Herba Vitae CAPÍTULO 9 El manuscrito de Yusuf
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CAPÍTULO 9 El manuscrito de Yusuf

BLOQUE 1

La pieza electrónica encontrada en las galerías fue enviada inmediatamente al laboratorio del Patronato para su análisis.

Mientras los especialistas comenzaban a trabajar con ella, Adrián permanecía frente al mapa tridimensional de las estructuras descubiertas bajo el Generalife.

Había una pregunta que no dejaba de repetirse.

Si alguien había llegado antes hasta aquel lugar, ¿cómo había sabido que existía?

Omar Ben Youssef rompió el silencio.

—Tal vez no lo descubrieron por casualidad.

Todos lo miraron.

—Hace años encontré varias referencias a un manuscrito que nunca aparecía claramente identificado en los catálogos habituales.

Lucía levantó la vista.

—¿Qué manuscrito?

—Se atribuía a Yusuf ibn al-Jatib. Según las referencias, habría trabajado sobre sistemas de conducción y abastecimiento durante las últimas décadas del reino nazarí.

Adrián frunció el ceño.

—¿Y qué contenía?

Omar respiró profundamente.

—Eso es precisamente lo interesante. Las pocas menciones que encontré decían que no describía palacios ni jardines.

Hizo una pausa.

—Describía el comportamiento del agua.

La frase ya no resultaba absurda.

Después de encontrar conducciones ocultas, cámaras de regulación y estructuras ausentes de los planos modernos, un tratado dedicado a caudales, pendientes y recorridos podía resultar extraordinariamente útil.

Isabel consultó los registros disponibles.

—Aquí no aparece ningún manuscrito con ese nombre.

—Porque probablemente nunca ingresó con esa denominación —respondió Omar—. Según mis notas, a finales del siglo XIX se trasladó un códice atribuido a Yusuf a una sección reservada de otro archivo.

—¿Dónde?

Omar abrió una antigua libreta llena de anotaciones personales.

Buscó durante unos instantes.

—En los fondos documentales vinculados al antiguo convento de San Jerónimo.

Lucía levantó la mirada.

—¿Siguen allí?

—Parte de la colección sí. Otra fue reorganizada varias veces y no todo está digitalizado.

Adrián cerró lentamente la carpeta que tenía delante.

—Si ese manuscrito describe conducciones antiguas, puede ayudarnos a interpretar lo que estamos encontrando.

No era “la única explicación”.

No sabían todavía siquiera si el códice era auténtico.

Pero podía ofrecer algo que hasta entonces les faltaba.

Contexto histórico.

Terminología.

Dibujos.

Quizá referencias a obras que después desaparecieron de los planos.

Omar guardó la libreta.

—Hay otra razón para buscarlo.

—¿Cuál?

—Una de las referencias que encontré hace años mencionaba un apartado dedicado a cierres hidráulicos.

Lucía lo miró inmediatamente.

Adrián recordó el disco de piedra que se desplazaba algunos milímetros cuando cambiaba la presión detrás del muro.

—Entonces vamos.

Sin perder tiempo, abandonaron el Patronato.

Por primera vez desde su llegada a Granada dejaban las galerías para seguir una pista documental concreta.

No buscaban un libro capaz de explicar un misterio sobrenatural.

Buscaban las notas de alguien que quizá hubiera comprendido una parte de la ingeniería hidráulica que ellos apenas comenzaban a reconstruir.

BLOQUE 2

La biblioteca vinculada al antiguo convento de San Jerónimo ocupaba varias salas de acceso restringido.

El responsable del archivo histórico recibió al grupo con evidente sorpresa.

—Omar me llamó hace menos de una hora. No imaginé que fuera tan urgente.

Omar estrechó su mano.

—Buscamos un códice atribuido a Yusuf ibn al-Jatib. Puede haber ingresado a finales del siglo XIX sin una catalogación completa.

El responsable permaneció unos segundos en silencio.

Después hizo un gesto.

—Síganme.

Atravesaron corredores donde el olor a papel antiguo, cuero y madera impregnaba el ambiente. Los fondos estaban almacenados en condiciones controladas y organizados según sucesivas campañas de inventario.

Llegaron finalmente a una pequeña sala sin ventanas.

El archivero abrió una puerta reforzada.

—Aquí conservamos materiales de consulta restringida o de procedencia incompleta.

Lucía recorrió con la mirada los anaqueles.

Había cajas numeradas.

Carpetas.

