Capítulo 8
NO.
(Con letras más grandes, por favor).
NO.
La respuesta de Marc no puede ser más tajante.
Aunque se lo esperaban (Fang se muerde la lengua para no soltarles un merecido «os lo dije»), les resulta igualmente decepcionante.
¿No se suponía que hacían eso para comunicar, y para madurar, y para aprovechar su libertad de expresión, y para no se sabe cuántas cosas más superimportantes y necesarias?
Se suponía, sí.
Pero, en cuanto Marc ha escuchado su propuesta de denunciar lo que pasa con Fulgen, les ha dicho que ese no es un tema apropiado para su pódcast.
–¿Por qué no? –se queja Iago.
La verdad es que a Iago le da bastante igual hablar o no de Fulgen, pero, como ha notado que a Valeria sí que le importa, su pregunta es más una llamada de atención para ella («Ey, tía, que estoy aquí») que una auténtica duda para Marc.
–Pues por dos motivos.
–¿Cuáles?
Marc carraspea ligeramente y aprovecha esos dos o tres segundos de margen para pensar en esos dos motivos que ha anunciado con tanta convicción y que no tiene ni idea de cómo rellenar.
Ha dicho dos como podía haber dicho uno, cinco o veinticuatro. Pero le ha salido un dos que ahora tiene que completar con alguna razón creíble ante un grupo de adolescentes comprensiblemente cabreados.
— El primero es que no queremos que nuestro programa caiga en un revanchismo personalista.
Reacción general: ??????
–Y el segundo es que este no es el foro para hacer algo así.
Reacción general bis: ????????? ?????????
–Hay otros cauces, chicos.
Sus expresiones de no haber entendido ninguno de los dos motivos son muy similares a la del propio Marc, que tampoco se cree sus propias palabras y se arrepiente, mientras las dice, de no ser más valiente.
Podría decirles la verdad, claro, pero los dos motivos sonarían bastante peor que los que les ha ofrecido.
El primero es que su Séptima no tiene ni una sola prueba demostrable y duda que crean más en su palabra que en la de un profesor.
Y el segundo es que, si graban ese pódcast, Regina no tardará ni medio microsegundo en cerrárselo y hasta en invitarlo a irse a otro instituto donde sus inquietudes revolucionarias encajen mejor.
No sabe si lo hace para proteger a su grupo o a sí mismo, pero frena su iniciativa y la sustituye por un guion en el que hablarán (¡tachán!, emoción máxima) de cómo está siendo el inicio del curso.
–¿Que cómo está siendo? –se indigna Dany–. Pues un asco. El inicio del curso está siendo un asco porque tenemos un profe de Sociales que es lo peor y un pódcast que no sirve para contarlo.
— Vamos a calmarnos un poquito, ¿no? Tampoco hay que tomárselo todo tan a la tremenda.
–¿Tú has hablado con él?
–¿Con Fulgen? –Marc no disimula la sorpresa que le ha causado la pregunta de Martín.
Cuanto más lo conoce, más seguro está de que Martín, como la inmensa mayoría de los tímidos, no calla porque no tenga nada que decir, sino porque tiene tanto que solo habla cuando lo que tiene que decir es realmente importante.
–Muy poco, la verdad. Con estos horarios que tenemos, apenas da tiempo a tomarse un café entre compañeros…
–Pues habla con él –le responde Martín con un ligero tono de desafío en su voz– y ya nos cuentas.
–Vale, yo hablo con él, pero hoy tenemos que grabar algo… Le prometí a Regina que la semana que viene lanzábamos el primer episodio.
–Entonces hay tiempo, ¿no? –concluye Iago, que subraya sus nulas ganas de trabajar reclinándose en la silla y apoyando la cabeza en los brazos en cruz.
–No tanto, Iago –lo corrige Marc–, hay que grabarlo primero y editarlo después. O empezamos ya o no vamos a tener material.
–¿Y el guion? –pregunta Valeria, que estaba convencida de que ella sería la encargada de escribirlo o, por lo menos, de coordinarlo.
–Aquí. –Marc saca unos folios que pone delante de ellos y que todos miran con la misma cara de asco que habrían puesto si, en vez de un guion, les hubiera llevado un examen sorpresa–. Como es la primera vez, he pensado que ganábamos tiempo si esta semana lo escribía yo.
De nuevo, dentro de Marc pelea la mentira («lo he escrito para ayudaros») con la verdad («lo he escrito para evitar meternos en problemas») y, como necesita aprovechar el tiempo que les queda de sesión, opta por la primera.
Mucho más cómoda.
Más eficaz.
Y –se regaña a sí mismo– más cobarde.
–Venga, que empezamos. ¿Estamos ready ?
Valeria resopla («¿no se puede prohibir a la gente de más de treinta años que hable así?»).
Fang la imita.
Dany se cruza de brazos.
Martín continúa dibujando.
Iago se inclina todavía un poco más, convirtiendo la silla en sofá en una acrobacia prodigiosa y pensando en el modo de sacar su móvil, en cuanto no lo vean, para inmortalizar semejante hora perdida con un selfi.
Y Marc conecta la mesa de sonido aún sin estrenar para comenzar la grabación.
Todo apunta hacia el éxito.
Spoiler: no.