Ignorada CAPÍTULO 47 #3
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CAPÍTULO 47 #3

—Precisamente por eso no podemos venirnos abajo ahora. Si perdemos la cabeza, les estaremos poniendo las cosas mucho más fáciles.

Daniela respiró hondo varias veces hasta conseguir serenarse un poco.

—Lo estoy intentando...

—Lo sé. Y necesito que hagas un esfuerzo más. Piensa en cualquier cosa que hayas visto o escuchado desde que te trajeron aquí. No importa lo pequeña que te parezca. Puede ser la única oportunidad que tengamos.

Daniela permaneció unos instantes en silencio, rebuscando entre sus recuerdos.

—Es que casi siempre me llevaban con la cabeza cubierta... Apenas veía nada.

Bajó la vista un momento antes de continuar.

—Pero recuerdo una vez... Creo que pensaban que seguía inconsciente y empezaron a hablar entre ellos.

Claudia prestó toda su atención.

— ¿Qué decían?

—No lo sé exactamente... Solo entendí una frase —Volvió a tragar saliva—Uno de ellos dijo que todo se estaba complicando porque tú seguías investigando.

Claudia sintió un escalofrío. Aquello confirmaba que llevaba mucho tiempo formando parte de sus conversaciones. Mucho antes de recibir la caja. Mucho antes incluso de que Daniela desapareciera. Observó a Daniela unos segundos antes de preguntar:

—Hay algo que necesito saber antes. Encontramos la carpeta en tu habitación. Habías investigado desapariciones antiguas…como el caso de Lucía, era mi hermana.

Daniela levantó la vista sorprendida.

— ¿La encontrasteis? No sabía que era tu hermana, siento mucho lo que pasó Claudia.

—Gracias. ¿Qué descubriste?

Daniela respiró hondo antes de responder.

—Al principio solo era un trabajo de clase.

Empecé a buscar información sobre desapariciones y asesinatos antiguos.

Fue entonces cuando encontré el caso de Lucía—Hizo una breve pausa—Cuanto más leía, más coincidencias encontraba.

Fechas, lugares…Había demasiadas casualidades.

Después empecé a fijarme en Gabriel. A veces desaparecía durante horas sin dar explicaciones.

Cambiaba cuando alguien mencionaba determinados temas…

y cada vez estaba más convencida de que ocultaba algo…

quería seguir investigando antes de contárselo a nadie.

Pensé que, si me equivocaba, solo haría daño a personas inocentes—sus dedos temblaron—pero no me dio tiempo.

—Hay otra cosa. Mateo nos contó que unos días antes de desaparecer te vio hablando con un hombre mayor que tú, junto a la universidad. Dijo que no era estudiante y que tampoco le sonaba de la facultad. ¿Quién era?

Daniela levantó la vista.

—Era Gabriel.

—Mateo aseguró que no lo conocía.

—Es normal, pocos chicos iban al despacho de Gabriel. Además, me esperaba fuera del edificio. Si solo lo vio de lejos, es lógico que no lo reconociera.

— ¿Qué quería?

—Me dijo que había oído que estaba preparando un trabajo sobre antiguos casos de desapariciones y asesinatos. Al principio pensé que solo quería ayudarme.

— ¿Y qué pasó?

—Empezó a hacerme muchas preguntas. Demasiadas.

Quería saber que había encontrado, con quién había hablado y hasta dónde había llegado mi investigación—Daniela tragó saliva—Fue entonces cuando empecé a desconfiar.

Hasta ese momento solo tenía sospechas, pero aquella conversación me hizo pensar que estaba intentando averiguar cuánto sabía yo.

Claudia no apartó la mirada de ella.

— ¿Y después?

—Desaparecí…Era lo que te iba a contar esa mañana cuando quedamos en la universidad.

Daniela permaneció unos segundos en silencio pensando.

—Hay una cosa que no te había dicho...

Claudia levantó la vista de inmediato.

— ¿Qué más recuerdas?

Daniela tragó saliva antes de responder.

—Un día los oí hablar de Paula.

El corazón de Claudia dio un vuelco.

— ¿De Paula?

Daniela asintió lentamente.

—Sí. Me llamó la atención porque era ella. No entendía qué tenía que ver conmigo. Intenté escuchar más, pero hablaban demasiado bajo y solo pude distinguir su nombre.

Claudia permaneció inmóvil. Aquello cambiaba muchas cosas. Durante unos segundos fue incapaz de reaccionar.

— ¿Estás completamente segura?

Daniela asintió despacio.

—No sé de qué estaban hablando. Solo recuerdo haber oído el nombre con claridad.

Claudia permaneció en silencio mientras su cabeza empezaba a unir unas piezas que hasta ese momento había contemplado por separado. Paula, la desaparición de Daniela, la presencia constante de Gabriel y la ayuda que había recibido desde dentro de la comisaría dejaban de parecer hechos aislados.

—No ha sido Gabriel él solo... —murmuró casi para sí.

Daniela la miró sin comprender.

— ¿Qué quieres decir?

Claudia volvió la vista hacia ella.

—Que esto empezó mucho antes de que tú desaparecieras. Gabriel nunca habría podido hacerlo sin ayuda.

Por fin comprendía la magnitud de lo que tenía delante. Gabriel era quien ejecutaba el plan, pero Rubén había sido la pieza que lo había mantenido oculto durante años. Él manipulaba pruebas.

