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YULIAN
Han pasado menos de dos semanas.
Trece días, ocho horas y cinco minutos, para ser exactos.
¿Qué? No es mi culpa que no pueda dejar de contar. Habla con mi cerebro.
La realidad es que ha pasado mucho tiempo desde que tuve ese sueño tan realista en el que devoraba los labios de Vaughn.
Ahora, escuchen, sé que no es sano ni normal que prácticamente estuviera soñando con el mismo hombre al que pretendo hacer pedazos, pero que me jodan si mi pene entiende la lógica.
No la entiende, para que conste, porque me desperté con la erección más enorme conocida por el hombre, y cuando envolví mi pene con la mano y cerré los ojos, lo único que podía imaginar eran los ojos muy abiertos de Vaughn cuando mis labios rozaron los suyos.
La forma en que el color avellana se oscureció y su latido se fundió con el mío me pareció demasiado agradable, demasiado intenso.
Demasiado... real.
Naturalmente, me vine en un minuto con esa imagen.
Luego estuve a punto de tomarme otro minuto para averiguar qué carajos estaba haciendo, pero decidí no hacerlo. ¿Para qué pensar en eso de todos modos? Nunca sale nada bueno de ese asunto.
También decidí no compartir el episodio con Cy. Primero, me juzgará como la perra que es, especialmente porque cree que estoy desperdiciando tiempo y energía en lo de Vaughn.
Segundo, porque me juzgará aún más duramente hasta el fin de los tiempos.
Aun así, tenía que contárselo a alguien, así que ¿adivinen quién fue el chivo expiatorio?
Exacto. El mismísimo hombre que se atrevió a invadir mis sueños sagrados.
Quiero decir, no es la primera vez que pasa. Puede que haya soñado, más o menos, con fallármelo a él en lugar de a Danika la noche que terminé con ella —buenos tiempos—, pero definitivamente fue la primera vez que lo sentí tan jodidamente real, casi como si pudiera saborearlo.
O, más exactamente, su sangre, que chupé al estilo vampiro.
En fin, mi primer plan de acción fue creativo. En lugar de mensajes de texto que él ignoraba como si fuera un deporte, le hice una videollamada.
Así es. Apuntar alto, ¿no? Soy el hijo de puta más ambicioso del planeta, perras.
Aun así, me ignoró.
De hecho, me colgó , si pueden creerlo.
Qué descaro tiene ese pedazo de mierda. Juro que lo hace a propósito porque sabe que no estoy acostumbrado a que me ignoren, para ser el campeón indiscutible del juego de ignorar a Yulian.
Y también el único jugador.
Bueno, está bien, Cy queda en segundo lugar porque el hijo de puta a veces me ignora.
En fin, volviendo al tema de que Vaughn practica su peculiar religión de fingir que no existo, algo que pretendo cambiar, aunque sea lo último que haga .
Después de que me colgara un par de veces, opté por la segunda mejor opción: enviar un video.
Me grabé tumbado en la cama, con el cabello revuelto, los ojos aún pesados por el sueño y un orgasmo, luego miré fijamente a la cámara por un instante y entrecerré los ojos.
—Bueno, por si nadie te lo ha dicho, es muy grosero colgarle a la gente después de ignorar sus mensajes.
Toc, toc, ¿quién está ahí? Tus modales, Vanya.
Ja. ¿Qué te parece eso? Sé que tu nombre no es Ivan, pero igual te queda bien.
En serio, ¿por qué tus papás, que son totalmente rusos, te pusieron un nombre estadounidense?
Estoy bastante seguro de que querían decir Ivan y se les escapó por algún lado.
De todos modos, Vanya suena adorable, ¿no?
Aunque no más lindo que Mishka. Hablando de Mishka, ¿te llamé así recientemente?
Te juro que anoche tuve un sueño de lo más realista en el que yo estaba…
ya sabes, haciéndote cosas sucias. —Le guiñé un ojo, sonriendo, y luego me mordí la comisura del labio inferior—.
Por cierto, tú también estabas muy metido en eso.
Si no me crees, podemos recrear la escena.
Él vio ese video y, como te imaginas, no respondió.
El hecho de que lo haya visto es suficiente.
Por ahora.
Así que, desde entonces, le he estado enviando mis videodiarios, solo hablando tonterías, a veces en ruso, a veces en su idioma. A menudo cambiando de idioma solo para molestarlo.
Ha visto todos y cada uno de mis vlogs de aficionado.
No estoy seguro de sí los ha visto, pero el hecho de que aparezcan las marcas azules poco después de enviar mi video del día es señal suficiente de que lo estoy atrayendo a mi trampa.
Y esta noche es la confirmación perfecta de mis sospechas, porque ¿adivinen qué? Recibí una invitación con un código QR para la ceremonia de iniciación de los Heathens .
Sí, así es.
Heathens, allá voy.
Aunque me importan un carajo, me importa un montón que Vaughn se una a sus amigos cuando haya una iniciación.
Sin embargo, la razón por la que estoy rebosante de emoción no es solo porque él estará allí esta noche.
No, se debe más bien a la conclusión muy lógica a la que llegué tras una conversación reciente.
