Capítulo Tres
Sergei y Fredericka
SERGEI ESPERÓ EN EL dormitorio varios minutos, dándole a Fredericka tiempo y espacio. Era evidente que lo necesitaba, a juzgar por cómo había palidecido al enterarse de su edad y cómo había salido de la habitación como una zombi.
Cuando por fin salió a reunirse con ella, la encontró preparándose una segunda taza de café con movimientos letárgicos.
Volvió a sentarse junto a Fredericka, esperando a que hablara, pero ella siguió bebiendo su café con la mirada vacía.
Sergei reprimió un bufido de impaciencia. ¿Por qué demonios le daba tanta importancia a la diferencia de edad? Eran apenas seis años, y tampoco es que él fuera menor de edad.
Cuando Fredericka por fin lo miró, Sergei pensó: Por fin. Al fin había recobrado la cordura——
—No va a funcionar.
Él frunció el ceño. Estaba claro que todavía seguía loca.
—¿Porque eres seis años mayor? —El modo en que se encogió ante sus palabras fue respuesta suficiente, y él la miró con patente incredulidad—. Debes estar de broma.
—Para mí esto no es ninguna broma —dijo Fredericka con voz tenue.
—Pues debería serlo —espetó Sergei—. Tengo veintitrés años , no trece——
—Aun así——
—Ser mayor que yo no te hace más rica ni más experimentada. —Su voz se tornó sarcástica—. ¿O acaso lo eres?
Aunque Fredericka notó que se sonrojaba ante la verdad de sus palabras, insistió:
—Simplemente no va a funcionar.
—Tonterías. —Su mirada atrapó la de ella—. Me deseas. Lo sabes.
Ella se obligó a no apartar la vista, aunque aquella mirada oscura y posesiva hizo que su cuerpo temblara ante el recuerdo repentino y vívido de sus caricias.
Sergei negó con la cabeza.
—Ni siquiera puedes apartar los ojos de mí, pchelka . Tanto me deseas.
—Se me pasará——
El multimillonario cortó su débil protesta con una risa burlona.
—No, abejita. Lamento decírtelo, pero no funcionará así. ¿No ves que la química entre nosotros es increíble? —exigió, clavando la mirada en ella—. No me olvidarás fácilmente.
Ella negó bruscamente con la cabeza.
— Te olvidaré.
—No soy el tipo de hombre que se olvida fácilmente.
—No me subestimes. —El modo en que su cuerpo seguía anhelando sus caricias se burlaba de ella, y se clavó las uñas con fuerza en las palmas—. Haré todo lo posible para olvidarte, aunque tenga que buscar a otro——
Una furia fría brilló en los ojos del multimillonario, y la voz de ella se apagó.
—Eres mía. —Sergei la miró fijamente, desafiándola a negar la verdad—. Ningún otro hombre puede tocar tu cuerpo —dijo con ferocidad—, así que no vuelvas a decir algo así jamás.
Sergei sabía que estaba siendo demasiado exigente y posesivo, pero le daba igual. El mero pensamiento de que Fredericka estuviera con otro hombre bastaba para cegarlo de rabia, y que fuera ella quien lo sugiriera——
Sería capaz de matar antes de permitir que eso sucediera.
Como Fredericka no dijo nada, él advirtió con calma pero con firmeza:
—No me pongas a prueba con esto.
Obligándose a apartar la mirada, Fredericka murmuró:
—No lo entiendes.
—Pues explícamelo —espetó él.
Sin mirarlo aún, Fredericka comenzó a hablar con voz tenue.
Contó una historia sobre una chica que solía hacer de canguro para la pareja más rica del vecindario. Años después, la chica acabó casándose con el chico. Ella tenía veinticinco años. Él, dieciocho.
Y eran los padres de Fredericka.
Todo cobró sentido entonces, y el rostro de Sergei se tornó inexpresivo mientras esperaba el resto de la historia.
—Él la abandonó, y ella tuvo que dejar su trabajo de oficina para criarme sola. Empezó a hacer trabajos esporádicos y acabó matándose a trabajar. —Fredericka se mordió el labio con fuerza, recordando lo devastada que había quedado a los dieciséis años con la muerte de su madre.
Si había una lección que extraer de la vida de su madre, truncada demasiado pronto, era que enamorarse de un hombre más joven jamás funcionaría.
¡Nunca, nunca, nunca!
Pero cuando el multimillonario la miró, ella no pudo evitar que se le cortara la respiración.
—Yo no soy tu padre, pchelka , y tú no eres tu madre. Lo que le pasó es una desgracia, y lamento que hayas sufrido tanto. Pero dicho esto——
La mirada de Sergei atrapó la suya.
Oh.
