Falso Amor, Verdadera Cosecha CAPÍTULO 28 — MATEO
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CAPÍTULO 28 — MATEO

**Dos años completos después**

La cosecha específica de ese octubre resultó ser, según coincidieron unánimemente todos los expertos reconocidos que probaron cuidadosamente nuestros vinos ese año particular, la mejor absolutamente que Bodegas Duarte-Ferrer había producido exitosamente desde la fusión original, un reconocimiento significativo que llenaba completamente de orgullo genuino a toda la familia extendida, pero que específicamente para mí significaba considerablemente más que cualquier premio formal o reseña favorable recibida.

—La Segunda Cosecha ganó formalmente otra medalla importante —anunció Val, entrando animadamente en la sala de barricas con una carta oficial en la mano y una sonrisa completamente imposible de contener genuinamente—, esta vez específicamente en la competencia internacional prestigiosa de Burdeos.

—Por supuesto absolutamente que ganó merecidamente. —La abracé cariñosamente, levantándola brevemente del suelo en un gesto espontáneo que todavía la hacía reír genuinamente después de dos años completos de matrimonio formal—. Es sinceramente el mejor vino que hemos elaborado juntos.

—Es genuinamente el mejor vino que Rosa y Joaquín empezaron originalmente a imaginar hace más de cincuenta años enteros —corrigió cariñosamente Val, con una expresión suave evidente que reconocía consistentemente cada vez que hablábamos sobre nuestras respectivas abuelas—.

Nosotros solamente tuvimos la suerte genuina de terminarlo apropiadamente.

El pueblo entero había cambiado considerablemente durante esos dos años completos, la antigua rivalidad histórica entre Duarte y Ferrer convertida gradualmente en poco más que una anécdota curiosa que los más ancianos residentes contaban con nostalgia evidentemente divertida en las tabernas locales, mientras las nuevas generaciones jóvenes crecían completamente sin conocer ninguna otra realidad diferente que la de una sola bodega unificada exitosa, próspera genuinamente, respetada ampliamente en toda España.

Andreu, quien había asumido voluntariamente el papel oficial de mentor para los nuevos empleados jóvenes contratados en la bodega, insistía consistentemente en contar la historia completa a cualquier persona dispuesta a escuchar atentamente: la rivalidad histórica de cincuenta años enteros, el testamento manipulador original de Rosa Duarte, la farsa inicial convertida genuinamente en amor real auténtico, siempre terminando invariablemente con la misma frase característica que se había convertido gradualmente en su firma personal distintiva.

—El vino más dulce genuino siempre proviene específicamente de la tierra más difícil —decía consistentemente, levantando animadamente su copa hacia cualquier audiencia disponible presente.

Diego y Elena se casaron formalmente el año anterior exacto, en una ceremonia íntima y privada a la que Val y yo asistimos con genuina alegría compartida, observando cariñosamente cómo dos personas que alguna vez habían representado significativamente nuestra mayor inseguridad personal se habían convertido gradualmente en amigos genuinamente cercanos y, eventualmente sorprendentemente, en la pareja perfecta el uno para el otro.

—El destino tiene realmente un sentido del humor particular bastante extraño —comentó Val esa misma noche, después de la boda celebrada de ellos, mientras caminábamos juntos tranquilamente hacia el coche estacionado—.

Nunca pensé sinceramente que terminaríamos siendo tan cercanos genuinamente a nuestros propios ex respectivos.

—El destino sabe exactamente lo que está haciendo consistentemente —dije, tomando cariñosamente su mano—. Nos lo demostró claramente a nosotros dos primero que nadie.

Esa tarde específica de octubre, mientras Val revisaba cuidadosamente la carta oficial de la medalla recién ganada con una satisfacción evidente notable, sentí que era genuinamente el momento correcto apropiado para la conversación importante que llevaba semanas enteras queriendo tener seriamente con ella.

—Val, hay algo específico que quiero mostrarte cuidadosamente.

La llevé cariñosamente hacia la antigua habitación de Rosa, que habíamos mantenido cuidadosamente intacta durante estos dos años completos como un pequeño santuario personal a su memoria querida, y saqué de un cajón cerrado con llave una carta específica que había encontrado casualmente meses atrás, escondida cuidadosamente entre los últimos diarios personales que aún no habíamos terminado completamente de revisar en su totalidad.

—¿Qué es exactamente esto?

—Una carta personal de tu abuela querida. Dirigida específicamente hacia nosotros dos. La encontré hace algunas semanas exactas y honestamente no sabía cómo mostrártela apropiadamente hasta ahora mismo.

Val tomó cuidadosamente el sobre con manos visiblemente temblorosas, reconociendo inmediatamente la letra elegante característica de Rosa en el exterior cuidadosamente escrito: *Para Valentina y Mateo, cuando finalmente hayan encontrado su camino de regreso completo el uno hacia el otro.*

—¿Ya la has leído completamente tú? —preguntó, con la voz evidentemente cargada de emoción contenida.

—Quería genuinamente que la leyéramos juntos por primera vez.

Val abrió cuidadosamente el sobre con manos delicadas, desdoblando lentamente una hoja de papel considerablemente amarillenta por el paso del tiempo, y comenzó a leer pausadamente en voz alta, con lágrimas evidentes ya formándose espontáneamente en sus ojos ante las primeras palabras leídas cuidadosamente.