CAPÍTULO 46 #2
—No. Tu error fue seguir haciendo preguntas cuando ya estabas demasiado cerca de respuestas que nunca ibas a poder aceptar.
Claudia dejó escapar una risa breve, desprovista de cualquier alegría.
—Entonces es que me conoces bastante menos de lo que creías.
Durante unos segundos ninguno de los dos dijo nada. Gabriel continuó observándola con atención, como si intentara averiguar si aquella seguridad era real o solo una forma de ocultar el miedo. Fue Rubén quien rompió finalmente el silencio.
—Es suficiente, Gabriel.
No alzó la voz, pero algo en su tono sonó distinto. Ya no era la firmeza con la que había hablado unos minutos antes, sino el cansancio de alguien que empezaba a preguntarse si todavía quedaba alguna forma de detener aquello. Gabriel giró despacio la cabeza hacia él.
— ¿Ahora te preocupa? —Rubén sostuvo su mirada sin responder—Hemos llegado demasiado lejos para echarse atrás.
Claudia desvió la mirada hacia Rubén. Aquella pequeña grieta en la conversación no había pasado desapercibida.
Por primera vez desde que despertó en aquella nave comprendió que, aunque ambos estuvieran implicados, no era Gabriel quien dudaba.
Era Rubén. Y eso significaba una cosa... No estaban completamente de acuerdo.
Guardó aquella información sin dejar que se reflejara en su expresión. Podía ser la única ventaja que todavía conservaba. Gabriel volvió a acercarse hasta quedar frente a ella.
—Has hecho una buena investigación. Mejor de lo que esperaba. Te felicito—Claudia sostuvo su mirada desafiándole—Y aun así has cometido un error.
— ¿Cuál?
—Creer que ya has ganado.
Durante unos segundos ninguno de los dos habló. Entonces Gabriel dejó escapar una sonrisa que daba escalofríos.
—Sigues pensando que Alex va a encontrarte.
Claudia no apartó la vista de él. Permaneció en silencio, pero aquella firmeza decía mucho más que cualquier respuesta. Gabriel sonrió de nuevo; acababa de confirmar exactamente lo que imaginaba.
—Créeme, inspectora. Cuando comprenda lo que ha ocurrido, ya será demasiado tarde.
Claudia mantuvo la calma.
—Eso mismo pensaron otros antes que tú.
Gabriel mantuvo la sonrisa, pero algo había cambiado. Apenas un destello. Una duda fugaz que desapareció casi al instante. Claudia la vio. Y eso fue suficiente. Después de todo, Gabriel seguía siendo humano. Era la primera grieta que dejaba al descubierto desde que la había llevado hasta allí.
CAPÍTULO 46
Alex llevaba más de veinte minutos frente a las pantallas cuando comprendió que no iba a encontrar la respuesta por el camino fácil.
Las grabaciones del hotel se sucedían una tras otra.
Entrada principal. Recepción. Ascensores.
Pasillos. Las reproducía una y otra vez, avanzando y retrocediendo en busca de cualquier detalle que hubiera pasado desapercibido.
Ampliaba imágenes, detenía fotogramas y volvía a empezar con la esperanza de descubrir algo diferente.
Nada. Claudia abandonaba el hotel con absoluta normalidad. Después... el vacío.
No aparecía ningún forcejeo. Nadie que llamara la atención. Ningún movimiento capaz de explicar cómo una inspectora podía desaparecer en plena calle sin dejar rastro. Eso era lo que más le inquietaba. Todo parecía demasiado normal.
Apoyó los codos sobre la mesa y se pasó una mano por la boca sin apartar la vista de la pantalla. Cuanto más revisaba aquellas imágenes, más evidente resultaba una conclusión. Quien había organizado aquello sabía exactamente lo que estaba haciendo.
— ¿Alguna novedad?
La voz hizo que levantara la vista. Rubén acababa de entrar en la sala. Su expresión era seria mientras recorría las pantallas con una rapidez impropia de alguien que acababa de llegar. Después clavó los ojos en Alex.
—Me han avisado en cuanto han podido. ¿Qué ha pasado?
Alex tardó un instante en responder. Lo observó apenas un segundo más de lo habitual. Solo un segundo. Desde la conversación de aquella mañana había empezado a fijarse en pequeños detalles que antes le habrían pasado desapercibidos.
—Ha desaparecido—Alex señaló la pantalla—Salió del hotel hace casi una hora. Desde ese momento no hemos conseguido seguirle el rastro. Hemos revisado todas las cámaras de la zona y no aparece nada que explique lo ocurrido.
Rubén observó la secuencia en silencio. En la pantalla, Claudia cruzaba la puerta del hotel con paso decidido. Unos segundos después desaparecía del encuadre. Nada más.
— ¿Nadie vio nada? —preguntó.
—Hasta ahora, no.
Rubén apretó la mandíbula.
—Joder...
Se quedó inmóvil unos segundos antes de girarse hacia el resto de la sala.
—Quiero localizados todos los vehículos que hayan circulado por esta calle durante esa franja horaria. Revisad cámaras de comercios, garajes, semáforos y accesos. Hablad con cualquier testigo que pudiera haber estado por la zona. No descartéis absolutamente nada.
