21 Fayette #3
Las comisuras de su boca temblaron.
—Oh, ya estoy deseando ver todas las escenas que vas a montarme. Será tremendamente entretenido.
—Retira eso.
—Bien, no entretenido. Pero sí aterrador.
Ahora ella también tuvo que sonreír.
—Mucho mejor.
Lyra miró alrededor, un poco desorientada, y por fin tomó asiento en el sillón del rincón, con su mirada fija en el grupo.
—Ven a sentarte con nosotros, Lyra —la instó Patricia con un tono inusualmente distante.
Ella dudó antes de seguir la petición y acomodarse en silencio en la última silla libre.
En silencio, Fayette preguntó a Noah si sabía qué había ocurrido entre las dos mujeres de fuego.
Él no tenía ni idea, pero transmitió la pregunta a Lazar con la misma discreción.
Un momento después, anunció que las dos habían sido mejores amigas en el pasado.
Fayette intuyó un jugoso cotilleo y se dirigió ahora hacia Lazar para obtener más información.
Pero él —de forma bien obstinada— se mantuvo callado y bloqueó su décima pregunta diciendo que no era ningún reportero del Heraldo de Nieve.
Menudo aguafiestas.
—Bueno —comenzó Saul. Apoyó el brazo con naturalidad en el respaldo de la silla de Patricia y le acarició el hombro—. ¿Cómo les ha ido a todos?
Todos comieron con avidez mientras Noah y Fayette se turnaban para relatar cómo habían caído en las garras de Reena.
Saul dejó que Patricia hablara para informar sobre sus aventuras; y después, Lazar describió lo que él y Eyra habían experimentado.
Cuando su voz se apagó, un silencio pensativo invadió la pequeña cabaña.
—El reinado de Saul debe haber sido el más corto en la historia de Vallesland. —Fue Noah quien rompió el denso silencio.
—Y tú eres el Rey de las Hadas menos parecido a un hada que jamás ha existido —le devolvió Saul.
Lazar tomó un trozo de carne seca.
—Sí, podría pensarse así, pero en los últimos siglos, la corona en la que estaba engastada la piedra ha pasado por las manos de muchos que no eran hadas.
Noah le dio un puñetazo juguetón en el hombro.
—Nuestro sabelotodo, como siempre.
—Incorrecto. Como siempre, el único de los tres que conoce los hechos.
Noah sacudió la cabeza, divertido.
—Si no te tuviéramos, todos estaríamos perdidos, ¿verdad?
—Ya es bastante asombroso que lograran conseguir las otras piedras —respondió Lazar, impasible.
—Y, sin embargo, aquí estamos todos.
—Casi todos. —Saul dejó escapar un suave suspiro—. Falta Eyra.
Lazar apretó los labios hasta formar una fina línea. No solía mostrar sus emociones, pero en ese momento, resultaba evidente lo mucho que echaba de menos a su compañera.
Noah cerró los ojos. Tras un rato, anunció:
—Ella también desea estar aquí con nosotros.
El rostro de Lazar se ensombreció, como si pudiera ocultar su dolor tras su máscara de frialdad.
—Tenemos que hablar sobre cómo proceder.
—Lo haremos en un minuto. Primero, veamos esas cosas. —Noah metió la mano en su abrigo, que colgaba sobre la silla, y sacó el pequeño cofre con la piedra de las hadas.
Lazar también se levantó y sacó dos pequeñas cajas de su equipaje. Mientras tanto, Patricia tomó una caja de hojalata de un aparador y la colocó junto a las otras.
Todas las miradas se centraron en los cuatro recipientes, por cuyos contenidos habían luchado tanto.
—Eyra pidió que discutiéramos la profecía de Madame Moryena. —Saul rompió una vez más el silencio—. Pero he olvidado las palabras exactas, y desde que me quité la esmeralda, ya no puedo hablar con ella.
—Bueno, tenías cosas más importantes en la cabeza —replicó Noah.
—Déjalo de una vez —intervino Lazar una vez más.
—¿De qué trata esa profecía? —presionó Fayette.
Al igual que ella, Lazar y Lyra miraron alrededor interrogantes.
Noah entrecerró los ojos como si estuviera escuchando a Eyra.
—Tres compañeros, tres príncipes, en un corazón entrelazados, el invierno acaba cuando por ellos el mundo ha llorado.
La Fuente es amor, la Fuente es poder, cuando ella une las piedras, su obra encuentra su luz al renacer.
—Inclinó la cabeza de un lado a otro—. La bruja afirma que es una profecía de Sephos. Pero Eyra lo duda.
Fayette tragó saliva con dificultad y tomando la mano de Noah, la apretó con fuerza. Todo en su interior se tensó ante la idea de que esta profecía pudiera hacerse realidad.
—Las fuerzas del bien difícilmente nos enviarían a este viaje solo para decirnos justo antes del final que vamos a morir. —Noah abrió el debate—. No tiene sentido.
Saul asintió.
—Ese también fue mi primer pensamiento.
—¿Y cuál sería la alternativa, de todos modos? —preguntó Patricia—. Si lo estoy entendiendo bien, Eyra tendría que ir a la guerra si no destronamos a Lorelai destruyendo el cristal. Eso ni siquiera es una opción.
Saul tamborileó con los dedos sobre la mesa.
