Capítulo 29
Jasmine caminaba de un lado a otro en el despacho de Patrick, con los puños fuertemente apretados. El pulso le martilleaba en los oídos y tenía el estómago encogido. ¿Dónde estaría Ryan ahora? ¿Qué le estarían haciendo?
No era más que un niño. No se merecía nada de esto.
¿Habían logrado algún progreso los agentes del FBI en el rastreo del vehículo? Estaba desesperada por recibir noticias.
Unos golpes en la puerta la sobresaltaron. Se dio la vuelta cuando Anna entró con una taza de té humeante.
—He pensado que esto te vendría bien —dijo Anna con suavidad, ofreciéndosela.
—Gracias —murmuró Jasmine, rodeando la taza caliente con las manos.
Anna sonrió.—No nos han presentado formalmente. Soy Anna, la jefa de logística aquí en Blackthorn Security.
Jasmine forzó una débil sonrisa.—Jasmine. Exrehén y madre aterrorizada.
Anna se sentó a su lado.—No puedo ni imaginar por lo que estás pasando, pero si te sirve de consuelo, estos tipos son los mejores. Mi marido, Cole, es uno de los operativos de Pat. Si hay alguien capaz de traer a Ryan de vuelta, son ellos.
—Eso espero —susurró ella, aferrando la taza como si le fuera la vida en ello.
—Avísame si necesitas cualquier otra cosa. —Anna se dispuso a salir.
—¿Tienes hijos? —preguntó Jasmine. De repente, no quería quedarse a solas con sus pensamientos.
—Uno. Un niño pequeño, va a cumplir los dos años ahora. —La sonrisa de Anna se dulcificó.
Jasmine inhaló con voz temblorosa. Apenas podía concentrarse, pero obligarse a mantener una conversación era mejor que dejar que el pánico ganara la partida. —¿Llevas mucho tiempo trabajando aquí?
—Casi tres años. Pat me fichó de una oficina regional en Venezuela donde yo llevaba la logística y me envió al terreno como operativa encubierta. Allí fue donde conocí a Cole.
Jasmine arrugó el entrecejo.—Creo que no lo conozco.
—Está fuera, en una misión.
Jasmine vaciló.—¿Cómo lo sobre llevas? Sabiendo que tu marido corre peligro constantemente.
Anna le lanzó una mirada de complicidad.—Te acabas acostumbrando. Al principio pensaba que no sería capaz de aguantarlo, pero una vida sin él era peor que una vida preocupada por él.
Jasmine exhaló.—Supongo que uno no elige de quién se enamora.
Por alguna razón, su mente regresó a las imágenes de Patrick.
Anna señaló hacia la puerta.—Será mejor que vuelva al trabajo. Parece que la reunión está terminando.
—Ha sido un placer conocerte, Anna.
Ella sonrió.—Lo mismo digo.
A través de las cristaleras del despacho de Pat, podía ver la oficina diáfana. Un grupo de hombres con traje y semblante serio pasó por delante. Parpadeó, atónita.
¿Aquella era la Secretaria de Seguridad Nacional?
Vaya. El equipo de Patrick tenía una influencia real y poderosa.
Vio cómo él estrechaba manos y asentía. Parecía tranquilo, sereno y poderoso. La noche anterior, ella se había enroscado a ese cuerpo, gritando su nombre mientras él la hacía llegar al clímax una y otra vez.
Cuánto habían cambiado las cosas en tan poco tiempo.
Ahora se ahogaba en el miedo. La persona a la que más quería en el mundo estaba en manos de un monstruo, y tenía que confiar en Patrick y en la División Antiterrorista del FBI para traerlo de vuelta con vida.
Exhaló con brusquedad y apretó los labios, tragándose el pánico.
Ryan te necesitará entera cuando lo traigamos a casa.
Las palabras de Patrick resonaron en su mente.
Tenía razón. Tenía que mantenerse fuerte. Por Ryan.
Desesperada por distraerse, Jasmine se levantó y deambuló por el despacho de Patrick. Se detuvo ante su escritorio, donde había dos fotografías enmarcadas.
La primera era de una mujer exótica, de pelo oscuro, con unos inusuales ojos azules y una sonrisa amplia y contagiosa. Se parecía vagamente a Izzy.
Debía de ser su madre, a la que Amir había sacado de la carretera.
La segunda era de una morena esbelta de ojos oscuros y dulces que lucía una alianza de boda.
La difunta esposa de Pat.
Dos mujeres a las que había amado. Dos mujeres a las que había perdido.
Se le encogió el corazón. Qué tragedia. Como había dicho Izzy, había pasado por mucho.
Entonces su mirada cayó en una tercera foto.
Era más pequeña, más vieja, en un marco desgastado. A diferencia de las otras, esta parecía muy manoseada; como si la hubieran cogido y tocado a menudo.
Un joven con uniforme militar la miraba, con una boina granate y los ojos oscuros solemnes y orgullosos. Jasmine le dio la vuelta al marco.
Joe Burke. Caído en combate.
Se le cortó la respiración.
Patrick también había perdido a su hijo.
Resultaba extraño que nunca lo hubiera mencionado.
Por otra parte, los militares no solían ser muy habladores.
Tendían a guardárselo todo dentro, y por eso no siempre buscaban ayuda cuando la necesitaban.
Ella lo veía una y otra vez con sus pacientes.
Hombres valientes, dispuestos a morir por su país, pero no dispuestos a pedir ayuda.
Pérdida tras pérdida y, sin embargo, Patrick seguía en pie. Seguía luchando.
¿Era eso lo que lo impulsaba? ¿Lo que lo mantenía en marcha?
Estaba tan inmersa en su psicoanálisis del hombre con el que se acostaba que casi no oyó el ping de su teléfono.
Era un número desconocido.
Con el corazón a mil por hora, leyó el mensaje.
Acude a la policía y mataremos a tu hijo.
Lanzó una mirada a todos los agentes de la ley, al personal administrativo y a los operativos que pululaban por allí.
Demasiado tarde para eso.
Adjunta había una foto de Ryan. Era una prueba de vida. Tenía los ojos desorbitados por el miedo, la boca tapada con cinta aislante y las manos atadas a la espalda.
Soltó un grito ahogado y salió disparada del despacho en busca de Patrick.