Los teléfonos comenzaron a sonar casi al mismo tiempo.
Varias pantallas cambiaron de imagen mientras los agentes intercambiaban órdenes y se repartían nuevas tareas.
En cuestión de segundos, la sala se transformó en un ir y venir constante de personas.
La desaparición de una inspectora había convertido la investigación en una prioridad absoluta. Rubén volvió a mirar a Alex.
— ¿Estaba sola?
Alex asintió.
—Insistió en bajar unos minutos. No parecía haber ningún riesgo.
Rubén respiró hondo.
—Y ahora no sabemos dónde está—Alex sostuvo su mirada sin responder—La dejaste sola—dijo Rubén finalmente.
Aquellas palabras quedaron suspendidas en el aire. Varios agentes levantaron la vista durante un instante antes de regresar a su trabajo.
—Solo fueron unos minutos.
—Han sido suficientes para que ahora no esté.
Durante unos segundos ninguno de los dos dijo nada. El silencio resultaba mucho más incómodo que cualquier discusión. Rubén terminó desviando la mirada.
—Ahora mismo lo único que importa es encontrarla.
Rubén recorrió la sala con la mirada. Los agentes ya trabajaban sobre nuevas líneas de investigación. Unos revisaban grabaciones, otros atendían llamadas mientras varios mapas de la ciudad aparecían proyectados en las pantallas. Se volvió de nuevo hacia Alex.
—Quiero un informe con cada movimiento de Claudia desde que salió del hotel. Si alguien la siguió, aunque solo fuera durante unos metros, tiene que estar en alguna de esas cámaras.
—Estamos ampliando el radio de búsqueda—respondió Alex—También hemos pedido las grabaciones del metro y de los establecimientos cercanos.
Rubén asintió.
—Bien. No dejéis un solo punto sin revisar.
Un agente se acercó con una carpeta en la mano.
—Inspector, Científica ya está analizando las imágenes del hotel. En cuanto encuentren algo...
—Que me llamen directamente.
—Sí, inspector.
El agente volvió a alejarse con paso apresurado.
Durante unos segundos, Rubén permaneció observando las pantallas sin decir una palabra.
Parecía concentrado en cada detalle de la investigación.
Alex lo observaba de reojo. No había un solo gesto fuera de lugar.
Ni una palabra de más. Ni una reacción que llamara la atención.
Era exactamente el comportamiento que cualquiera esperaría del inspector jefe.
Y, sin embargo...Había algo que no terminaba de encajar.
No era un detalle concreto. Era una intuición que había ido creciendo, aunque todavía no podía demostrar nada.
—Voy a revisar otra vez las cámaras exteriores—dijo finalmente.
Rubén apartó la vista de las pantallas.
—Hazlo. Si hay algo ahí fuera, lo encontraremos.
Alex asintió y comenzó a caminar hacia la salida.
Al cruzarse con Rubén redujo apenas el paso.
Fue un movimiento completamente natural.
Sus dedos rozaron durante una fracción de segundo la parte trasera de la chaqueta del inspector.
El dispositivo quedó adherido al tejido sin hacer el menor ruido.
Alex continuó caminando sin detenerse. No volvió la vista atrás.
Solo cuando alcanzó la puerta permitió que el aire escapara lentamente de sus pulmones.
Acababa de asumir un riesgo enorme. Si estaba equivocado, no solo perdería un tiempo precioso.
También habría desconfiado de la persona que llevaba años dirigiendo la comisaría.
Pero si tenía razón...Aquella diminuta pieza de tecnología podía conducirlo directamente hasta Claudia.
Mientras la puerta se cerraba a su espalda, Rubén seguía dando instrucciones al resto del equipo con la misma serenidad de siempre. Nadie parecía haber advertido lo ocurrido. Y eso era exactamente lo que Alex necesitaba.
CAPÍTULO 47
El silencio volvió a adueñarse del cobertizo en cuanto la puerta se cerró tras ellos.
Durante unos segundos ninguna de las dos dijo nada.
Claudia permaneció con la cabeza inclinada, respirando despacio mientras intentaba ordenar todo lo que acababa de descubrir.
No era el miedo lo que le impedía pensar con claridad, sino la traición...
Rubén. Todavía le costaba aceptar que el hombre en quien había confiado durante tantos años hubiera formado parte de todo aquello.
A su lado, Daniela no dejaba de removerse inquieta sobre la silla. Tenía la respiración acelerada y los ojos fijos en la puerta, como si esperara que volviera a abrirse de un momento a otro.
—Claudia...—susurró al fin— ¿Qué van a hacer con nosotras?
Ella levantó la cabeza y la observó durante unos instantes.
Daniela estaba aterrorizada. Intentaba contener las lágrimas, pero el temblor de su voz decía mucho más que cualquier palabra.
Claudia inspiró hondo. No podía permitirse derrumbarse.
Si una de las dos perdía la calma, la otra también lo haría.
—Escúchame—dijo Claudia, procurando que su voz transmitiera una calma que en realidad no sentía—Vamos a salir de aquí.
Daniela negó con la cabeza mientras luchaba por contener las lágrimas.
—No lo creo... Los he oído hablar. No tienen intención de dejarnos marchar.
Claudia mantuvo la vista fija en ella.