CAPÍTULO 15 – CALEB
Son las diez de la noche del tercer día de Zoey en casa y, cada día que pasa la siento más cómoda entre nosotros.
Todavía hay momentos en los que recula cuando alguno la acecha o la sorprende en la oscuridad, como si siguiera creyendo que en cualquier instante vamos a deshacernos de ella, pero se equivoca.
Nosotros también estamos acostumbrándonos demasiado a su compañía.
A su voz recorriendo la casa, a sus pasos por los pasillos, a encontrarla en el salón o en la cocina y saber que forma parte de nuestra rutina.
Y eso es precisamente lo que me preocupa, porque sé que cuando llegue Halloween tendremos que dejarla ir.
La chimenea del salón crepita con una violencia tranquila, arrojando sombras alargadas sobre las paredes.
Zoey está sentada en el sofá, envuelta en uno de mis jerséis, con una taza de café entre las manos que lleva varios minutos sin probar.
Nos observa a los tres, la tensión en la habitación es tan densa que ninguno parece dispuesto a ser el primero en romperla.
Ha llegado el momento, ya no hay máscaras, ni salas de tortura, ni juegos con los que distraerla de la verdad.
Durante estos días ha intentado arrancarnos respuestas una y otra vez, pero nosotros mantuvimos la misma condición desde el principio: hasta que no estuviera completamente recuperada y lo bastante fuerte para soportar lo que íbamos a contarle, no abriríamos la boca.