Capítulo 25 #3
—Qué buena esposa. —Ronroneó, su agarre en mi cabello al borde del dolor—. Joder, Raven. Estás tomando cada centímetro, tal y como te enseñé.
Embistió profundo. Con fuerza. Rápido. Me atacaba como una bestia vengativa, y eso debería haberme asustado. En cambio, me quedé clavando los dedos en sus muslos para no arrastrarlos hasta mi centro.
—¿Alguien más te ha probado? —Gemí, una vibración profunda en mi garganta sacando más semen de él.
Me jaló la cabeza hacia atrás, su polla resbalando de mis labios con un chasquido—.
Respóndeme. —Parpadeé, con la saliva resbalando por mi barbilla, e intenté concentrarme en lo que me preguntó—.
¿Alguien más ha probado a mi esposa? —repitió.
—N-no. —Abrí la boca, resistiéndome a su firme agarre—. Quiero seguir chupando tu polla. Por favor.
Sonrió con dureza, con un brillo implacable en sus ojos.
—Buena chica. Ahora dale la bienvenida a mi polla a su casa, Raven. Chupa cada centímetro.
Volvió a embestir, sus testículos golpeando mi barbilla. Mis sonidos de arcadas se mezclaban con gruñidos, y él reanudó sus movimientos, usando mi boca. Me folló más rápido y con más fuerza, el chapoteo húmedo de cada embestida formando la sinfonía más obscena.
Envolví mi mano alrededor de su verga gruesa, pero mi agarre vaciló mientras él empujaba más profundo. En cambio, alcancé sus testículos y los masajeé a la par que más saliva se me escapaba de la barbilla y la excitación resbaladiza se acumulaba entre mis piernas.
Y entonces se corrió en mi boca. Me atraganté, a punto de escupirlo, cuando me detuvo con una mano presionada contra mi nuca.
—¡Traga! —exigió. Me detuve, mirándolo con los ojos muy abiertos—. Cada. Jodida. Gota.
Pasé saliva, mi pecho subiendo y bajando mientras el semen ligeramente salado y dulce llenaba mi boca. Con su mirada sobre mí, tragué lentamente.
Mi recompensa fueron las palabras guturales de Aiden.
—Buena esposa.
Se retiró y yo jadeé buscando aire. Antes de que pudiera limpiar el desastre que habíamos hecho en mi barbilla, me levantó de un jalón y me puso en su regazo.
Introdujo una mano entre nosotros y metió un dedo dentro de mí. Gimoteé y arqueé la espalda, necesitando más, necesitando que él me llenara.
—Tan mojada. —Carraspeó, enroscando su dedo, metiéndolo dentro y fuera de mi coño apretado—. Es mi coño, ¿verdad?
Añadió un segundo dedo.
—S-sí. —Debería avergonzarme de lo fácil que me dejé llevar por él, pero mi cuerpo y mi mente estaban demasiado absortos en el placer como para importarme. Mañana reconsideraría mis acciones.
—Y este culo… También es mío. ¿No es así? —Otro dedo encontró mi agujero trasero y él empujó contra él, presionando muy despacio. Jadeé y temblé cuando empezó a follar a ambos. Me agarró del cabello con la mano que tenía libre, inclinando mi cabeza para mirarlo—. ¿De quién es ese culo, esposa?
Me froté contra él.
—Tuyo —gimoteé.
Soltó mi cabello y un golpe cayó en mi nalga, mi coño se contrajo por el dolor punzante.
—Claro que sí.
Retiró los dedos, y me dejó jadeando, salvaje por más, mis paredes apretándose alrededor del aire.
Su boca chocó con la mía para un beso duro.
—Aiden, necesito… —gemí contra él, apretando su polla y bombeándola despacio—. Te necesito.
Mi pulgar rozó su punta sensible, haciendo que su polla se estremeciera en mi mano mientras yo movía mis caderas contra su muslo musculoso.
—Has sido una esposa muy, muy mala, Raven —gruñó, empujándose hacia mi mano—. Tienes que ser castigada.
—Entonces castígame —suspiré—. Azótame. Úsame. Fóllame.
Dios mío, ¿de dónde salió todo eso? «Cinco años de abstinencia tras probar placer, de ahí».
Antes de que pudiera empezar a cuestionar las tonterías, Aiden me tomó en brazos y me colocó en su silla antes de acomodarse, abrochándose los pantalones a medias.
—Abre las piernas y enséñame tu coño necesitado —ordenó, arrodillándose.
Mis dedos temblaban mientras accedía, separando mis labios hinchados y revelando mi centro húmedo y adolorido.
Él se quedó mirando mientras yo me mantenía abierta, luego deslizó las palmas por debajo de mi trasero, agarrándome las nalgas tan fuerte que estaba segura de que sus uñas dejarían marcas.
Se inclinó hacia adelante, cubriendo mi muslo interior de besos.
Su agarre era brusco. Cada caricia ardía con una furia silenciosa, pero llevaba una suavidad que hacía que me doliera el pecho.
Era una prueba frágil de que, incluso después de que desapareciera y fingiera mi muerte cinco años atrás, una parte de él seguía igual.
Su ira y anhelo se entrelazaban en cada movimiento, dejándome mareada de miedo, confusión y un anhelo que apenas podía nombrar. ¿Cómo podía estar tan enfadado y cariñoso a la vez?
Como si leyera mis pensamientos, me mordisqueó la piel y mi espalda se arqueó, ansiosa por sentir su boca en mi centro. En la siguiente respiración, tomó mi clítoris entre sus dientes y todos mis pensamientos desaparecieron.
Clavé mis dedos en su espeso y oscuro cabello y me agarré mientras su boca rodeaba mi clítoris con su lengua aterciopelada. Puede que haya muerto y me haya ido al paraíso.
—Engancha tus piernas sobre mis hombros.
Hice lo que me exigió, abriéndome aún más a él. Gruñó, luego enterró su cara entre mis muslos, devorándome como si fuera un hombre poseído. Me froté descaradamente contra su boca, buscando mi orgasmo mientras él mordisqueaba mi clítoris y luego introducía su lengua en mi entrada.
—Eché de menos tu sabor, mo cuishle —admitió contra mi centro. Me dejó inmóvil con su mirada ardiente mientras yo me movía contra su boca, y un calor enroscado comenzó en la base de mi columna.
No obstante, antes de que llegara mi orgasmo, Aiden se puso de pie, levantándome junto a él, y mis muslos se enroscaron alrededor de su cintura. Su boca volvió a encontrar la mía mientras yo me retorcía contra su polla, la fricción enviando escalofríos por todo mi cuerpo.