CAPÍTULO 21 — VAL
Mateo insistió firmemente en que necesitábamos celebrar adecuadamente la resolución exitosa del caso legal con una cena tranquila y privada, solo los dos completamente solos, lejos de abogados especializados, notarios meticulosos y familiares bienintencionados que llevaban semanas enteras preguntando insistentemente sobre nuestros planes concretos de futuro.
Eligió, para mi sorpresa genuina, no un restaurante elegante y sofisticado de Barcelona, sino la misma terraza acogedora de su casa donde habíamos compartido tantas noches memorables durante el último año completo, con vista directa hacia las viñas que ahora, oficialmente y sin ninguna disputa legal pendiente, nos pertenecían legítimamente a los dos por igual.
—Esto es absolutamente perfecto —dije, sentándome cuidadosamente frente a la mesa que había preparado meticulosamente con velas encendidas y la primera botella completa de nuestra cosecha conjunta, guardada especialmente durante meses para una ocasión verdaderamente especial—.
Considerablemente mejor que cualquier restaurante lleno de gente desconocida.
—Pensé que un lugar así específicamente, con tanto significado emocional acumulado para nosotros dos, sería considerablemente más apropiado para lo que quiero preguntarte formalmente esta noche.
Algo en su tono particular, en la manera en que sus manos temblaban ligeramente mientras servía cuidadosamente el vino en las copas, me hizo entender inmediatamente que este no era simplemente otro momento romántico cualquiera entre tantos que habíamos compartido.
—Mateo...
—Déjame decir completamente esto antes de perder definitivamente el valor necesario.
—Se levantó decididamente de su silla, rodeando cuidadosamente la mesa hasta arrodillarse formalmente frente a mí, y sentí que el corazón se me detenía completamente por un instante—.
Val, hace casi un año exacto, mi abuela y tu...
no, espera, me equivoqué completamente. —Se rio nerviosamente, sacudiendo la cabeza con humor genuino—.
Hace casi un año exacto, tu abuela y mi abuelo nos obligaron legalmente a fingir un compromiso que absolutamente ninguno de los dos quería en ese momento.
Odiaba profundamente la idea completa. Te odiaba genuinamente a ti, o al menos creía firmemente hacerlo, con esa clase específica de rencor heredado que ni siquiera entendía completamente en ese momento inicial.
—Yo también te odiaba profundamente, debo admitir con honestidad.
—Pero entonces empezaste pacientemente a enseñarme sobre técnicas apropiadas de poda de vides, aunque honestamente yo era terrible en esa habilidad específica, y te reíste de mí de una manera que definitivamente no sonaba en absoluto a desprecio genuino.
Me besaste apasionadamente en una fiesta pública delante de todo el pueblo reunido, y ese beso específico cambió completamente el rumbo entero de mi vida, aunque en ese momento exacto ninguno de los dos quería admitirlo abiertamente ante el otro.
Las lágrimas empezaron a correr libremente por todo mi rostro, sin ningún intento consciente de contenerlas en absoluto.
—Peleamos juntos intensamente contra Solvest Capital y salimos victoriosos.
Descubrimos juntos la historia conmovedora de nuestras respectivas abuelas.
Superamos exitosamente celos absolutamente absurdos, impugnaciones legales complicadas, y a través de absolutamente todo eso, en cada obstáculo específico que enfrentamos, la única constante genuina fue que te elegía conscientemente a ti, una y otra vez sin excepción, sin ninguna duda real detrás de esa elección consciente.
Sacó cuidadosamente el pequeño estuche de terciopelo de su bolsillo interior, abriéndolo lentamente para revelar un anillo verdaderamente hermoso, sencillo pero innegablemente elegante, con una piedra que brillaba intensamente bajo la luz cálida de las velas de una manera que me recordó, de forma casi absurda, al color exacto del vino que estábamos a punto de brindar juntos esa noche.
—Valentina Duarte, ya no te estoy pidiendo esto formalmente por ningún testamento específico, por ninguna condición legal impuesta, por ninguna tierra en particular ni ninguna bodega familiar.
Te lo pido genuinamente porque no puedo imaginarme sinceramente mi vida entera sin ti a mi lado constante, todos los días sin excepción, para siempre completamente.
¿Te casarías conmigo formalmente? De verdad genuina.
Por amor auténtico. Sin ninguna otra razón adicional más que esa.
—Sí. —La palabra salió espontáneamente de mí antes incluso de que pudiera procesarla completamente, cargada de una certeza absoluta e inquebrantable—. Sí, Mateo, claro que absolutamente sí quiero.
Deslizó cuidadosamente el anillo en mi dedo con manos todavía visiblemente temblorosas por la emoción, y en cuanto se levantó completamente, lo besé con toda la emoción acumulada de un año entero completo de farsa convertida gradualmente en el amor más real y genuino que había conocido jamás en toda mi vida.
—Once años enteros de rivalidad declarada —dije, riendo entre lágrimas cuando finalmente nos separamos—, y terminamos exactamente en el lugar donde nuestras respectivas abuelas siempre quisieron secretamente que estuviéramos juntos.
—Ellas sabían perfectamente algo que nosotros tardamos considerablemente en entender completamente —dijo Mateo, sirviendo cuidadosamente dos copas del vino conjunto especial para brindar apropiadamente—.
Que a veces el amor más genuinamente real nace precisamente de los lugares donde menos lo esperamos encontrar.
Brindamos juntos bajo el cielo completamente estrellado de las viñas que ahora eran definitivamente nuestras, con el anillo brillando intensamente en mi dedo y el corazón completamente lleno de una felicidad que, hacía apenas un año exacto, jamás habría imaginado siquiera posible experimentar con el hombre que alguna vez consideré firmemente mi mayor enemigo declarado.
—¿Sabes exactamente qué es lo más gracioso de toda esta situación? —pregunté, apoyando cómodamente la cabeza en su hombro mientras contemplábamos juntos las viñas completamente dormidas bajo la luna llena.
—¿Qué específicamente?
—Que mi abuela tenía absolutamente razón desde el principio mismo. Sabía exactamente lo que estaba haciendo conscientemente cuando escribió esa condición específica en su testamento.
Mateo se rio genuinamente, besando mi frente con una ternura evidente que sentía creciendo cada día considerablemente más profunda dentro de él.
—Rosa Duarte —dijo—, la mujer más manipuladora genuinamente y más sabia auténticamente que jamás he conocido en mi vida, incluso sin haberla conocido personalmente en vida.
—Por Rosa y por Joaquín —dije, levantando mi copa hacia el cielo completamente estrellado—. Que finalmente terminamos exitosamente su historia de la manera completamente correcta apropiada.
—Por nosotros dos —añadió Mateo, chocando suavemente su copa con la mía—. Por absolutamente todo lo que viene después en nuestro futuro compartido.