Volúmenes sin títulos visibles.

—¿Cómo encontramos algo que nunca fue catalogado correctamente?

El archivero abrió un viejo cuaderno de inventario.

—Porque alguien dejó una referencia.

Las páginas estaban llenas de añadidos y correcciones.

Se detuvo en una anotación fechada en 1898.

«Códice atribuido a Yusuf. Trasladado a sección reservada. Consulta con autorización.»

Adrián observó la línea.

—Entonces existía un códice con esa atribución.

—Exactamente —respondió Omar—. Eso no demuestra todavía que fuera escrito por él.

La precisión era importante.

El archivero caminó hasta una estantería.

Retiró una caja de madera oscurecida.

Sobre la tapa aparecía un antiguo sello roto.

No figuraba ningún título.

Solo una palabra en árabe.

Omar la leyó.

—Al-ma’.

Lucía lo miró.

—¿Agua?

—Sí.

La caja fue trasladada a una mesa preparada para consulta.

El archivero abrió la tapa con cuidado.

En el interior descansaba un códice encuadernado en cuero oscuro.

No presentaba decoraciones especialmente llamativas.

Adrián observó la primera hoja desde cierta distancia mientras el archivero colocaba los soportes adecuados.

Había dibujos.

Canales.

Secciones.

Pendientes.

Pequeñas cámaras.

Esquemas de distribución.

Lucía se acercó.

—Esto sí es hidráulica.

Pasaron lentamente varias páginas.

Los dibujos mostraban depósitos conectados.

Cambios de sección.

Derivaciones.

Posiciones de compuertas.

En algunos márgenes aparecían signos cuyo significado todavía no comprendían.

Daniel fotografió únicamente las páginas autorizadas.

—Hay elementos muy parecidos a lo que encontramos abajo.

Lucía comparó un esquema con el modelo de una de las galerías.

—Parecidos, sí. Pero no idénticos.

Adrián asintió.

Era demasiado pronto para decir que el códice constituía el manual exacto de la infraestructura bajo el Generalife.

Podía describir principios generales.

O sistemas que ya no existían.

O intervenciones realizadas en otros sectores.

Omar examinó la escritura.

—Necesitaré tiempo para estudiar la mano y el vocabulario.

—¿Puede ser de finales del período nazarí? —preguntó Isabel.

—Podría. Pero prefiero no fecharlo únicamente por la apariencia.

Adrián recorrió las páginas.

Lo fascinante no estaba en que el manuscrito pareciera demasiado avanzado para su época.

Estaba en lo contrario.

En demostrar hasta qué punto la experiencia acumulada por ingenieros, alarifes y responsables del agua podía producir soluciones sofisticadas sin necesidad de tecnología moderna.

Lucía señaló un dibujo.

—Esto parece una cámara de regulación.

Daniel comparó las proporciones.

—Y podría explicar los ciclos que estamos midiendo.

Adrián levantó la mirada.

Por primera vez tenían una pista histórica que podía conectar varias observaciones realizadas bajo el Generalife sin recurrir a ninguna propiedad imposible del agua.

BLOQUE 3

La consulta continuó durante buena parte de la tarde.

Omar comenzó a traducir algunas notas marginales mientras Lucía comparaba los dibujos con las mediciones realizadas en las galerías.

Una frase apareció repetida varias veces.

Omar la leyó lentamente.

—Yusuf utiliza una expresión que literalmente podría traducirse como «el agua recuerda su camino».

Adrián lo miró.

—¿En sentido literal?

Omar negó.

—No necesariamente. En textos técnicos antiguos es frecuente encontrar lenguaje figurado.

Pasó a la línea siguiente.

—Aquí, por ejemplo, describe que una conducción bien ejecutada devuelve el agua al mismo recorrido después de una variación del caudal.

Lucía comprendió.

—Entonces “recordar” puede significar conservar un comportamiento.

—Exactamente.

Omar continuó.

En otra página aparecía una frase más extensa:

«Quien ordene bien las corrientes conservará la obra cuando sus constructores hayan desaparecido.»

Adrián observó el texto.

Aquello sí encajaba.

No hablaba de memoria almacenada dentro del agua.

Hablaba de infraestructura.

Una pendiente podía sobrevivir a quien la calculó.

Un canal podía continuar distribuyendo agua siglos después.

Una compuerta podía seguir respondiendo a presión y gravedad aunque nadie recordara ya su función original.

La obra conservaba conocimiento porque obligaba al agua a comportarse de una manera determinada.

