Enemigos en el paraíso Capítulo 29 #4
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Capítulo 29 #4

—Ya sabemos que estás enamorada de él, mamá —gruñe Mila, con la voz más lenta y la mirada baja, porque la hierba empieza a hacerle efecto... ¡gracias a Dios!—. Pero necesita acostarse con alguien que pueda volver aquí y contarnos cómo fue.

Cordelia y yo intercambiamos una mirada rápida. Ella sabe cómo fue hace años, cuando estaban en la universidad. De hecho, hasta sabe cómo fue cuando me tocó a mí, porque es la única que sabe lo que pasó de verdad después de las despedidas de soltero. ¡Vio las marcas en mi trasero!

—No creo que vaya a descubrirlo pronto —murmura Suzi desde la esquina, con un puchero—. Bailamos y hablamos ayer, fue supereducado, ¡pero no hizo nada! Casi me le tiro encima, ¡y no hizo nada!

Levanto la vista, sorprendida.

—Mila cree que estaba interesado, pero...

¿Mila cree? ¿Pasamos de Suzi cree que había algo entre ellos a Mila cree?

¿Mila, que no ha estado en su sano juicio en toda la semana? ¿Esa Mila?

Mierda, creo que la cagué anoche.

Creo que la cagué pero bien.

—¡Pero es que el hombre es un enigma! —continúa Suzi.

—¿Entonces no hubo nada de besuqueo? —pregunta la tía Abby, decepcionada.

—Ni un poco. ¡Y le di un millón de oportunidades!

—No parece tímido —concluye Gemma—. Ni lo bastante torpe como para no saber ligar con una mujer.

—¡Exacto! —Suzi se lleva la mano al pecho, satisfecha de haber encontrado a alguien que la entiende. Cordelia le pasa el porro enseguida. Suzi inhala, pensativa. Solo después de exhalar todo el humo dice—: Todavía está toda esa historia con Madame Ximena, ¿no? Que está enamorado de su ex.

—¡No está enamorado de su ex! —exclama Cordelia de inmediato, tan alto que todas se giran—. Rompieron hace tres años.

—Sí, pero la vidente dijo…

—¡La vidente no sabe nada!

—¡Supo que Victoria estaba embarazada!

—Y supo que soy lesbiana y me dijo que saliera del armario con mis padres —añade Gemma.

La tía Abby la estudia un momento, mirándola de arriba abajo mientras sostiene el porro entre los dedos. Gemma, con el pelo rapado a un lado y sus camisetas holgadas de crossfit sobre su cuerpo musculoso y fornido.

—¿Y aún no lo sabían? —pregunta finalmente—. ¿Con ese piercing en la nariz y todo, y aún no lo sabían, querida?

Gemma suelta una carcajada ante el comentario, sin inmutarse.

—Han vivido en Texas mucho, mucho tiempo, tía Abby —dice, aunque la tía Abby es la tía de Robbie y acaban de conocerse en este viaje—. Deben pensar que solo soy una satanista. Lo cual, para ellos, todavía les parece mejor porque al menos se puede sacar dinero de eso.

—¿Con el satanismo? —se ríe la tía Abby, exhalando humo por la nariz.

—Mira, Julie, una idea de negocio para ti —bromea Mila, relajada, como si no fuera a casarse en cuatro horas—: recoge almas para el diablo en las encrucijadas de Texas. ¡Seguro que paga mejor que el Sr. Kyle!

Una serie de risas algo atontadas inunda la habitación.

Bueno, si Mila está tranquila, puede bromear todo lo que quiera, a mí me da igual.

Cuando el equipo de filmación regresa, todas estamos más relajadas y sueltas.

Nos piden que contemos a cámara nuestras expectativas para la noche y qué pensamos de la pareja, y de repente es como si fuéramos famosas en la alfombra roja porque tenemos las mejores (y más divertidas) respuestas preparadas.

Nunca imaginé que querría escuchar la historia de cómo un viejo granjero descubrió petróleo mientras construía un granero en medio de la nada en Texas, y que por eso Elise, Gemma y Mila son primas, hasta que hoy he oído todos los detalles.

La estilista por fin termina. Y la chica de las uñas. El maquillaje de la novia está listo y perfecto. El vestido está a punto de ir puesto, y aquí está ella: Camila Rose Carnegie, radiante como solo ella sabe estar.

Sonrío como una tonta, contemplando todas las capas de encaje y perlas de su vestido blanco, recordando cada uno de los momentos –sí, desde el primer día en aquel bar de Harlem– que ella y Robbie han compartido.

Cada uno de esos momentos en los que participé, aconsejé, escuché y chillé de emoción con cada hito: el primer «te quiero», el primer apartamento en el que vivieron juntos, la pedida, la primera vez que ellos…

bueno, ya sabes, Everything de Boyce Avenue estaba sonando.

Mila puede ser una loca, exigente y mandona, pero también ha estado siempre a mi lado. En todos mis logros y en todos mis corazones rotos. Hoy es su día. Y el de Robbie, a quien quiero con toda mi alma simplemente por querer a alguien tan intensa como Mila. Y por hacerla tan feliz.

Hoy, ninguno de mis corazones rotos, ningún drama, ningún lío en el que me haya metido (y soy muy consciente de que acabo de meterme en uno gordo) importa.

Es su día y su historia.

La mía puede esperar un poco más.

Porque estoy pensando en todo esto, el tiempo pasa, la ceremonia se acerca, y cuando me doy cuenta de que olvidé volver a cambiar mi sitio en la mesa de las damas de honor y los padrinos, ya es demasiado tarde.

No son Jasper y Suzi quienes me preocupan.

Es que, incluso después de todas las barbaridades que me dijo ayer, voy a pasarme toda la fiesta sentada al lado de Connor.