Hasta Que Nuestros Mundos Choquen Capítulo 1
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Hasta Que Nuestros Mundos Choquen

Hasta Que Nuestros Mundos Choquen

Por Paulina G. Tamez

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Capítulo 1

Katerina

Corrimos a toda velocidad en busca de un lugar para escondernos, mis pies duelen por los botines así que hago una parada rápida para quitármelos y aumentar la velocidad, pero tras unos pasos, siento como mi mano suelta la de Mina así que volteo para tomarla de vuelta.

—¡Vamos Mina, no me sueltes!

—Eso intento Kate, pero ya no puedo más. Estoy muy cansada.

—Solo un poco más. Tenemos que perderlos de vista.

​ Seguimos corriendo hasta que vi un callejón completamente oscuro.

Jalé a Mina y nos adentramos a lo más profundo pegándonos a las paredes viendo como la fila de antorchas y lanzas pasa a toda velocidad no mucho después.

Nos quedamos unos minutos más en alerta por si volvían, pero al ver que no, respiramos aliviadas.

​ Mina se quita unos mechones rosas de la cara y se los acomoda rápido en su trenza para después pasarse una mano por la frente y quitarse el sudor de su piel fucsia. Yo siento el suelo frío a través de mi falda cuando colapso en el suelo recuperando el aliento, pero el corsé aplasta mis pulmones.

—Mina, ¡¿cómo se te ocurre hacer algo así?!

—Lo lamento—. Sus ojos morados están vidriosos.

—Sabes que no podemos acercarnos a los humanos.

—Lo sé, pero escuché una hermosa melodía y quería ver que era.

—No vuelvas a hacer algo así; y menos sola, por favor.

—Está bien, lo siento—. Su mirada va al suelo con el colmillo aprisionando su labio.

​ A pesar de lo que me hizo correr no puedo estar mucho tiempo enojada con ella, la quiero demasiado, así que me levanto y la rodeo con mis brazos.

Ella no duda en regresármelo y nos quedamos así un par de minutos; una lágrima resbala por su mejilla cubriendo su pequeño murciélago al separarnos y me apresuro a limpiarla, no me gusta ver a la más pequeña de mis amigas —a ninguna de hecho— mal.

—Volvamos con las demás ¿sí? Nos deben de estar esperando.

​ Mientras me vuelvo a colocar mis botines, Mina asiente y después caminamos alertas a cualquier amenaza hasta que llegamos a terreno conocido y las siluetas de nuestras amigas se van dibujando.

—¡Volvieron! —Creta corre y nos envuelve en un abrazo—. Estábamos muy preocupadas por ustedes. ¿Dónde estaban?

—Fue mi culpa—. Mina dice con las mejillas coloradas.

—Lo importante es que ya están aquí—. Nessia habla desde el fondo.

​ Nos acercamos y tomamos asiento con ellas, pero mientras hablan, mi mente vuela a la última hora y la bilis sube por mi garganta.

Mina no debió irse sola. No debió irse y punto.

Cuando me di cuenta de que no estaba fui a buscarla y la encontré escondida observando a un grupo de humanos.

Al acercarme a ella, uno de ellos nos vio y alertó a los demás quienes enseguida se armaron y empezaron a perseguirnos.

Solo pensarlo me pone mal; ver a cada una de mis amigas y saber que están en constante peligro me hace estar en alerta y más cuando no estamos juntas.

​ La rivalidad entre humanos y monstruos lleva muchos siglos; antes vivían en paz, pero algo pasó que desató la rivalidad.

Desde el momento en que empezó, la Élite Light-Hell se creó específicamente para acabar con nosotros, son muy sigilosos y sus ataques son tan rápidos que solo te das cuenta cuando ya es muy tarde.

Nadie sabe qué fue lo que pasó y nadie se ha procurado buscar.

