Capítulo veintisiete #2
—Asegúrense de que esta gente tenga todo lo que necesite y quiera mientras no estamos —le dije al equipo de BB a cargo—. Y no se dejen engañar por lo tierno o lo coqueto. Son armas tan poderosas como sus carabinas.
Tenía la intención de demostrar ese último punto esta noche.
Cerré la puerta detrás de mí y crucé el club desierto contoneando las caderas, haciendo tintinear las diminutas monedas que bordeaban mi escaso traje de bailarina del vientre. Respirando hondo para controlar una oleada de ansiedad, me obligué a mantener la calma y pensar con claridad.
Trev y su equipo cibernético habían conseguido acceso encubierto al administrador de la casa de Larson.
Sus correos electrónicos, mensajes y textos revelaron que había sido responsable de algunos de los preparativos para la pequeña reunión de Larson, y eso incluía organizar el «entretenimiento» de la noche.
Esto explicaba por qué algunos de nosotros habíamos burlado la vigilancia continua de Larson y nos habíamos escabullido de la torre BB sin ser detectados. También explicaba por qué estábamos aquí, en este club de caballeros cerrado al público, y por qué yo llevaba dicho escaso traje.
Abrí la puerta y entré al camerino comunal en la parte trasera del escenario.
—Apúrate, no tenemos toda la noche —le estaba diciendo Emme a Lexi mientras ambas estaban frente al espejo de Hollywood, brillantemente iluminado.
Para nuestros propósitos de esa noche, Emme se había teñido el cabello castaño rojizo de negro azabache y se había puesto lentillas azules para cambiar el color de sus ojos de gris a azul violáceo.
—¿Cuántas capas le estás poniendo? —preguntó.
—Las necesarias para cubrir tus pecas —dijo Lexi, dando otra pasada con su rociador de mano—. No lo olvides. Larson sabe qué aspecto tenemos.
Con una peluca arcoíris y unas lentillas negras que anulaban sus iris color larimar, Lexi también había cambiado completamente de aspecto.
—Listo —se echó hacia atrás e inspeccionó su trabajo—. Ni una peca a la vista. Con eso debería bastar. Déjame trabajar un poco en tu nariz.
Lexi inspeccionó la foto del mostrador mientras difuminaba los contornos de la nariz y las mejillas de Emme con unas pinceladas.
—Vaya.
Emme se quedó boquiabierta mirando su imagen en el espejo.
—Me parezco a Lizza L'Amour.
—Te lo dije —Lexi sonrió con suficiencia—. Soy buena. Aprendí de los mejores.
—Por supuesto que sí —Emme completó su transformación con una generosa capa de pintalabios rojo que la convirtió en la gemela de la mujer de la foto—. Eres una puñetera supermodelo.
—¿Qué tal estoy?
Marisol salió del baño abrochándose una camisa negra.
—Como un hombre bajito que además es chófer de limusina —dije, satisfecha con su conjunto.
Con el pelo oculto bajo una peluca corta y rizada, el torso abultado con algo de relleno, pantalones negros, zapatos de vestir y gafas de montura gruesa, daba el pego perfectamente.
—¿Seguro que puedes conducir esa pedazo de limusina? —preguntó Blue mientras se ponía unas medias negras y ligueros a juego para cubrir la cicatriz ya curada del muslo—. No quiero morir porque te saltes una curva y nos tires por un precipicio.
—Soy como Troy —Marisol le lanzó una sonrisa segura—. Puedo conducir lo que sea.
—Mis pechos no caben —refunfuñó Emme, intentando meter a las chicas en un top de lentejuelas doradas que jamás iba a sujetarlas en su sitio.
—Toma, ponte este —Lexi intercambió el top con Emme—. Mis pechos diminutos caben en cualquier parte.
—Toc, toc —llamó Seb desde el otro lado de la puerta—. ¿Estáis todas vestidas?
