Capítulo 13
La segunda sacudida llegó antes de que el informe del tiroteo estuviera terminado.
No fue un disparo ni una persecución. Fue peor. Fue movimiento.
Victor fue el primero en notarlo. Una alerta menor, casi irrelevante, enterrada entre datos que normalmente no merecían atención.
—Tenemos un problema —dijo, sin levantar la voz.
Eso bastó para que todos se acercaran.
—¿Dónde? —preguntó King.
—En todas partes —respondió Victor—. Tres puntos que no tenían relación entre sí empezaron a moverse al mismo tiempo.
Thomas chasqueó la lengua.
—Eso no es reacción. Eso es ajuste.
Carol ya estaba de pie.
—Entonces el ruido funcionó —dijo—. Los obligamos a mostrar cartas.
No hubo reunión larga. No había tiempo. Las decisiones se tomaron sobre la marcha, como debía ser.
—Dividimos —ordenó King—. Dos y dos. Sin heroicidades.
—¿Quién va conmigo? —preguntó Thomas.
—Depende —respondió Carol—. ¿Hoy corres bien?
—Hoy sí.
Salieron casi al mismo tiempo. El tráfico estaba más pesado de lo habitual. Demasiada gente. Demasiada normalidad para lo que estaba ocurriendo debajo.
El primer punto cayó sin resistencia. Demasiado fácil. El segundo, no.
Carol y Thomas llegaron a un edificio de oficinas que ya debería haber estado vacío. Sin embargo, había luz en un piso que no figuraba en ningún registro reciente.
—Eso no me gusta —murmuró Thomas.
—A nadie le gusta lo obvio —respondió Carol.
Subieron por la escalera. A mitad de camino, escucharon pasos rápidos arriba.
—Nos oyeron —dijo Thomas.
—Entonces ya no importa el sigilo —respondió Carol.
La puerta se abrió de golpe. Un hombre salió corriendo, empujando sin mirar. Thomas lo interceptó mal, resbaló y casi cayó junto a él.
—Genial —gruñó—. Muy elegante.
Carol reaccionó antes de que el hombre pudiera sacar el arma. Todo terminó contra la pared, rápido, sin espectáculo.
—¿Estás bien? —preguntó ella.
—Mi dignidad no —respondió Thomas—. El resto, sí.
Mientras tanto, King y Victor no tuvieron tanta suerte.
El tercer punto no estaba vacío. Tampoco improvisado. Dos hombres armados, listos para moverse, no para quedarse. El intercambio fue breve, pero serio. Disparos controlados, cobertura justa, decisiones rápidas.
—Esto ya no es ruido —dijo Victor mientras se reubicaba—. Esto es limpieza.
—Sí —respondió King—. Y no es nuestra.
Uno de los hombres cayó herido al intentar escapar. El otro logró huir, dejando atrás un teléfono que no dejó de vibrar.
—No contestes —dijo King.
—Ni pensarlo —respondió Victor.
Cuando finalmente se reunieron, el cansancio era visible. No agotamiento, sino esa tensión que se acumula cuando todo ocurre demasiado rápido.
—Esto no fue reacción al tiroteo —dijo Carol—. Fue una maniobra preparada.
—Nos usaron como excusa —añadió Victor—. Querían mover piezas grandes mientras mirábamos otra cosa.
Thomas se apoyó en el coche.
—Entonces la pregunta no es qué hicieron hoy —dijo—. Es qué lograron mover sin que lo viéramos.
King no respondió de inmediato.
—Eso lo sabremos pronto —dijo al fin—. Porque cuando alguien mueve demasiado, deja rastro.
Las sirenas se oían a lo lejos. Otra vez tarde. Otra vez inútiles.
El equipo se quedó un momento en silencio.
La acción no había terminado. Solo había cambiado de forma.
Y esta vez, ya no se trataba de responder.Se trataba de adelantarse.