Mi profesor de derecho, Kayden Lockwood. Es broma, es Kayden Davenport, un importante socio de negocios de mi papá y una de las razones por las que Yaroslav es tan temido en el mundo de la mafia. Ser amigo de los Davenport es una vía rápida para tener poder, influencia y carta blanca para matar.
Ahora bien, no estoy seguro de por qué Kayden vino desde Estados Unidos, abandonando su imperio Davenport solo para hacer de profesor de Derecho, pero no importa, porque esa no es la parte importante.
Lo importante es que Kayden dijo que me habían drogado esa noche.
Sí, la noche en que soñé con los labios y el pecho duro de Vaughn presionándose y frotándose contra los míos fue la noche en que me echaron una droga en la bebida.
Quizá esa fue la razón por la que el sueño fue tan realista, pero ¿sabes qué? Kayden dijo que me arrastró a mi habitación y me salvó, pero ¿de verdad lo hizo? Porque juro que había alguien más que Kayden en la habitación conmigo.
Si hay la más mínima posibilidad de que fuera Vaughn, podría tirarme por un precipicio con mi nueva motocicleta para celebrarlo.
Claro, estoy delirando —él estaba al otro lado del charco y todo eso—, pero me quedaré con la fantasía, muchas gracias .
Me concentro en el presente. Estoy caminando por el bosque donde tiene lugar la iniciación de los Heathens.
La niebla se enrosca a ras de mis zapatos, el suelo está húmedo y ansioso por mancharme, y los árboles se alinean como soldados cómicos, todos rígidos y susurrándose secretos entre ellos.
El típico clima británico nos ha honrado una vez más hoy: nublado, gris y dramático como el demonio. En serio, ¿por qué el cielo parece que quiere vomitar sus entrañas, pero se sigue conteniendo?
Por el suspenso, supongo.
Sinceramente, el cielo y ese imbécil de Vaughn tienen demasiado en común.
Me pregunto si le habrá gustado el humilde regalo que le dejé hoy en su bandeja de entrada.
Mis labios se estiran detrás de la estúpida máscara de conejo blanco mientras el viento atraviesa mi chaqueta, trayendo el aroma de pino, piedra vieja y algo más oscuro.
Humo.
No, pecado.
Porque, mierda, estoy nervioso y vibrando de emoción desde que recibí esa invitación. No tengo ni idea de quién la envió, pero estoy jodidamente emocionado con la idea que zumba en mi cabeza.
Rozo una rama baja, se me engancha en la camisa, y sigo caminando, silbando suavemente. Un grito de miedo resuena en el aire en algún lugar más adelante, posiblemente alguien que quedó atrapado en los juegos de persecución de los Heathens.
Todo el ambiente es jodidamente embriagador y, la verdad, en otras circunstancias estaría metido de lleno en esta mierda. ¿Persecuciones, sangre y corderitos asustados?
¿Dónde me apunto?
Hoy no, sin embargo, porque estoy buscando a alguien .
Vi a Vaughn en ese balcón con los otros cuatro. Llevaba una máscara blanca de neón con costuras, y sí, todos llevaban máscaras, así que, en realidad, no debería haber podido distinguirlo, pero, de nuevo, es tan característico, incluso detrás de una fachada.
Nikolai era el más grande y el más ruidoso, así que pude darme cuenta de que era el de la máscara amarilla a un kilómetro de distancia.
Jeremy estaba en el medio con un garrote al hombro, así que la máscara naranja era obvia.
Killian y Gareth tienen complexiones similares, y sostenían un bate de béisbol y un arco de tiro con flecha respectivamente, dos armas a las que Vaughn no se acercaría.
Llámalo corazonada, pero él querría más control con su arma preferida, así que una pistola sería su opción, pero como eso no está permitido, tenía algo muy propio de Vaughn, por así decirlo: una cadena gruesa que se enrolla alrededor de su cuello como una serpiente.
Mi sonrisa se amplía cuando lo veo arrastrando a un tipo por el suelo, la parte superior de su cuerpo hinchada por el esfuerzo, flexionando los bíceps, los tendones casi visibles a través de los guantes que lleva puestos.
Y sí, estoy lo suficientemente cerca, como flotando entre los arbustos para acercarme. Soy la definición de una polilla volando hacia la llama, batiendo las alas contra la ventana, tan jodidamente desesperado porque me dejen entrar.
O tal vez soy un adicto que está a punto de conseguir su primera dosis en semanas.
Meses.
No, años. Cuatro, para ser exactos.
Una voz por el altavoz anuncia el número garabateado en la máscara del eliminado. Acelero el paso, aprovechando el ruido para acercarme lo más posible sin que Vaughn se dé cuenta .
Un poco más, lo suficientemente cerca como para sentir su aliento...
Levanta la cabeza, con los ojos lanzándome rayos láser.
Está oscureciendo, y aunque no puedo ver sus ojos con claridad, puedo ver otra cosa.
La tensión se acumula en sus hombros y aprieta con fuerza la cadena. Endereza la espalda y se yergue, con los hombros al frente.
No solo me reconoce, sino que además lo inquieto.
Inquieto a Vaughn, el hombre de pocas palabras, rígido como una piedra y sin emociones.
Mierda, ya me estoy emocionando.