Esperanza de romance (Corazones a la deriva 4)
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Prólogo
P olly se asomó por la rendija de la puerta, sonriendo al contemplar a su hermana, que estaba resplandeciente con un largo vestido blanco y el cabello recogido con un broche de diamantes.
—Pasa ya, Polly —dijo Violet, girándose para recibirla mientras ella se colaba en la estancia. Polly suspiró maravillada mientras rodeaba a Violet y se colocaba detrás de ella para mirarse la una a la otra en el espejo biselado.
—Ay, Violet —dijo—. Estás verdaderamente hermosa. ¿No estás emocionadísima?
Violet se encogió de hombros con una leve sonrisa mientras miraba el reflejo de Polly.
—Estoy deseando ver qué me depara esta temporada —contestó—, aunque, a juzgar por los caballeros que he conocido hasta ahora, no parece haber mucho que me interese.
—¿A qué te refieres? —preguntó Polly, viendo en el espejo cómo se le abrían los ojos de par en par.
—A que me da la impresión de que el amor puede ser algo esquivo —dijo Violet con expresión melancólica—. Aunque nunca se sabe qué o a quién puedes llegar a encontrar. Sin embargo, no pienso casarme por ningún otro motivo. Y tú tampoco deberías hacerlo, Polly, cuando te llegue el momento.
—Ay, Violet —rio Polly—. Eres tan seria... ¿De verdad crees que será tan difícil encontrar a un hombre con el que te lleves bien? Además, cuanto antes te cases tú, más solicitada estaré yo.
Violet ladeó la cabeza mientras se miraban mutuamente.
Aunque Polly sabía que sus rizos rubios despertaban la envidia de muchas mujeres, le parecía que la melena oscura de su hermana era preciosa.
Desde luego, costaba creer que fueran familia con semejante contraste de rasgos, pero estaban tan unidas como era posible a pesar de los cuatro años de diferencia que las separaban.
Por muy emocionada que estuviera por su hermana, a Polly también la acongojaba pensar en el día en que Violet se marchara de casa para formar un nuevo hogar con su futuro esposo, dejándola sola con la única compañía de sus hermanos y sus padres.
—Elijas a quien elijas, Violet, ¿te asegurarás, por favor, de que no viva demasiado lejos? —le pidió Polly.
—Haré todo lo que pueda —respondió su hermana—. O nos aseguraremos de que, cuando llegue el momento de buscarte esposo, este no viva muy lejos del mío.
—¡Trato hecho! —dijo Polly dando una palmada—. ¡Ay, Violet, no veo la hora!
Se apartó del espejo y empezó a dar vueltas por la habitación.
Las faldas se desplegaron a su alrededor mientras fingía bailar el vals y tarareaba la música que casi creía escuchar ya.
En su mente podía ver a su pareja: era alto, apuesto, por descontado, y todo un caballero.
Le decía lo hermosa que era y que cuidaría de ella durante el resto de sus días.
Celebrarían la boda más deslumbrante y él la llevaría al teatro, a bailes, a conciertos y cosas por el estilo durante la temporada antes de retirarse a su lujosa residencia de campo.
Luego tendrían muchos hijos y ella se aseguraría de que disfrutaran de la misma dicha que ella había tenido.
—¿En qué estás soñando? —rio Violet.
—Con el cuento de hadas de mi futuro —suspiró Polly.
—Eres una romántica incorregible —dijo Violet, meneando la cabeza con una sonrisa—. Y precisamente eso es lo que más me gusta de ti. Y también atraerá a más de un caballero dentro de unos años. Aunque tu belleza tampoco vendrá nada mal.
—¿Tú crees? —preguntó Polly, acercándose de nuevo al espejo para contemplar su aspecto.
Se inclinó para mirar de cerca el azul zafiro de sus ojos, la nariz respingona con un suave salpicado de pecas que tanto la desesperaba y el rubor que le había encendido las mejillas tras el esfuerzo de bailar por la estancia.
—¡Vamos, no digas tonterías! Ya eres preciosa y bien que lo sabes —dijo Violet enarcando una ceja—. Ahora no debo entretenerme más. Mamá estará esperando.
—¡Cómo me gustaría poder ir con vosotros! —dijo Polly con anhelo—. Quizá muy pronto mamá y papá organicen un baile aquí o en nuestra casa de campo y pueda asistir a alguna parte.
—Tal vez —dijo Violet, volviéndose hacia ella—. Mientras tanto, hermanita, no pierdas nunca tus ilusiones románticas, pero estate atenta a los bribones.
—¿Bribones?
—Sí, caballeros que no son lo que parecen —dijo Violet en voz baja, arqueando una ceja mientras la miraba—. Podrían aprovecharse de lo confiada que eres.
—Ay, Violet, qué dramática eres —dijo Polly poniendo los ojos en blanco.
Violet suspiró.
—Bueno, al menos, con todos los hermanos que tenemos, siempre habrá alguien velando por ti. Y bien sabemos que sin mamá no llegaremos a ninguna parte. En fin, vámonos. Buenas noches, Polly.
—Buenas noches, Violet.
Polly siguió a su hermana escaleras abajo y vio cómo ella y sus padres subían al carruaje y se despedían con la mano.
Agitó la mano hasta que los perdió de vista y luego volvió a entrar, con la melodía aún en los labios mientras bailaba por el vestíbulo, soñando con el caballero que algún día conquistaría su corazón.