Capítulo 36
Pat observaba a la entusiasmada multitud entrar en el Capital One Arena. El ambiente era eléctrico. Aficionados ataviados con camisetas de los Lakers y los Wizards, agitando dedos de espuma, bebiendo cervezas a precio de oro y coreando cánticos mientras avanzaban en tropel hacia la entrada.
Si tan solo lo supieran.
Se llevó un dedo al auricular. ——¿Alguna novedad? —Su equipo estaba repartido por el perímetro, con los ojos bien abiertos ante cualquier anomalía. Una figura solitaria saliéndose del flujo, una mirada nerviosa, un segundo de más en el control de seguridad.
——Todo despejado —llegó la respuesta de Blade.
——Nada por mi lado —añadió Phoenix.
——La entrada sur está limpia —informó Viper.
——Sin movimiento en la zona norte —confirmó Cole.
Anna intervino desde el cuartel general. ——La vigilancia transcurre sin problemas. No hay señales de alarma por ahora.
Por ahora.
Pat apretó la mandíbula. Seis terroristas suicidas. ¿Dónde demonios se habían metido?
Anoche, tras poner a salvo a Ryan y entregar a un ensangrentado Al-Jabiri a la custodia federal, el agente especial del FBI Ed Hollis le había llamado.
Habían encontrado a Jasmine encerrada en el estudio del terrorista, semiconsciente en el suelo.
Tal como él sospechaba, tenía una conmoción cerebral y la habían trasladado al hospital.
La última vez que Pat comprobó, Ryan estaba con ella.
Como medida de precaución, había doblado la seguridad alrededor del hospital.
Si el primo de Al-Jabiri quería venganza, no se acercaría a menos de quince kilómetros de ella.
Pero lo más probable es que Riad ya se hubiera ido.
Solo le haría falta un pasaporte falso, un disfraz nuevo y se esfumaría con el viento.
El teléfono de Pat sonó. Era Anna. Él frunció el ceño. ¿Por qué no utilizaba las comunicaciones?
——¿Qué pasa?
——Jefe, solo para que lo sepas: Jasmine está aquí.
Se le encogió el estómago. ——¿Qué?
——Ha venido con Ryan. Dice que quiere seguir trabajando en la identificación de la mujer que vio en la estación de metro.
Pat exhaló con brusquedad. ——¿Está en condiciones de hacer eso?
——Está decidida.
Por supuesto que lo estaba. Era cabezota como ella sola.
——Está bien. Prepáralo todo. Mantenme informado.
Terminó la llamada y se acercó más a la marea de aficionados. En el atentado del maratón de Boston, los terroristas habían utilizado ollas a presión cargadas de metralla.
Esto sería peor.
Se tocó el auricular. ——Ojos abiertos, equipo. Hay seis aquí fuera. Vamos a encontrarlos.
Su teléfono vibró de nuevo. Número oculto. Oficial.
——Aquí Burke.
El comandante táctico de la CTD, Farrow, estaba al teléfono. ——Acabamos de abatir a dos sospechosos en la entrada oeste: los hermanos Waheed. Mochilas. Ambos con cables. Detonadores manuales.
Dos menos. Quedaban cuatro.
Pat transmitió el mensaje. ——Confirmado. Dos llevaban dispositivos reales. Los otros están cerca.
Un grito rasgó el ruido ambiental.
——¡Entrada norte! ¡Disparos! —La voz de Viper sonó nítida por el comunicador.
Pat echó a correr. ——¡Viper, informa! —gritó.
——Tenía un detonador pegado a la mano. La seguridad lo ha visto. Disparamos.
Pat se abrió paso entre la multitud con la mano en la pistola. Llegó a la entrada y vio a un hombre muerto tendido en el pavimento, con el cuerpo retorcido de forma antinatural. Los aficionados se apartaban, aunque algunos seguían adelante, ajenos al drama que se desarrollaba.
Un agente de la CTD vestido de paisano se agachó sobre el cadáver para inspeccionar el detonador.
——¡No está conectado! —exclamó.
Pat y Viper se acercaron. ——¿Repita eso?
——Es falso. Sin detonador. Sin explosivos.
A Pat se le pusieron las entrañas como piedras. ——¿Está seguro?
El agente levantó un cable cuyo extremo suelto colgaba inútilmente. ——Sí. Un señuelo total.
La mandíbula de Viper se tensó. ——Mierda. —Se volvió hacia Pat—. Es una distracción.
La mente de Pat trabajaba a toda velocidad.
Entonces, ¿dónde demonios están las bombas de verdad?
Cogió el teléfono y volvió a marcar el número de Farrow.
——Comandante, confirme. ¿Llevaban explosivos reales los hermanos Waheed?
Se produjo una pausa.
Luego: ——Negativo. Los dispositivos eran falsos.
El pulso de Pat se aceleró.
Mierda.
——El ataque real está ocurriendo en otra parte.
La voz de Farrow bajó de tono. ——¿Dónde?
Pat tragó el sabor amargo que le llenaba la boca. ——Ese es el problema. No tengo ni puta idea.
Su comunicador volvió a emitir estática.
——¡Disparos! ¡Entrada este!
——Otro sospechoso abatido —informó Phoenix—. Dispositivo falso.
La voz de Anna intervino, urgente. ——Pat, tenemos a otros dos hombres con camisetas de los Wizards y mochilas. Los agentes de la CTD los han neutralizado. Ambos eran falsos.
Todos. Cada uno de ellos.
Pat cerró los ojos. Al-Jabiri se la había jugado como a idiotas.
Les había dejado creer que habían desbaratado el plan. Dejó que inundaran el estadio de agentes, dejó que se centraran exclusivamente aquí.
Mientras tanto, las bombas reales estaban en otro lugar.
El pulso de Pat martilleaba.
Pero ¿dónde demonios estaba el objetivo real?