Ha entrado en casa (Depredador Enmascarado 1) Capítulo 39
41%

Capítulo 39

N o muy bien. Para empezar, esta mañana he recibido una llamada preocupante de la escuela de verano.

«—Hola, señora Ashcroft, buenos días. La llamaba porque Liam ha estado haciendo algunos dibujos extraños últimamente.

—¿Extraños? ¿A qué se refiere?

—No pretendo preocuparla. Es una sombra, parece una mujer dándose fuertes cabezazos contra la pared.

Lleva un vestido peculiar, con mangas abullonadas con rayas envejecidas y puños rematados en volantes desgarrados.

Es bastante siniestro. Se lo comento por si ha ocurrido algo en casa, ¿quizá sea de alguna película?

Solo queremos asegurarnos de que Liam está bien y que usted lo tenga en cuenta, señora Ashcroft».

He tenido que dar un par de vueltas por la casa para armarme de confianza y valor antes de venir aquí y aparentar que soy un pilar fuerte en el que se puede apoyar.

—¿Mami? ¿Me oyes?

Mi corazón se salta un latido. Le ocurre algo y no quiere decírmelo porque está preocupado por mí. Soy una madre horrible.

—Bien, tesoro. Estoy bien, pero tienes ocho años, no tienes que preocuparte por mí.

Me abraza. Durante los instantes que se niega a soltarme, casi parece que vuelve a ser mi bebé y no un niño grande de ocho añazos.

Recorro con la mirada la habitación azul tan llena de vida con coches de juguete, un montón de videojuegos apilados junto al ordenador, espadas láser, cómics, superhéroes.

—Te puedes quedar aquí todo el tiempo que quieras, mami.

Pero qué dulce es, por dios.

Decido hablarle de lo otro, para ver si puedo solucionar uno de los dos asuntos. Quizá incluso tengan que ver. No me sorprendería que la del dibujo fuera una versión demonizada de la au pair.

—Liam, ¿te parece bien la habitación que le asignamos a Chloe? —pregunto y él al instante hace una mueca—. Escogí ese dormitorio porque era el más acogedor y estaba listo para utilizarse. Quería que tu nueva profesora se sintiera cómoda. Ahora creo que hice mal al no consultarte.

—Me cae bien Chloe —admite en tono triste—, pero al principio me molestó. Esa habitación no es suya. Aunque supongo que está bien que alguien la use. Yo no voy a olvidarme de a quién pertenece realmente y la habitación tampoco.

Me contrae el corazón.

—¿Por eso escribiste Melisa en los muebles? ¿Para que la habitación no se olvidara?

—Sí. Perdón —las comisuras de los labios se le caen hacia abajo—. Quería sentir que era suya de verdad.

—Esa habitación siempre será de tu hermana.

—Ya, pero Melisa no tuvo oportunidad de escoger el color de su habitación. Va a quedarse de color blanco para siempre y no quería… Me daba pena pensar que lo vería desde el cielo y pensaría que no tiene lugar en esta casa.

—Mi tesoro. —Atraigo a Liam a mi regazo y lo acuno con cariño.

No sufrí un aborto, ni una pérdida temprana. Mi hija nació. Pero muerta.

No puedo empezar a expresar el dolor que sentí cuando después de todo el dolorosísimo embarazo, volví del hospital sin mi bebé. Es algo que no va a dejar de dolerme nunca.

En su día, Kenerick y yo también hicimos la habitación de Liam blanca para que cuando viviera en ella pudiera elegir el color que más le gustara. Preparamos la habitación de Melisa para que hiciera lo mismo, pero eso nunca llegó a suceder. Así que lleva años blanca, nueva, cogiendo polvo.

—Siento mucho lo que te pasó, mami. Pero no es culpa tuya.

—Gracias por decirlo, Liam —ya no puedo aguantarme más las lágrimas, así que dejo que caigan.

—¿Papá y tú no vais a tener más hijos?

—No, tesoro, el médico dijo que era muy peligroso para mí.

—No quiero que te pase nada —sorbe flojo por la nariz esperando que no me dé cuenta de que también está llorando.

—No me va a pasar nada, Liam. —Le abrazo tan fuerte que temo hacerle daño, pero él también me aprieta hasta que nos soltamos. Cuando le limpio las lágrimas, él hace lo mismo con las mías. Tengo el niño más dulce de todo el mundo—. Tengo una idea.

—¿Cuál?

—¿Qué te parece si cuando acabe el verano y Chloe se marche, tú y yo escogemos un color para tu hermana? Así seguro que se sentirá más cerca nuestro.

—¡Me encanta la idea! Si ella no puede escogerlo, ¡lo haremos nosotros!

Sonrío de verdad por primera vez en días.

Este niño no se da cuenta del bien que me hace.

—Vale, tesoro. Te dejo seguir trabajando, no quiero que Chloe te regañe por no tener los deberes a tiempo.

—Ella no me regaña, es muy buena.

No puedo evitar sentir una punzada de celos en la boca del estómago. Soy muy posesiva, igual que los villanos que me gustan.

—Liam, voy a preguntarte algo y quiero que seas sincero, ¿crees que Chloe es una versión mejorada de mamá?

La cara de mi hijo es un poema. Horror se queda corto. Espanto también.

—¡No! ¡Como tú no existe nadie!

—¿De verdad? —insisto—. Es más joven, más guapa, y se le da muy bien el francés.

—¡A mí eso me da igual, tú eres única en el mundo! Por favor, ¡no te vayas a ninguna parte! ¡Eres mi mundo entero! —dice con timidez, como si una parte de él se arrepintiera de haberlo admitido.

—¿Y a dónde me iba a ir? —le hago cosquillas para que se ría.

Liam me idolatra y aunque nunca me he sentido merecedora de dicha admiración, sí muy agradecida. Cuando me voy de su cuarto me prometo volver a mis cabales por él, cueste lo que cueste.

Y para eso necesito pastillas porque el dolor de cabeza de hoy me está matando.