—Tal vez esto solo sea un intento de las fuerzas malignas para asustarnos. Eyra debería tener cuidado con Madame Moryena. Seguiremos con nuestro plan y arrojaremos las gemas a la Fuente. Entonces Lazar podrá reclamar el trono y traer la paz a la tierra.
Patricia colocó su mano sobre los inquietos dedos de Saul, y el suave tamborileó cesó.
—Pero ¿por qué Madame Moryena me ayudó a separarme de Emberis si es su discípula?
Saul se encogió de hombros.
—Quizás sirva a otra fuerza maligna.
—La cuestión es qué están haciendo los dioses ahora mismo, de todos modos. —Noah miró con fijeza un punto indefinido en la pared de madera. Tras unos segundos, miró a Fayette—. ¿Puedes proporcionarme un poco de magia azul?
Aunque no sabía por qué se lo pedía, le transfirió un poco de magia a través de sus dedos entrelazados.
Noah esperó un momento, y luego su expresión se iluminó.
—Parece que Reena se ha rendido por ahora. Al menos la magia no se disipa de inmediato. Tal vez se ha dado cuenta de que ya no puede castigarme de esta manera. Además, está demasiado callada. No es que me queje…
—Solía hablar bastante —intervino Fayette.
—Eyra acaba de decir que también hay silencio por parte de Emberis. ¿Qué hay de ti, Saul? —Noah sacó algunos frutos secos de un cuenco. Fayette no podía entender cómo aún tenía ganas de comer. A ella ya se le había ido el apetito.
—La esmeralda del bosque funciona de manera diferente. Tienes que tocarla para estar bajo la influencia de Veridion. Durante el viaje hasta aquí, cuando llevaba la gema, tampoco dijo nada.
—Excepto su amenaza de encontrar la forma de matarte —señaló Patricia.
Saul se encogió de hombros.
—Ya lo ha intentado… y fracasó.
—Al menos todo parece indicar que los dioses están de acuerdo —concluyó Patricia.
Saul se frotó los ojos.
—Debemos esperar que estén tramando un plan juntos.
Lazar, que se había mantenido al margen hasta ahora, tomó aire profundamente.
—Arrojaré las piedras a la Fuente yo solo.
—¡De ninguna manera! —objetaron Saul y Noah al unísono.
Fayette tomó un dátil y lo lanzó en dirección a Lazar.
—Iremos todos juntos.
La idea de que fuera Noah quien se enfrentara solo a este peligro le resultaba insoportable. Nunca le haría eso a su hermana.
Saul los miró uno por uno, con una mirada penetrante.
—¿Entonces está decidido? ¿Nos mantenemos en nuestro plan?
Todos asintieron, incluso Lyra.
—Por supuesto, solo tienes que llevarnos hasta la Fuente y luego puedes irte —le ofreció Lazar a la mujer de fuego.
—Que me condenen si no hago todo lo posible para detener a Emberis.
Fayette sentía cada vez más curiosidad por la historia de Lyra. ¿Qué podría haberla llevado a desarrollar tal odio hacia el creador de su pueblo? Pero ese misterio tendría que esperar, ya que un profundo cansancio se iba apoderando de ella cada vez más.
—Deberíamos dormir un poco.
Un chillido estridente cortó el silencio de la mañana.
Fayette se volvió hacia la ventana, donde el sol se alzaba perezosamente sobre las colinas cubiertas de nieve, mientras su luz se dispersaba de manera parcial a través de los cristales escarchados.
Había esperado ver a Rosalind en el cielo; pero en su lugar, dos hipogrifos surcaban el aire: Gypara había llegado.
Fascinada, siguió a las dos criaturas mientras volaban más allá de la ventana en patrones irregulares.
Entonces su mirada cayó sobre innumerables puntos azules brillantes que emergían de la niebla matutina con lentitud.
Entrecerró los ojos y los observó despacio.
Las luces se acercaban. Una sensación inquietante se extendió en su pecho, y su ánimo, ya sombrío, decayó aún más.
—Necesitamos establecer turnos de vigilancia.
—¿Por qué? —preguntó Patricia.
Fayette señaló con la barbilla hacia la ventana.
—Digamos que el Rey de las Hadas atrae mágicamente a sus súbditos.
Todos siguieron su mirada, y Saul se rio.
—Nunca te han faltado admiradoras, pero esto es un nuevo nivel.
Noah gimió.
—Podría prescindir con gusto de ese honor.
—Y lo mejor es que incluso te quieren por tus cualidades interiores, no solo por tu buen aspecto —añadió Saul.
—No. Les interesa su estatus —corrigió Patricia—. Eso es casi peor que reducirlo puramente a su apariencia.
Fayette no salió en defensa de Noah. Después de todas las bromas que él mismo había hecho hoy, se merecía esas burlas.
—Yo haré la primera guardia —intervino Saul con una sonrisa. Parecía que no era tan persistente cuando se trataba de llevar una broma hasta el extremo.
Fayette reprimió un bostezo y después de ayudar a despejar la mesa antes de transformarse en su forma de hada, voló hasta la cama.
Se posó suavemente sobre una almohada. Los próximos días serían una dura prueba.
No creía en esta profecía, no podía creer en ella, o de lo contrario suplicaría a Noah que cancelara su plan.
Y si estaban caminando hacia una trampa preparada por las fuerzas malignas, se liberarían de ella y burlarían a la muerte.
A estas alturas ya tenía bastante experiencia en eso.