Harrison (The Level 1) 24. Clínica de Maternidad Privada Walker, Westminster
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24. Clínica de Maternidad Privada Walker, Westminster

Clínica de Maternidad Privada Walker, Westminster

Harrison

Sus grandes ojos marrones parpadean hacia los míos como los de un búho aturdido.

Me mira como si fuera producto de su imaginación.

Me escudriña el rostro, luego levanta la mano que tiene libre y me toca la mejilla.

Cierro los ojos ante su contacto. Joder, qué bien sienta tener sus dedos sobre mi piel.

—Estás aquí de verdad —susurra para sí. Me inclino y vuelvo a besarla.

—Sí, lo estoy, y te vienes conmigo. —Mi atención se desvía hacia la matrona—. Gracias por toda su ayuda, enfermera Saffron.

—Ha sido un placer, señor Waite —responde ella—. Estoy encantada de poder ayudarle después de lo que hizo por mi hermano. Ahora, tendrán que darse prisa para que no se den cuenta de que Violet se ha ido.

—Harry, ¿qué está pasando?

—Te lo explicaré más tarde. Tenemos que irnos. Hay un coche en la parte de atrás. Saldremos por la puerta trasera. Tu madre nos dará diez minutos antes de dar la voz de alarma.

—¿Dónde está?

—Probablemente en el puesto de enfermería, tomándose una taza de té —le digo con una sonrisa—. Venga, te lo contaré todo más tarde. Tenemos que irnos, Violet.

—¿Has venido solo? —continúa ella mientras la enfermera le limpia el gel del vientre. Se baja de la camilla y se alisa el vestido.

—¿De verdad crees que sería tan estúpido como para venir solo?

—No, pero… —deja la frase a medias y se encoge de hombros—. Después de la última vez, ¿por qué iban a querer ayudarte tus amigos?

—Porque les importas. Damon, Hunter y Marshall están todos en un coche que nos seguirá.

Russell y Connor están fuera, en las puertas principales, en un segundo vehículo.

Vamos a salir por la entrada trasera, pero me imagino que tu padre tendrá otros hombres cerca.

Dudo mucho que solo haya enviado a dos contigo.

—Entrelazo mis dedos con los suyos y la atraigo a mi lado.

Levanto la otra mano hasta su barbilla y le paso el pulgar por el labio inferior.

Me mira fijamente; podría perderme en sus ojos.

Ha sido un riesgo desde que era un chaval de dieciséis años—.

Creía que te había perdido —susurro—. Tenemos que irnos ya para poder mantenerte a salvo.

—Comprobaré si hay moros en la costa —dice la enfermera Saffron.

Nos dedica una amplia sonrisa y desaparece por la puerta.

Llevo a Violet hacia ella y nos quedamos en la sala de ecografías esperando el regreso de la enfermera.

Unos minutos más tarde, la puerta se entreabre—.

Vale, tu madre va de camino a la sala de espera. Iros.

Corremos. Tiro de ella y salimos por una puerta de emergencia en la parte trasera del edificio.

Mi Ferrari negro nos espera con un coche más grande y elegante detrás.

Abro la puerta del copiloto y la ayudo a entrar.

Mientras se abrocha el cinturón de seguridad, me subo a su lado.

El motor ya ronronea bajo nosotros. Piso el acelerador y salimos volando por la puerta trasera hacia las calles residenciales de Londres, con el segundo coche pisándonos los talones.

Mi teléfono empieza a sonar. Pulso el botón de aceptar llamada del volante y oigo la voz de Connor. —Ya saben que ha desaparecido —dice—. Los dos guardias de seguridad han bajado corriendo la escalinata principal con mi madre gritando detrás de ellos. Está interpretando bien su papel.

—Los ha engañado a todos —convengo.

—¿Mi madre está metida en todo esto? —pregunta Violet, con un tono que evidencia su sorpresa.

—Fue idea suya. Entre tu madre y Connor, pudimos idear un plan para sacarte de allí. —Cojo su mano y la apoyo en mi muslo.

—¿Adónde vamos? —pregunta.

—A The Level por ahora, pero puede que tengamos que cambiar de planes. Al menos es seguro. Hunter tiene hombres apostados por todo el edificio y sus alrededores. —Ella asiente, pero no me mira. Antes de que pueda decir nada, lo hace Connor.

—Tenemos compañía. Pisa a fondo.

Flexiono el pie, pisando el pedal con más fuerza.

Violet me aprieta los dedos con más fuerza.

Una mirada por el retrovisor me indica que tres vehículos viajan detrás de los chicos, todos todoterrenos grandes y oscuros con lunas tintadas a juego.

Otro se pone delante de nosotros. Violet suelta un gritito.

—Son Russell y Connor —le digo. Intento soltar mi mano de la suya, pero ella aprieta más fuerte—. Me vendría bien tener las dos manos en el volante. —Sus mejillas se sonrojan mientras me suelta y pone las palmas de las manos en su regazo.

El coche de delante aumenta la velocidad y luego se desvía bruscamente para esquivar un taxi que toca el claxon.

Lo sigo. El velocímetro vuelve a subir, muy por encima del límite.

El tráfico es denso en el centro de la ciudad, como de costumbre, pero se mueve.

Zigzagueamos, un convoy de vehículos negros que se dirigen todos al mismo destino.

