Hopeless. Tocando el cielo (Hopeless 1) Domingo, 28 de octubre de 2012. 310 h
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Domingo, 28 de octubre de 2012. 310 h

—No podemos quedarnos aquí —me advierte Holder al detenerse frente a su casa—. Karen puede venir a buscarte. No te muevas del coche. Entro a por mis cosas y vuelvo enseguida.

Se inclina hacia mí, me sujeta la cara y me besa antes de bajar. Durante el tiempo que pasa en el interior, me apoyo en el reposacabezas y miro por la ventana, pero no hay ni una estrella que pueda contar. Solo relámpagos, lo que no deja de ser adecuado para una noche como esta.

Cuando Holder regresa poco después, lanza su bolsa en el asiento de atrás, junto a la mía.

Su madre está en la puerta observándolo.

Él se le acerca y le sujeta la cara entre las manos, como hace conmigo.

Le dice algo, pero no distingo las palabras.

Ella asiente y le da un abrazo. Vuelve al coche y esta vez se monta en su asiento.

—¿Qué le has dicho?

Me busca la mano mientras arranca y nos alejamos.

—Que tu madre y tú habéis discutido y que voy a acompañarte a casa de un pariente tuyo en Austin. Que me quedaré con mi padre unos días y que volveré pronto. —Me mira y sonríe—. No pasa nada. Por desgracia, está acostumbrada a que me vaya de vez en cuando, así que no le preocupa.

Me giro hacia la ventanilla cuando la lluvia empieza a golpear con fuerza el parabrisas.

—¿En serio nos vamos a quedar en casa de tu padre?

—Iremos adonde tú quieras, aunque dudo que quieras ir a Austin.

Me vuelvo hacia él.

—¿Por qué no iba a querer?

Holder frunce los labios mientras pone en marcha el limpiaparabrisas. Me apoya la mano en la rodilla y me la acaricia con el pulgar.

—Es tu ciudad natal —responde en voz baja.

Vuelvo a mirar por la ventanilla y suspiro. Hay tantas cosas que desconozco... Tantísimas... Presiono la frente contra el cristal para sentir su frescor y cierro los ojos antes de permitir que salgan a la superficie las preguntas que llevo toda la noche conteniendo.

—Mi padre... ¿sigue vivo?

—Sí, está vivo.

—¿Y mi madre? ¿De verdad murió cuando yo tenía tres años?

Él se aclara la garganta.

—Sí, falleció en un accidente de coche meses antes de que nos instaláramos frente a vuestra casa.

—Y él... ¿sigue viviendo en el mismo sitio?

—Sí.

—Quiero ver la casa. Llévame.

No me responde al momento. Inspira hondo y suelta el aire despacio.

—No creo que sea buena idea.

Me vuelvo otra vez hacia él.

—¿Por qué no? Es mi verdadero hogar, y creo que debería saber que estoy bien.

Holder detiene el coche en el arcén y me clava la mirada.

—Cielo, lo has recordado hace solo unas horas.

Todavía tienes que asimilar muchas cosas antes de tomar decisiones.

Si tu padre te ve y te reconoce, Karen irá a la cárcel.

Tienes que pensártelo bien. Piensa en los medios, la prensa...

Créeme, Sky, cuando desapareciste, los reporteros se pasaron meses acampados delante de nuestra casa.

La policía me interrogó por lo menos veinte veces en dos meses.

Tu vida va a cambiar mucho elijas lo que elijas, pero quiero que tomes la mejor decisión posible.

Responderé a todas las preguntas que me hagas y te llevaré adonde quieras, pero dentro de un par de días.

Si quieres ir a ver a tu padre, iremos. Si prefieres poner una denuncia en comisaría, lo haremos.

Y, si lo que necesitas es alejarte de todo y de todos, podemos hacerlo también.

Pero ahora mismo te pido que dejes que la información se asiente.

Estamos hablando de tu vida, del resto de tu vida.

Sus palabras me afectan; siento un nudo en el pecho. No sé en qué estaba pensando. No sé, de hecho, si soy capaz de pensar con claridad. Se nota que él le ha dado muchas vueltas al tema, pero yo no tengo ni idea de qué debo hacer. Ni puta idea.

Abro la puerta y salgo al arcén. Camino de un lado a otro y trato de concentrarme en algo para no empezar a hiperventilar.

Hace frío y la lluvia cae con tanta fuerza que me aporrea el cuerpo.

Las enormes gotas de agua me hacen daño al estrellarse sobre mi piel; me impiden mantener los ojos abiertos.

Al ver que Holder rodea el coche y se acerca a mí, recorro la distancia que nos separa y le echo los brazos al cuello. Con la cara enterrada en su pecho, me deshago:

—¡No puedo hacerlo! —Elevo el tono para hacerme oír por encima del ruido de la lluvia sobre el asfalto—. ¡No quiero que esta sea mi nueva vida!

Él me besa en la coronilla y se inclina para hablarme al oído.

—Yo tampoco. Lo siento mucho. Me arrepiento de haber dejado que te pasara esto.

Me desliza un dedo bajo la barbilla y me levanta la cara.

Al ser más alto que yo, me protege de la lluvia, pero no hay nada que lo proteja a él de las gotas que le caen por las mejillas, la boca y el cuello.

Tiene el pelo empapado y pegado a la frente.

Mientras le aparto un mechón, pienso que vuelve a necesitar cortárselo.

—No tienes por qué hacer nada esta noche.

Volvamos al coche y finjamos que estamos de viaje de placer, que nos hemos ido porque hemos querido y no porque las circunstancias nos hayan obligado.

Podemos imaginarnos que te llevo a un sitio increíble, a algún lugar adonde siempre has querido ir.

Acurrúcate a mi lado y hablemos de la ilusión que nos hace ir allí.

Ya trataremos los temas serios más adelante.

Pero esta noche... hagamos que tu vida sea otra.

Pego su boca a la mía y lo beso porque siempre tiene la respuesta perfecta; siempre sabe qué necesito oír.

Lo beso por estar siempre a mi lado y por apoyarme decida lo que decida.

Lo beso por tener tanta paciencia conmigo mientras pongo mi vida en orden.

Lo beso porque no se me ocurre nada mejor que montarme en ese coche junto a él y hablar sobre todo lo que vamos a hacer cuando lleguemos a Hawái.

Aparto la boca y, de manera inesperada, en medio del peor día de mi vida, encuentro las fuerzas para sonreír.

—Gracias, Holder. Muchísimas gracias. No podría hacerlo sin ti.

Él me da un beso tierno y me devuelve la sonrisa.

—Sí, Sky. Podrías.