Gemas de Hielo y Fuego (Saga entre hielo y fuego 4) 13 Eyra #4
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13 Eyra #4

—Sí, y le costó la vida.

Esta información no era necesariamente útil, porque Celest era una leyenda, y si ella había fracasado, ¿cómo ellos podrían tener éxito? Pero sentía que solo podría ganarse a Lyra con la absoluta verdad.

—Supongamos por un momento que lo que dices es cierto. ¿Por qué nos lo estás contando? ¿Justo en este momento?

—Porque la confronté —gruñó Merkan.

Lyra inclinó la cabeza.

—No, no creo que sea por eso.

Eyra refunfuñó en voz baja. Odiaba que esa mujer de fuego diera directo en el clavo.

—Como he dicho, un juramento que le hice a Emberis me obliga a volver con los dragones para liberarlos.

Noah, que estaba cuidando de la piedra de las hadas, está en problemas.

Por eso necesitamos dos criaturas voladoras.

Tengo que volver al puesto del norte, Lazar tiene que ir con Noah y luego a la fuente.

—¿Se supone que debemos escoltar a tu elfo invernal? —Lyra la miró como si hubiera perdido la cabeza.

—Veo el problema. Como alternativa, tú podrías llevarme al norte y Belgor podría viajar con Lazar a Oritea.

—Absolutamente no —Belgor irrumpió en sus pensamientos.

Eyra suspiró.

—Zeros se negará a llevar a Lazar. Con su ataque, quemó ese puente.

—Lyra y yo podemos ponerlo en vereda —gruñó su dragón.

—Belgor insiste en que acompañes a Lazar. Dice que junto contigo, puede hacer que Zeros entre en razón.

Lyra soltó un profundo suspiro, con la mirada fija en un punto indefinido de la solapa de la tienda.

—Está bien. —La determinación se asentó en sus rasgos mientras apuntaba hacia Eyra—. Si tu elfo confirma tu plan, te ayudaré.

Eyra sonrió. A veces había ventajas en que los elfos invernales no pudieran mentir.

—Eso no debería ser un problema. —Extendió su mente hacia Lazar, pero antes de que pudiera hablarle, sintió su presencia a su espalda.

—¿Oíste todo esto?

Él se colocó detrás de ella sin tocarla. Aún parecía seguir enfadado.

—No.

—¿Podrías explicarles nuestro plan? Ya le he contado todo a Lyra, pero quiere oírlo de ti.

—¿Se puede confiar en ella?

Eyra resumió muy brevemente su conversación. Recalcó que ella volaría con Belgor y él con Zeros para aliviar algunas de sus preocupaciones.

—No es muy digno de confianza si tienes que susurrarle a tu compañero lo que tiene que decir. —Lyra puso fin a su conversación silenciosa.

Lazar se situó junto a Eyra, tan cerca que su hombro rozó el brazo de él. Ese simple contacto fugaz fue suficiente para aliviar su tensión.

—No ha tenido que susurrarme nada, solo ponerme al día. Y dado que insistes en oír la verdad de un elfo, tu insinuación me sorprende. Sería inútil poner en mi boca mentiras que no puedo repetir de todos modos.

Una sonrisa apenas perceptible jugó en las comisuras de los labios de Lyra.

—Te escucho.

Lazar recapituló sus planes de forma tan concisa que no dejaba lugar a malinterpretaciones.

Con cada palabra, el rostro de la mujer de fuego se iluminaba.

—Entonces mi dragón está a tu servicio. Siempre que consigamos que acepte tu trasero sobre su lomo.

Cuando habló de su dragón como algo tan natural, Merkan apretó los puños.

—Yo acompañaré a Eyra.

Lyra resopló.

—Ya lo sabía. Por supuesto que vas donde puedas olfatear la oportunidad de tener tu propio dragón.

—¡Te equivocas! ¡Voy donde me lleva mi juramento!

—Mentiroso —gruñó Lazar en su cabeza—. ¿No puedes liberarlo de ese maldito juramento? Entonces veremos si la idea de su propio dragón no le tienta después de todo.

—No, no puedo. Él comanda el Tren Rojo en el norte. Mientras esté de mi lado, tengo asegurado el apoyo de muchos seres de fuego. Además, dormiré más tranquila si está en las cuevas garantizando mi protección. —Mientras estuviera despierta, podía defenderse sola.

—Te daré a Theo. Sus tiendas son cada vez mejores.

¿Así que ahora aceptaba que estarían separados?

—Tú lo necesitas con más urgencia.

—Sin discusiones.

—De todos modos, viviré en las cuevas. El juramento no solo exige que comande a los dragones, sino también que movilice a mi gente. Y eso es difícil de hacer desde una tienda solitaria.

—Theo ya te ha ayudado una vez durante un ataque en las cuevas.

Eso era cierto. El mirlo de nieve había atrancado la entrada a la cámara, impidiendo que Rubén y Ahrin atacaran a sus compañeros.

—De acuerdo, me lo llevaré conmigo. —Aunque seguiría prefiriendo que Theo lo acompañase a él, ciertamente no saldría de esta conversación sin hacer algunas concesiones.

Lazar se giró hacia Lyra.

—Partimos mañana al amanecer. —No parecía preocuparle lo más mínimo que Zeros lo arrojara a la primera oportunidad.

—¿Estás seguro respecto a Zeros? —le preguntó ella a Belgor de nuevo.

—Creo que he demostrado más de una vez que puedo mantenerlo en el rumbo.

Con la mano en la parte baja de su espalda, Lazar la empujó hacia fuera con suavidad, donde se sumergieron en la furiosa tormenta invernal.

El viento rugía en sus oídos y empujaba contra ellos.

Su compañero la atrajo más hacia sí, siguió caminando y la envolvió en magia roja para que los copos de nieve se derritieran antes de alcanzarlos.

Cada centímetro de su cuerpo hormigueaba bajo su calor.

—No quiero dejarte ir sola —interrumpió sus pensamientos.

La ira había desaparecido de su voz, reemplazada por un atisbo de desesperación—.

Te devolvería la llave de los sueños para que al menos pudiéramos encontrarnos ahí.

Pero Saul me hizo prometer que nunca te dejaría entrar en las Tierras de los Sueños otra vez.

Amaba a Lazar por no tratarla con condescendencia. Al mismo tiempo, quería respetar la preocupación de Saul, por lo que no objetó.

—Yo tampoco quiero dejarte ir. Y sin embargo es lo que la realidad exige de nosotros.

Lazar abrió de golpe la lona de su tienda. La tormenta amainó, y un acogedor calor les dio la bienvenida.

—Lo sé —se forzó a decir, empujando el cabello de ella hacia delante sobre su hombro y, sin importarle el indignado parloteo de Theo, depositó un beso en la curva de su cuello—. ¿Pero qué pasará si tu ira puede más que tú?

Eyra se enderezó.

—Entonces no puedo permitir que eso suceda.