—Tan vestidas como vamos a estar —respondí, ajustándome el escueto conjunto antes de abrir la puerta y encontrarme con un Seb furioso.
—No me gusta esto —dijo entre dientes—. Me opongo a este plan. Otra vez. Me dejaron a cargo de vuestra seguridad. Esto no es nada seguro.
—Tus protestas quedan registradas —me recordé que Seb, como Kass, era de las Fuerzas Delta y por tanto estaba obsesionado con cumplir órdenes—.
Las circunstancias han cambiado. Tienes nuevas órdenes.
Debemos restablecer las comunicaciones y transmitir información crucial a Kass y los demás.
Así que, por favor, deja de parecer un viejo amargado camino de su propio funeral.
El resoplido de Seb podría haber provocado un pequeño tornado en la habitación.
—Kass jamás estaría de acuerdo con esto.
—Él no está aquí para opinar —le sostuve la mirada a Seb y se la aguanté—. Pero yo sí estoy aquí y soy yo quien toma esta decisión. ¿Queda claro?
—Clarísimo, señora —dijo Seb arrastrando las palabras, pero supe por el casi imperceptible temblor de sus labios que estaba de mi lado.
—Ahora... —extendí la mano—. ¿Trajiste la mercancía?
—Afirmativo —depositó un par de pendientes llamativos en mi palma y señaló el de la derecha—. Este es el bueno.
—Gracias.
—De nada —dijo Seb—. Voy a esperar fuera.
Entrecerré los ojos para examinar el elaborado pendiente en mi mano, recién salido del laboratorio de comunicaciones de Trev. No era el único dispositivo oculto que se había montado a toda prisa en el laboratorio hoy, pero sí era con diferencia el más llamativo.
Mientras las otras mujeres terminaban de prepararse, me puse frente al espejo y me coloqué el ear cuff con forma de aro trepador en el lóbulo. Inserté el pasador por el agujero de mi pendiente y lo aseguré por detrás con un cierre resistente.
El pendiente pesaba, pero el efecto era coherente con mi deslumbrante disfraz. La pluma plateada que colgaba del pasador ocultaba el micrófono. La parte posterior del ear cuff contenía el receptor. Cuando pellizqué el aro inferior, sonó un pequeño clic en mi oído.
—Control —dije—. ¿Me copias?
—Te copio —la voz de Trev llegó baja y amortiguada, pero percibí el alivio ahora que el pendiente funcionaba—. ¿Estás segura de esto?
—Estoy segura —desconecté las comunicaciones, me puse el otro pendiente y me volví hacia las demás—. ¿Estamos listas?
—Ahora sí —dijo Blue, ajustándose la peluca rubia que ocultaba su pelo índigo.
Eché un último vistazo crítico a las mujeres ante mí. Con una generosa dosis del maquillaje expertamente aplicado por Lexi —sombra de ojos con lentejuelas, pestañas postizas enormes y mucho contorneado facial—, ninguna de nosotras parecía ella misma, incluida yo.
Una peluca negra, unas lentillas marrones y el velo que cubría la mitad inferior de mi rostro me daban un gran parecido con Fantasia, la mujer a la que estaba suplantando. Unos guantes ocultaban el vendaje que aún llevaba en la palma.
Nuestro plan era arriesgado pero lógico. Nuestra única ventaja era que el propio Larson había seleccionado del catálogo del club a las mujeres que entretendrían a sus socios esa noche: Fantasia, Lizza L'Amour, Destiny y Diesel.
Habíamos replicado las características físicas de esas cuatro mujeres lo mejor posible. También teníamos sus identificaciones e iríamos en la limusina del club, ya registrada en el sistema de seguridad de Larson. Súmale a eso unas cuantas sorpresas y estábamos listas.
Me puse el abrigo de Fantasia, una creación de piel sintética que parecía sobria en comparación con los deslumbrantes abrigos de las demás.
—¿Señoras? —extendí el brazo hacia la puerta—. Nuestro carruaje nos espera.
Ya no había vuelta atrás.