Mi padre siempre ha dicho que los humanos son malos y crueles que solo juegan contigo y con una sola diferencia que tengas, te conviertes en monstruo para ellos y que por eso lo mejor es quedarnos en nuestro lado del pueblo.

—Kate, ¿estás bien?— Creta me saca de mis pensamientos.

—Si. No te preocupes—. Sonrío para calmarla.

—Ya pasó Kate, ya estamos juntas. No te agobies—. Pasa un brazo por mis hombros pegándome a ella.

​ Creta es mi mejor amiga y ella sabe que pienso de los humanos, todos lo pensamos, pero es un poco más difícil para mí.

—¿Segura que a tu padre no le molesta que nos quedemos a dormir?— Nessia se acerca.

—No. Mientras no nos acerquemos a su habitación ni hagamos mucho ruido.

—Entendido—. Nereida guiña el ojo.

—¡Que emoción la pijamada!— Mina chilla—. Ya nos hacía falta.

—Definitivamente. Siento que ha pasado una eternidad desde la última.

—¡Pero si fue hace nada!

​ Todas nos echamos a reír y después caminamos el último tramo para llegar a mi casa.

La melodía del piano retumba por todos lados cuando abro la puerta así que les hago la señal de silencio a mis amigas y vamos directo a mi cuarto, nos ponemos la ropa para dormir y acomodamos todo.

Estuvimos platicando hasta que el ruido de nuestros estómagos sufriendo nos interrumpió.

​ Bajé a la cocina que solo estaba iluminada por una vela a la mitad.

Cuando anochece, mi padre prende una vela y así nos ayuda a identificar la hora, por su tamaño puedo ver qué ya no tarda en amanecer; tres horas más de noche máximo.

Fui a los gabinetes para coger la comida que había comprado para la pijamada y cuando me di la vuelta, se me cayeron varias bolsas del susto.

—Papá—. Me puse la mano en el corazón—. Me asustaste, no te oí entrar.

—Lo lamento hija—. Sonríe mientras se agacha para recoger lo que se me cayó. —Déjame ayudarte.

​ Acomodamos todo en nuestros brazos y comenzamos a caminar hacia mi cuarto.

—¿Tú y tus amigas se la están pasando bien?

—Mucho—. La llama de la cocina aparece en mi mente—. ¿Te…despertamos?

—En absoluto.

—¿Entonces que haces despierto?

—No tengo sueño—. Sonríe con pesadez.

​ Llegamos a nuestro destino donde las risas se escuchan al otro lado. Abro la puerta y Creta viene a ayudar con lo que tengo en las manos, mi padre se queda afuera y me pasa las cosas que me ayudó a cargar.

—Buenas noches melodía.

—Buenas noches, padre.

​ Cambiamos sonrisas y él regresa a su habitación, mi padre no es de los que se deje ver mucho; ni siquiera con otros monstruos. Creo que aún le trae recuerdos del pasado, pero igual me pesa el corazón.

—¿Todo bien con tu padre Kate?— Creta dice en un susurro.

—Si si —suspiro—. Ya sabes cómo es él—. Sonrío con cierta tristeza.

​ Mi mejor amiga me abraza mientras nos acercamos al círculo con las demás chicas donde comemos y reímos hasta que poco a poco nos fuimos quedando dormidas.

Creta y yo fuimos las últimas en dormir, pero yo aún estaba un poco consciente cuando siento algo cálido cubrir mi cuerpo; una manta.

Entreabro mis ojos y me encuentro con mi padre cubriéndome no solo a mí, sino a mis amigas mientras tararea una dulce melodía.

​ Mientras me concentraba en los sonidos, mis ojos se fueron cerrando lentamente y lo último que recuerdo es sentir un dulce beso en mi frente junto con lo frío de la máscara; justo como cuando era una niña.

—Sé que estás despierta —me dice al oído—. Dulces sueños hija mía.

​ Y con eso mi mente viaja al mundo de los sueños.