Ha entrado en casa (Depredador Enmascarado 1) Capítulo 81
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Capítulo 81

S algo de la cocina, subo las escaleras y llamo a la puerta del despacho del Señor Oscuro. Acto seguido oigo un gruñido con forma de:

—No.

Entro de todas formas. No debería decirle a una dama lo que hacer. Ni a mí tampoco.

Lo que encuentro me deja boquiabierta. Relamiéndome. Salivando como un perro ante el más exquisito filete. Kenerick está sentado en la enorme silla de su despacho, con su inmensa polla en la mano y moviendo el brazo en un vaivén intoxicante que envía cientos de descargas repentinas a mi clítoris.

Cierro tras de mí enseguida, pero ni siquiera tengo oportunidad de desnudarme para él, ni montarle un buen numerito. Solo tiro de la tela para enseñarle las tetas, nada más. Se corre observándome con delirio y una maldición jadeante, y lo pone todo perdido.

—Debería ser ilegal estar tan guapo mientras te corres —me contoneo acercándome—. Debería estar penado por la ley en cincuenta y nueve países por lo menos.

Compruebo qué estaba viendo en el ordenador. Es una noticia. La de la muerte de los padres de Clara. Qué grata sorpresa aquella. Mi sexo pulsa con la excitación que me produce su codicia y su maldad. Cuanto más maltrata a esa zorra estirada, más quiero hacerle una mamada.

Y yo siempre quiero hacerle una mamada.

De hecho, no entiendo cómo consigo funcionar sin tener su polla en la boca todo el día.

—¿Qué haces aquí? —pregunta con un deje de deseo que me empaparía las bragas al instante… si llevara unas puestas.

No contesto.

En vez de eso me arrodillo y sacando la lengua, lamo las gotitas de semen que han manchado su mesa sin romper el contacto visual con sus imposibles ojos azules a dos tonos. Kenerick emite un sonido gutural que me deja cachonda perdida .

Hunde los dedos en mi pelo y me acerca a su polla. Me la meto entera en la boca. Hasta el fondo. Me encanta su sabor.

Es el favorito de Chloe. Y el de Nathalie también.

Succiono su largura y paso la lengua en movimientos circulares por el glande. Para cuando me separo, ya está duro como una piedra otra vez.

—Alguien podría entrar aquí —digo desnudándome.

—Eso no hace que quiera follarte menos.

Mátame camión. Le quiero tanto.

—Buena respuesta, señor Ashcroft.

Me cojo las tetas y las junto alrededor de su erección. Utilizo el poco espacio que hay entre mis firmes montañas de plástico para darle la ajustada fricción que necesita.

—He estado con Clara. Estaba flipando en la cocina. Parecía a punto de tener uno de sus ataques de pánico.

Sonríe y aparece el maravilloso hoyuelo.

Su rostro enseguida se contrae de gusto.

Sus gruñidos de placer son música para mis oídos.

Kenerick acaricia mi mejilla, cogiéndome del cuello para atraerme más hacia sí, usándome a su antojo.

El movimiento de sus caderas es cada vez más brusco y las primeras gotas de semen empiezan a gotear de su punta.

—Quiero correrme en todo tu cuerpo.

—Hazlo. Quiero que cuando vuelva a esa estúpida y ridícula fiesta lo haga oliendo a ti.

— Joder —gruñe.

—Eres mío.

Antes de correrse, me mete la polla en la boca de golpe. Me produce una arcada, pero no se detiene. Me tapa la nariz y me quedo sin aire. Mis pulmones arden mientras la lengua se me impregna de su sabor.

La excitación es tan salvaje que el orgasmo me arrolla mientras su calidez se vierte en mi garganta y Kenerick me mira como si fuera lo más bonito que ha visto nunca.

Lo soy. Pagué mucho dinero para serlo.

Hago mi primera inhalación y no espera a que me recupere. Me sube a su regazo, sin importar quién pueda vernos y me besa. Total, si Clara llega, podremos hacerle creer que se lo ha imaginado todo. Pobre Santa Clara… la que le espera.

—Tienes el maquillaje hecho un desastre.

—¿Va a despedirme por ser tan inapropiada, señor Ashcroft? —gruñe de placer por esas últimas dos palabras y me mete la lengua hasta la campanilla.

En cuanto su erección crece entre mis piernas me empalo con ellas.

Nunca.

Tendré.

Suficiente.