede costarle la vida a Claudia.

Los agentes volvieron a mirarse. Esta vez no encontraron motivos para seguir dudando.

—De acuerdo.

Alex sacó el móvil. La aplicación seguía mostrando la posición del dispositivo que había conseguido activar horas antes.

La señal empezó a desplazarse. Guardó el teléfono en el bolsillo y salió de la comisaría sin llamar la atención.

Una vez dentro del coche arrancó con calma, dejando varios vehículos de distancia entre él y el de Rubén.

No podía permitirse perderlo. Pero mucho menos que descubriera que lo estaban siguiendo.

La ciudad fue quedando atrás poco a poco.

Los edificios dieron paso a calles cada vez más solitarias y, después, a una carretera secundaria donde apenas circulaban otros coches.

Alex no apartaba la vista del mapa ni de las luces de freno que distinguía a lo lejos.

Cuando vio al coche desviarse hacia un camino de tierra, redujo la velocidad casi por instinto.

Apagó las luces unos metros antes de llegar al cruce y continuó avanzando con extrema cautela.

Algo le decía que acababa de encontrar el lugar que llevaba horas buscando.

Dejó el coche oculto entre la vegetación y continuó el resto del camino a pie, procurando que cada paso pasara desapercibido.

El terreno estaba embarrado por las últimas lluvias y el silencio de la zona hacía que cualquier ruido pareciera amplificarse.

A medida que avanzaba distinguió la silueta de un viejo cobertizo escondido entre los árboles.

Desde fuera no parecía haber señales de vida.

Todo permanecía en silencio y no se veía ningún vehículo en los alrededores, pero la señal del teléfono terminaba exactamente allí.

Permaneció unos segundos observándolo desde la protección de los árboles.

No sabía qué iba a encontrar al otro lado de aquellas paredes, pero el instinto le decía que Claudia estaba allí y que no podía permitirse perder un segundo más.

Sacó el móvil, compartió la ubicación con los dos agentes y escribió un único mensaje:

«Entrad en cuanto lleguéis. No esperéis mi señal.»

Guardó el teléfono, comprobó por última vez el arma y comenzó a acercarse al cobertizo con extrema cautela, procurando que cada paso pasara desapercibido.

Se agachó junto a una de las paredes y avanzó despacio hasta encontrar una ventana cubierta por unas tablas mal colocadas.

A través de la rendija se filtraban varias voces.

La primera voz que reconoció fue la de Rubén.

—Nunca debimos llegar hasta esto.

Había algo distinto en su manera de hablar. Alex estaba acostumbrado a escuchar a un hombre seguro de sí mismo, siempre dueño de la situación. Sin embargo, aquella vez percibió un cansancio que nunca le había oído... y una duda que hasta entonces parecía imposible.

Gabriel respondió sin perder la calma. Y Alex confirmó sus sospechas al escuchar su voz.