26. Jackson
JACKSON
La Odyssey descansa en la playa como una moneda nueva y reluciente.
El casco ha sido lijado y limpiado, y no queda rastro de nuestra pésima mano de pintura.
La mayor parte del interior también ha sido remodelado, aunque Tyler y Kalistratos optaron por conservar la silla sexual de Sylla, por alguna razón.
Es un comienzo fresco. El hogar, versión dos.
—Reforzamos el casco y fortalecimos el núcleo —dice Lukos mientras nos guía a todos por el muelle hacia la playa—. Si se meten en problemas, lo cual estoy seguro de que va a pasar, al menos esta vez estarán preparados para ello.
—Es perfecta —dice Airos.
Tideus se queda al final del grupo y yo aminoro el paso para poder hablar con él en privado. Tengo algo que quiero darle.
—Entonces, ¿cómo van ustedes? —pregunto, refiriéndome a él y a Lukos. Ya son pareja oficial, aunque sería difícil saberlo con solo mirarlos. Lukos parece ser incluso más reacio que antes a cualquier muestra de afecto en público. —¿Sigue siendo... torpe?
—Los dos lo somos —admite Tideus con una sonrisa avergonzada—. De repente, siento que todo el mundo nos está mirando.
—Te entiendo perfectamente —digo.
—Casi prefería cuando ninguno de los dos sabía lo que sentía el otro. Era más fácil, por lo menos.
—Es que no estás acostumbrado. ¿Sigue siendo tímido en la cama?
Tideus se ríe. —Jackson, a veces pasamos toda la noche mirándonos desde lados opuestos del cuarto.
—Eso no está bien.
—Para nada. Es una tortura. No puedes imaginarte lo caliente que estoy.
—Necesitamos una buena cogida. Es algo de fénix. ¿Has intentado, ya sabes, simplemente acercarte y...? —Imito agarrar y chupar una verga.
—Por los dioses, no —dice Tideus.
—¿Y por qué diablos no?
—Es mi comandante.
—Te apuesto lo que quieras a que no se va a quejar. Probablemente está esperando que lo hagas.
Más adelante, Lukos dirige a varios hombres para que lleven cajas de suministros a la Odyssey, repuestos de lo que se destruyó en el choque. Tyler y Kalistratos suben por la rampa y desaparecen en la cubierta. Airos se detiene y me mira, y le hago una seña de que me uno a él en un segundo.
—Sí, debería ser sencillo —dice Tideus—. No sé por qué se me hace tan difícil. Es como si hubiéramos chocado de frente contra una pared. Sé cómo se siente él conmigo. Él sabe cómo me siento yo. Pero me preocupa que terminemos volviendo a como eran las cosas antes.
—Pero eso no es lo que quieres en realidad, ¿verdad?
—No.
Meto la mano bajo mi capa hasta la bolsa en mi cadera y encuentro el regalo que Dagabus me pasó en los instantes antes de que saltáramos a bordo de la Odyssey de vuelta en Kausos. Una pequeña bolsita de cuero llena de polvo. La pongo en la palma de Tideus.
—Toma —digo—. Pon un poco en el vino de los dos esta noche, cuando estén solos. Esa última parte es importante.
—¿Qué es esto?
—Solo confía en mí —digo, dándole una palmada en el hombro—. Y diviértanse.
Me uno a Airos en la rampa y tomo su mano.
Subimos a la cubierta mientras el núcleo zumba al encenderse.
Los hombres de Lukos desatan las amarras y abandonan el barco, y todos nos quedamos junto a la borda para despedirnos con la mano.
La Odyssey se estremece y se eleva lentamente desde la arena.
Nos alejamos hacia arriba como un globo aerostático que sube, firme y suave.
Tideus nos hace señas con la mano, y lo último que veo es a Lukos estirando el brazo para tomar la suya.
A ellos les va a ir de maravilla.
Acomodo el arnés del huevo y rodeo con mi brazo el cálido cascarón sujeto a mi pecho. Airos desliza su brazo alrededor de mi cintura y presiona sus labios contra un lado de mi cabeza.
—Me pregunto si alguna vez volveré por aquí —dice. Sus ojos brillan como brasas sopladas.
—¿Querrías volver? —pregunto.
Después de un momento, sonríe.
—Creo que sí.