Ignorada CAPÍTULO 27
39%

CAPÍTULO 27

El coche avanzaba con calma entre el tráfico de media mañana mientras la ciudad seguía inmersa en su rutina habitual.

Durante buena parte del trayecto ninguno habló.

No era uno de esos silencios incómodos que obligan a llenar cada espacio con palabras, sino la consecuencia natural de dos personas que llevaban demasiado tiempo dándole vueltas a las mismas preguntas sin encontrar todavía las respuestas que buscaban.

El silencio se prolongó hasta que Alex dejó escapar la pregunta que llevaba un rato rondándole la cabeza.

—Por cierto... lo de anoche se nos quedó un poco a medias, ¿no te parece?

Claudia mantuvo la vista fija en la carretera.

—No creo que haya mucho que comentar.

—Curioso, porque yo recuerdo bastante material para comentar.

Claudia negó con la cabeza, divertida pese a sí misma.

—No vayas tan deprisa.

—No lo hago. Estoy haciendo una valoración completamente objetiva de los hechos.

—Claro. Objetividad total.

La sonrisa que apareció en el rostro de Alex le dio la razón antes incluso de que volviera a hablar.

—Admite al menos que no estuvo mal.

—Para ti.

—Para los dos.

Claudia no respondió inmediatamente. Se limitó a seguir conduciendo mientras observaba el tráfico que se acumulaba delante de ellos. Sin embargo, la conversación ya había perdido la tensión inicial y había adquirido una ligereza poco habitual entre ambos.

—De todas formas—continuó Alex—tienes la costumbre de cerrar ciertas puertas demasiado rápido.

—No estoy cerrando ninguna puerta.

—Un poco sí, reconócelo.

—Estoy trabajando.

—Y yo también, pero una cosa no excluye necesariamente a la otra.

— ¿Tú no sabes estar callado nunca?

—No especialmente inspectora.

—Se nota.

Alex aceptó la derrota con gesto divertido. Aquella breve tregua duró apenas unos minutos. Como ocurría siempre últimamente, el caso terminó abriéndose paso de nuevo entre ellos.

—Lo raro es que todos cuentan versiones parecidas—comentó Alex—pero cuando terminas de escucharlos tienes la sensación de seguir exactamente en el mismo sitio.

—Porque hablan de relaciones, de amistades y de secretos, pero seguimos sin encontrar nada que explique lo importante.

—Nos falta una pieza.

—Y cada vez estoy más convencida de que no está donde llevamos días buscando.

— ¿Marcos?

Claudia negó sin pensarlo.

—No termina de encajar. Todo apunta hacia él con demasiada facilidad.

El edificio donde vivía Paula apareció finalmente frente a ellos.

Alex observó la entrada.

—Bueno... vamos a ver si aquí encontramos algo más útil que otra colección de respuestas vacías.

Claudia apagó el motor con la esperanza de encontrar esas respuestas.

—O descubrimos por qué todo el mundo parece empeñado en no contarnos nada.

La madre de Paula fue quien abrió la puerta. El cansancio acumulado se reflejaba en su rostro incluso antes de pronunciar una sola palabra.

— ¿Sí?

Claudia mostró su placa.

—Buenos días. Antes de nada, quería transmitirle nuestro más sincero pésame por la muerte de su hija.

La mujer bajó la mirada unos segundos antes de asentir con un gesto casi imperceptible.

—Gracias…

—Sabemos que no es un momento fácil —continuó Claudia con serenidad—pero nos gustaría hacerles algunas preguntas sobre Paula. Creemos que pueden ayudarnos en la investigación.

La vivienda estaba impecablemente ordenada.

No era un orden extraño ni artificial, pero sí lo bastante cuidado como para transmitir la sensación de que sus propietarios necesitaban aferrarse a algo que todavía podían controlar.

Pocos minutos después apareció el padre.

Los saludó con un gesto discreto antes de tomar asiento junto a su mujer. Alex adoptó un tono cercano.

—Sabemos que no es fácil hablar de esto, pero cualquier detalle puede ayudarnos. Incluso algo que en su momento pareciera insignificante.

—Todo puede ser importante —añadió Claudia—No solo para entender qué ocurrió con Paula, sino también para encontrar a Daniela.