—Estamos a ocho kilómetros de The Level—ladra Russell.

No veo la furgoneta negra; aparece por una calle lateral y golpea la parte trasera de mi coche.

Damos vueltas, sin control, por todos los carriles.

Otro vehículo oscuro nos golpea de frente.

Violet grita y luego se calla. Mi cabeza se estrella contra la ventanilla; oigo el sonido de cristales rotos y metal arrugado.

El accidente dura unos segundos, pero parece que lo vivo a cámara lenta.

El mundo a mi alrededor da vueltas, los coches, la gente y los edificios desaparecen en una neblina.

Nos detenemos bruscamente junto a una barrera de seguridad.

—Waite, ¿me oyes? —grita Connor, intentando abrir mi puerta a la fuerza.

Miro a Violet. Está tumbada en el asiento del copiloto, con la frente apoyada en la ventanilla.

Un hilo de sangre le cae por el nacimiento del pelo y le recorre la cara.

Soy consciente de que hay hombres trajeados rodeando el coche.

—Apártalos —le gruño a Connor mientras intento enderezarme.

Mi coche está retorcido a mi alrededor, pero no me siento herido.

Russell aparece al lado de Violet; su puerta se abre, sorprendiéndolo.

Se tropieza hacia atrás. Se oye el sonido de las sirenas y los hombres de traje se dispersan.

Me parece ver a Hunter sujetando algo en la espalda de uno de los hombres: su pistola, sin duda.

Russell se agacha junto a su hermana, apoyando la cabeza de ella en su hombro. —¿Respira? —le pregunto, frenético, mientras el pánico aumenta.

—Creo que sí —responde. Me lanza una mirada de terror—. Pero tiene mala pinta la pierna. Hay mucha sangre.

—Perdone —dice una voz grave detrás de él—. Por favor, déjeme pasar para ver a la paciente. Si pudiera apartarse, por favor.

—¿Quién es usted? —espeta Russell.

—Soy médico —responde él—. Me llamo doctor Ben Jones.

Si fuera tan amable de apartarse para que pueda evaluar las heridas de la señorita.

—Cuando Russell se aparta, un hombre aparece a la vista.

Parece tener unos cuarenta y tantos años, con el pelo oscuro y unos ojos azules brillantes. Se centra en mí—. ¿Cómo se llama?

—Violet —respondo. Él asiente y va a hablar—. Está embarazada —añado. Sus ojos se desvían hacia el vientre de ella, donde el suave rosa deja entrever las curvas.

—¿De cuánto está?

—Eh… —balbuceo y él frunce el ceño, confuso—. De unos cinco meses.

—De acuerdo —dice, hablándole a ella como si estuviera despierta—. Violet, me llamo Dr. Jones. Está a salvo. Ha sufrido un accidente de coche frente al Hospital Guy. Los servicios de emergencia están de camino. Yo me ocuparé de usted. —Le comprueba el pulso y los latidos del corazón mientras habla.

—¿Se pondrá bien? ¿Y el bebé?

—Ahora mismo —dice—, no lo sé. Pero haré todo lo que pueda.

***

Violet

El pitido regular se vuelve molesto. Es incesante, suena una y otra vez mientras intento dormir.

—Que alguien apague ese maldito ruido —murmuro, abriendo los ojos con cuidado.

La habitación es luminosa, y al instante vuelvo a cerrarlos.

Me duele la cabeza; en realidad, me duele todo.

Muevo los dedos de las manos y de los pies; se flexionan, lentamente.

Tras girarme hacia un lado, me encuentro con una mata de pelo oscuro. Ronca suavemente sentado en una silla, inclinado con la frente sobre mi almohada. La puerta se abre y me hace levantar la vista. Samantha entra y sonríe ampliamente.

—Estás despierta —dice en un susurro teatral.

—¿Qué ha pasado? —pregunto, frunciendo el ceño mientras pienso—. ¿Ha habido un accidente?

—¿No te acuerdas? Harrison te llevaba a The Level.

Unos hombres de tu padre os estaban siguiendo y uno chocó contra el coche a propósito.

Luego otro os golpeó para rematar. —Rodea la cama por el lado en el que no está Harrison y me coge la mano—.

Si vas a tener un accidente, las puertas de un hospital son un buen sitio para ello.

—Pulsa el botón de llamada a la enfermera que tiene al lado—.

Será mejor que les digamos que estás despierta.

—¿Sabes si mi bebé está bien? —le pregunto y ella sonríe.

—Sí, Violet. Tu bebé está bien. Te hicieron una ecografía en cuanto te trajeron. Espera a ver al médico que te atendió. Joder, está buenísimo. Mayor, pero buenísimo. —Me río y luego hago una mueca de dolor, y Harry se remueve.

—¿Tenéis que hablar de lo bueno que estaba el médico? —murmura él.

—Pues lo estaba —argumenta Samantha—. Era de esperar que Violet acabara en un accidente y que la salvara él. —Se abanica con la mano y yo vuelvo a reírme. Harry se incorpora mientras la puerta se abre y entra un hombre alto y de pelo oscuro. Si este es el médico, estoy de acuerdo con ella.

—Me alegro de verla despierta, Violet. ¿Cómo se encuentra? —dice, acercándose y cogiendo un portapapeles que cuelga del pie de mi cama. Pasa las páginas.

—Bien, creo.