El sonido de la puerta al abrirse hizo que ambas levantaran la cabeza al mismo tiempo.

Gabriel acababa de regresar. Cerró la puerta tras de sí y avanzó despacio hasta situarse frente a ellas.

Caminaba con la tranquilidad de quien se siente completamente dueño de la situación, sin prisa, observándolas en silencio antes de detenerse a escasos metros de Claudia.

—No imaginaba que llegarías tan lejos—dijo finalmente—La mayoría se habría rendido mucho antes.

Claudia sostuvo su mirada sin el menor atisbo de miedo.

—Lo dices como si alguna vez hubieras tenido intención de que siguiera investigando.

—La intención la tuve. Lo que no tuve fue tu colaboración. Cada vez que encontrabas una pista decidías seguir tirando del hilo, llegó un momento en el que ya no podía permitirlo.

—Era mi trabajo. Y había demasiadas cosas que no encajaban.

—Y aun así continuaste, incluso cuando empezaste a comprender que había personas a las que era mejor no acercarse, convencida de que ibas a encontrar respuestas sin asumir que algunas preguntas tienen un precio.

Claudia no respondió de inmediato. Aprovechó aquellos segundos para observar el cobertizo una vez más. La puerta quedaba demasiado lejos y las cuerdas seguían inmovilizándole los pies, pero había algo que sí podía hacer. Ganar tiempo.

—Entonces todo esto empezó hace años—dijo sin apartar la vista de él—Mucho antes de Daniela.

Gabriel permaneció en silencio unos instantes antes de asentir.

—Mucho antes.

Claudia no apartó la vista de él.

— ¿Y Paula? ¿Qué pasó con ella?

Gabriel respiró despacio antes de responder.

—Empezó a hacerse las preguntas equivocadas. Cuando quiso entender lo que estaba ocurriendo, ya era demasiado tarde.

Claudia sintió un nudo en el estómago, pero procuró que no se reflejara en su rostro.

—Así que nunca fue algo personal. Simplemente apartabas del camino a cualquiera que pudiera descubrirte.

Gabriel negó con calma.

—Sigues reduciéndolo todo a buenos y malos. La realidad es bastante más compleja que eso.

—Explícamela, entonces.

Él dio un par de pasos por el cobertizo antes de responder, como si hubiera tenido aquella conversación muchas veces consigo mismo.

—Hay personas incapaces de asumir las consecuencias de sus actos. Manipulan, utilizan a los demás y después siguen adelante con sus vidas como si nada hubiera ocurrido. Alguien tiene que ponerles un límite.

Claudia no pudo evitar una mezcla de incredulidad y desprecio.

— ¿Y decidiste convertirte en juez y verdugo?

Gabriel desvió la mirada apenas un instante.

—Decidí hacer lo que otros no se atrevieron.

—No. Lo único que hiciste fue encontrar una forma de justificar lo injustificable. Has repetido esa historia tantas veces que has terminado creyéndola tú mismo.

Gabriel no respondió, pero algo había cambiado en su expresión. Fue apenas un instante, una leve grieta en la seguridad que había mostrado hasta entonces que cualquiera habría pasado por alto...Claudia no.

Comprendió que, por primera vez desde que lo tenía delante, había conseguido romper la seguridad con la que Gabriel intentaba sostener cada una de sus palabras.

Él siguió observándola con la misma serenidad, aunque algo en sus ojos había cambiado.

Lo suficiente para que Claudia comprendiera que había conseguido incomodarlo.

Fue entonces cuando decidió arriesgarse.

Esperó a que diera un paso más y, en el momento en que quedó lo bastante cerca, se impulsó con todas sus fuerzas hacia delante, golpeándolo con el hombro e intentando desequilibrarlo.

El movimiento fue tan rápido que Gabriel perdió el equilibrio y tuvo que apoyarse para no caer. Claudia intentó aprovechar aquellos segundos para alcanzar la pala apoyada junto a la pared, pero las cuerdas limitaron cualquier posibilidad de llegar hasta ella.

Gabriel reaccionó de inmediato. Dio dos pasos, recogió la pala del suelo y volvió a situarse frente a Claudia. Ya no sonreía. La serenidad con la que había hablado hasta ese momento había desaparecido, sustituida por una expresión mucho más dura. Con una frialdad que helaba la sangre.

—Acabas de cometer un grave error.

Claudia apenas tuvo tiempo de incorporarse. El golpe la alcanzó de lleno en la cabeza. Todo ocurrió en una fracción de segundo.

Un dolor intenso le atravesó el cráneo y las piernas dejaron de sostenerla. La habitación empezó a girar mientras un zumbido apagaba cualquier otro sonido. Lo último que alcanzó a escuchar fue el grito desesperado de Daniela llamándola por su nombre. Después todo se volvió oscuro.

Gabriel permaneció inmóvil durante unos segundos, observando el cuerpo de Claudia tendido en el suelo. La sangre comenzó a extenderse lentamente bajo su cabeza. Aquella imagen hizo que su tranquilidad desapareciera por primera vez.

Se agachó para comprobar si seguía respirando. Al notar que aún tenía pulso, sacó el teléfono del bolsillo y marcó un número sin perder un segundo. Al otro lado respondieron casi de inmediato.

—Tenemos un problema.

Escuchó en silencio la respuesta mientras mantenía la vista fija en Claudia. Cuando volvió a hablar, su voz seguía sonando serena, aunque ya no con la seguridad de unos minutos antes.