CAPÍTULO 23 — VAL
Mi despedida de soltera fue exactamente lo opuesto a lo que había imaginado ingenuamente durante toda mi vida: nada de discotecas ruidosas en el centro de Barcelona, nada de disfraces ridículos ni juegos vergonzosos organizados por amigas entusiastas.
En cambio, mi madre y la madre de Mateo organizaron cuidadosamente, con la ayuda entusiasta de Andreu, una cata privada de vinos verdaderamente antiguos en la bodega familiar, reuniendo botellas guardadas celosamente durante décadas enteras de ambas familias, algunas de ellas incluso de antes de la división histórica de las tierras.
Bebimos en silencio contemplativo durante un momento prolongado, saboreando cuidadosamente un vino que llevaba más de cincuenta años completos esperando pacientemente este instante específico, cargado de una historia profunda que apenas empezábamos a comprender completamente.
—¿Sabes algo interesante? —dijo la madre de Mateo, sentada frente a mí con una copa entre sus manos—, cuando Rosa y mi suegro Joaquín eran jóvenes todavía, la gente del pueblo entero decía que elaboraban conjuntamente el mejor vino de toda Cataluña, precisamente porque combinaban armoniosamente lo mejor de ambas tierras distintas.
Nunca entendí completamente por qué permitieron que la separación forzada destruyera algo tan genuinamente especial entre ellos.
—El miedo irracional destruye muchísimas cosas valiosas que el amor genuino podría haber salvado exitosamente —dije, pensando reflexivamente en los diarios íntimos de mi abuela, en las palabras específicas que había escrito esperando sinceramente que Mateo y yo tuviéramos finalmente el valor que a ellos les faltó dolorosamente en su momento.
Esa misma noche, ya considerablemente tarde, cuando las demás mujeres presentes se habían retirado ya a descansar y solamente quedábamos mi madre y yo sentadas tranquilamente en la terraza bajo las estrellas brillantes, ella tomó mi mano con una expresión seria que raramente le veía mostrar tan abiertamente.
—Val, quiero decirte algo importante antes de la boda inminente.
—Se quedó en silencio contemplativo un momento, como buscando cuidadosamente las palabras más apropiadas—.
Cuando tu abuela escribió originalmente esa condición específica en el testamento, yo pensé sinceramente que era una completa locura.
Pensé genuinamente que estaba jugando de manera cruel e injusta con tu vida entera.
—¿Y ahora qué piensas al respecto?
—Ahora entiendo completamente que ella vio claramente algo que yo honestamente no podía percibir todavía en ese momento.
Vio claramente en ti y en Mateo la posibilidad genuina de sanar completamente algo que llevaba cincuenta años enteros roto, no solamente entre ambas familias enfrentadas, sino profundamente dentro de ella misma como persona.
—Los ojos de mi madre se llenaron visiblemente de lágrimas emotivas—.
Estoy genuinamente orgullosa de ti, hija querida.
De la manera específica en que enfrentaste valientemente absolutamente todo esto, de la mujer excepcional en la que te has convertido gradualmente a través de todo este proceso completo.
Nos abrazamos durante un momento prolongado y significativo, y sentí que algo importante se sanaba también profundamente dentro de mí, algún resentimiento antiguo hacia mi abuela por haberme obligado inicialmente a esto sin mi consentimiento previo, transformándose finalmente en una gratitud profunda y genuina por el regalo verdadero que, sin saberlo completamente en su momento, me había otorgado generosamente.
Al día siguiente, Mateo me encontró completamente sola en la sala de barricas, revisando cuidadosamente viejas fotografías que había encontrado entre las pertenencias personales de mi abuela: Rosa mostrándose joven y radiante, sonriente genuinamente, de pie junto a un hombre alto de sonrisa fácil y natural que solamente podía ser efectivamente Joaquín, ambos con las manos visiblemente manchadas de uva fresca, claramente felices en un momento específico capturado décadas enteras antes de que absolutamente todo se complicara dramáticamente.
—Son ellos definitivamente —dijo Mateo suavemente, sentándose cuidadosamente a mi lado—. Se parecen considerablemente a nosotros dos, de alguna manera extraña e inexplicable.
—Creo sinceramente que por eso mismo tenía tanto miedo de mirar detenidamente estas fotografías antes.
—Sostuve cuidadosamente la fotografía con manos visiblemente temblorosas—.
Porque veía claramente en sus expresiones la misma felicidad genuina que empezaba a sentir intensamente contigo, y tenía miedo genuino de que termináramos exactamente de la misma manera trágica que ellos.
—Pero nosotros no vamos a terminar así en absoluto, Val.
—Tomó mi rostro entre sus manos, con una certeza absoluta evidente—.
Porque nosotros dos elegimos conscientemente luchar por esto, cada vez que algo específico intentó separarnos forzosamente.
Ellos no tuvieron disponible esa oportunidad genuina en su momento histórico.
Nosotros sí la tuvimos disponible, y la aprovechamos completamente sin dudarlo.
Apoyé mi frente contra la suya, sintiendo profundamente la verdad evidente de sus palabras asentándose completamente en mi corazón.
—Faltan exactamente tres días completos para la boda —dije, con una sonrisa que sentía creciendo genuinamente desde algún lugar profundo de mi ser interior—. Tres días específicos para terminar oficialmente lo que ellos empezaron originalmente hace tanto tiempo.
—Tres días exactos —confirmó Mateo, besando mi frente con una ternura infinita y genuina—, para convertirnos oficialmente en la prueba viviente definitiva de que el amor genuino, cuando se elige conscientemente con verdadera valentía, siempre encuentra eventualmente su camino de vuelta hacia casa.