La madre asintió lentamente.

—Claro. Pregunten lo que necesiten.

Claudia se inclinó hacia delante.

— ¿Cómo estaba Paula durante las últimas semanas?

La mujer reflexionó unos instantes antes de responder.

—Diría que normal... aunque algo más reservada de lo habitual.

— ¿Reservada en qué sentido? —preguntó Alex.

—Salía bastante, hacía su vida como siempre, pero cada vez compartía menos cosas con nosotros.

El padre asintió lentamente mientras escuchaba a su mujer. Parecía estar de acuerdo con ella, aunque tenía la sensación de estar describiendo algo que, en realidad, tampoco había llegado a comprender del todo.

—Siempre fue muy independiente.

Claudia dejó que aquellas palabras se asentaran unos segundos mientras seguía observando a ambos. Cuanto más hablaban de Paula, más tenía la impresión de que existía una parte importante de su vida que había permanecido completamente fuera del alcance de su propia familia.

— ¿Hubo algún cambio concreto? Algo que les llamara la atención, aunque en ese momento no le dieran importancia.

Los padres se miraron durante unos instantes, haciendo el mismo esfuerzo por rebuscar en su memoria algún detalle que pudiera explicar lo que había ocurrido.

Sin embargo, por la forma en que volvieron a dirigir la atención hacia Claudia, resultaba evidente que ninguno había encontrado nada que realmente les pareciera relevante.

—No sabría decirle—admitió finalmente la madre—Era más una sensación que algo concreto.

— ¿Les habló alguna vez de alguien especial? ¿Alguna relación?

Los dos negaron casi al mismo tiempo.

—Nunca nos contaba ese tipo de cosas —añadió el padre.

Aquello volvió a llamar la atención de Claudia. Cuanto más preguntaban por Paula, más parecía que una parte importante de su vida hubiera permanecido completamente fuera del alcance de quienes la conocían mejor.

—A veces los detalles más pequeños terminan siendo los más importantes—explicó—Una llamada que se repetía, una nueva amistad, algún cambio de rutina...

La mujer volvió a negar con la cabeza.

—De verdad. Ojalá pudiera ayudarles más.

Alex comprendió perfectamente la frustración que reflejaba su voz. Después de todo, ellos mismos llevaban días chocando contra las mismas respuestas incompletas.

—Si recuerdan cualquier cosa, por mínima que parezca, llámennos.

—Lo haremos.

La conversación se prolongó todavía unos minutos más, pero no aportó nada diferente. Cada respuesta parecía conducirlos de nuevo al mismo punto, como si existiera una parte de la vida de Paula que hubiera permanecido oculta para todo el mundo.

Cuando volvieron a la calle, ninguno tuvo la sensación de haber avanzado demasiado. Caminaron unos metros en silencio mientras repasaban mentalmente todo lo que acababan de escuchar.

—No hemos avanzado gran cosa.

—No—admitió Claudia—La verdad es que esperaba encontrar algún detalle al que aferrarnos.

— ¿Y en cambio?

—Solo hemos confirmado lo mucho que querían a Paula. Pero nada que nos acerque a quien se la llevó.

Se volvió una última vez hacia la casa antes de apartar la mirada.

—Empiezo a pensar que alguien lleva demasiado tiempo asegurándose de que solo veamos lo que quiere que veamos.

Alex observó también la fachada durante unos segundos, como si intentara descubrir algo nuevo en una imagen que ya habían analizado demasiadas veces.

— ¿Y si no estamos buscando a la persona correcta?

Aquella observación consiguió que Claudia apartara la atención de la casa y volviera a mirarlo.

— ¿Qué quieres decir?

—Que quizá el problema no sea Marcos. Quizá el problema sea que seguimos mirando a las personas equivocadas.

Mientras regresaban hacia el coche, una idea empezó a abrirse paso lentamente entre todas las piezas que llevaban días acumulando. Porque cuanto más investigaban a Paula, a Daniela, a Marcos o a Mateo, más evidente resultaba una cosa. Alguien había dedicado mucho tiempo a esconder la verdad.

Y quien era capaz de hacer algo así probablemente llevaba años preparándose para que nadie encontrara el camino correcto.