Lucía pasó otra página.

Había tablas aproximadas.

Indicaciones sobre alturas.

Proporciones entre depósitos.

Tiempos de llenado.

No constituían un “programa” en sentido moderno.

Pero sí podían formar una secuencia operativa.

—Mirá esto —dijo.

Un esquema mostraba dos depósitos conectados mediante una derivación.

El primero debía llenarse hasta cierto nivel.

Después el excedente entraba en un segundo conducto.

Finalmente, una compuerta se movía por presión.

Daniel observó el dibujo.

—Eso podría producir ciclos.

—Sí —respondió Lucía—. Y dependiendo del volumen, podrían repetirse con intervalos relativamente constantes.

Adrián recordó las oscilaciones de aproximadamente doce segundos.

Aquello no demostraba que el manuscrito describiera exactamente el mismo mecanismo.

Pero proporcionaba una explicación históricamente plausible.

Omar continuó traduciendo.

En varias páginas aparecían símbolos junto a determinadas operaciones.

Uno indicaba derivación.

Otro reducción de sección.

Otro parecía marcar un depósito.

—No son letras —dijo.

Lucía lo miró.

—¿Entonces?

—Parecen signos técnicos.

Una forma abreviada de identificar operaciones o elementos del sistema.

Daniel comparó uno con las marcas observadas en las galerías.

Había similitudes.

No coincidencias absolutas.

—Podrían pertenecer a la misma tradición técnica.

Omar asintió.

—Eso sí sería una hipótesis razonable.

Adrián comprendió entonces qué podía significar realmente aquel supuesto “lenguaje del agua”.

No era el agua escribiendo.

Era un lenguaje creado por personas para representar cómo debía circular.

Pendiente.

Nivel.

Desvío.

Espera.

Descarga.

Un conjunto de instrucciones hidráulicas expresadas mediante dibujos y signos profesionales.

Yusuf no necesitaba haber inventado todos aquellos sistemas.

Podía haber documentado conocimientos ya utilizados por trabajadores del agua.

Cuando llegaron a las últimas hojas, Omar se detuvo.

Faltaban páginas.

El corte no parecía producto del deterioro natural.

Varias hojas habían sido retiradas.

El archivero se acercó.

—Eso no estaba así la última vez que revisé este volumen.

Adrián lo miró.

—¿Cuándo fue?

—Hace años. Tendría que comprobar el registro de consultas.

Omar observó el borde.

—¿Podemos saber cuándo fueron retiradas?

—No aquí.

Necesitarían un análisis material.

No podían afirmar simplemente que el corte era “reciente” porque parecía limpio.

Pero el testimonio del responsable del archivo abría otra posibilidad.

Si el manuscrito había estado completo en una revisión anterior, alguien lo había mutilado posteriormente.

Isabel pidió inmediatamente el registro de consultas.

El archivero accedió al sistema.

Había pocas.

Muy pocas.

Una llamó la atención.

Tres años atrás.

Investigador externo.

Autorización especial.

La documentación asociada estaba incompleta.

Adrián sintió cómo el caso cambiaba de dirección.

—¿Nombre?

El archivero amplió el registro.

—Aquí figura.

Lucía se acercó.

No era un nombre que ninguno reconociera.

Todavía.

Adrián volvió al códice.

Las páginas desaparecidas comenzaban exactamente después de una sección dedicada a cierres, depósitos y derivaciones.

No podían afirmar que contuvieran la forma de “poner en funcionamiento” todo el sistema oculto.

Pero sí algo mucho más concreto.

Podían contener información sobre cómo operar determinados mecanismos hidráulicos.

Y alguien se las había llevado.

Adrián recordó las huellas bajo el Generalife.

El dispositivo moderno.

Las marcas de herramientas.

Quien hubiera llegado primero podía no conocer todo el sistema.

Quizá estaba reuniendo las piezas necesarias.

Planos.

Accesos.

Mecanismos.

Ahora también instrucciones.

Lucía cerró cuidadosamente su copia fotográfica.

—Si esas páginas describen un cierre parecido al que encontramos...

Adrián completó:

—Entonces quien las tenga puede saber cómo abrirlo.

El misterio dejó de estar en la supuesta memoria del agua.

Estaba en algo mucho más concreto.

Un conocimiento hidráulico escrito siglos atrás.

Un mecanismo que todavía existía.

Y una persona moderna que parecía haber conseguido la parte del manual que a ellos les faltaba.