Ni siquiera tenía que decirle lo que pensaba, porque podía leerlo con claridad en sus ojos——
Aun sabiendo que ella cargaba con un pasado——
Él seguía queriendo follársela.
Una oleada de anhelo la invadió al pensarlo, pero aun así, Fredericka se obligó a negar con la cabeza.
—Sergei——
—Eres una mujer inteligente, Fredericka. Debes saber que somos diferentes a ellos y que tomamos nuestras propias decisiones. —La voz del multimillonario se volvió más grave—. Así que déjame decirlo una vez más.
Ella se sobresaltó en el asiento al oír su voz, y cuando vio cómo sus ojos ardían con más intensidad aún——
Dios mío.
—Quiero follarte.
El deseo se retorció en su estómago ante las atrevidas palabras del multimillonario.
—Déjame ser tu amante.
Ella se humedeció los labios, y los ojos de él relampaguearon—
Dios. Oh, Dios. Solo con mirarla así, la hacía querer olvidarlo todo—
—S-Sergei.
Su voz sonó desvalida.
—Di que sí —la instó.
—No puedo.
La angustia y el anhelo batallaban dentro de ella.
—Sé que estoy siendo estúpida, pero—
Estaba aterrorizada. Su padre había sido igual que Sergei Grachyov a su edad. Alto, moreno, guapo y tan, tan encantador. Así lo había descrito su madre, y su madre no había dejado de amarlo ni siquiera sabiendo que el hombre que la dejó embarazada era un imbécil de campeonato.
Los labios de Sergei se tensaron.
—Lo siento —dijo ella con torpeza—. Es que no creo que—
—¿Fuiste al café esta noche pensando en liarte con Julian Alexeyev?
La pregunta repentina la pilló desprevenida.
—Yo—
—Respóndeme —espetó él.
—Sí—
El multimillonario soltó una maldición ante su respuesta, y ella se encogió, protestando:
—No veo por qué importa—
—Importa y mucho —gruñó Sergei—, porque no entiendo por qué Julian Alexeyev tiene vía libre con tu cuerpo—
—¡Sergei!
—Cuando él es tan cabrón como yo—
Ella se levantó de un salto.
—Estás loco—
Él también se puso en pie, con un gruñido:
—La loca eres tú.
La agarró de los hombros, apretando los dientes:
—Ambos sabemos que puedo seducirte—
—¿Y qué si puedes? —gritó ella.
Era inútil negar las palabras del multimillonario, no cuando su cuerpo se tensaba y clamaba ante su proximidad, ansiando volver a estar bajo su dominio.
Su cercanía le hacía olvidar cómo respirar, su hermoso rostro hacía que el corazón se le desbocara sin intención de calmarse jamás.
Pero aun así—
—Estoy aterrada de que me hagan daño, ¿de acuerdo?
Ah.
En sus grandes ojos grises, él vio la inocente necesidad que ella sentía por él.
Pero en esos mismos ojos, también vio todos sus miedos, y dejó caer las manos de los hombros de ella.
—Maldición.
La frustración teñía la voz del multimillonario.
—¿No puedes simplemente elegir que no te hagan daño?
Se le escapó una risa temblorosa.
—Ojalá fuera posible—
Fredericka ni siquiera había terminado de hablar cuando él empezó a alejarse, y su voz se apagó.
Así que esto era todo , pensó aturdida.
Lo vio alejarse cada vez más de ella.
Esto era mejor, esto era mejor, esto era mejor—
Pero cuando él fue a abrir la puerta, no pudo evitarlo.
—¿Te v-volveré a ver?
Sergei se detuvo, con la mano aún en el pomo.
La vergüenza la invadió.
Mieeeeeerda .
Después de armar tanto escándalo sobre cómo nada podía pasar entre ellos, ¿por qué tuvo que preguntarle eso?
Sergei sabía que habría sido más inteligente, incluso más amable, simplemente irse sin decir una palabra.
Cuanto menos se dijera, mejor, ¿no era siempre así?
Y sin embargo, cuando oyó cómo se le quebraba la voz al llamarlo—
—¿S-Sergei?
Blyad.
Había planeado irse para no hacerle daño, pero ya se lo estaba haciendo.
Se giró para encararla y dijo con dureza:
—Una noche.
Los ojos de Fredericka se abrieron de par en par.
Se oyó a sí mismo decir:
—Dame esta noche. Déjame solo saborearte, y no me refiero a follarte, pero quiero...
Respiró con dificultad.
—Solo quiero sentir cómo te corres, probar tu placer, y luego podemos recordarnos el uno al otro como—
Sus labios se torcieron.
—Una fantasía. Una noche basta para vivir la fantasía, pchelka , pero una noche no basta para hacerte daño.
Oh.
—¿ Da ?
Le estaba preguntando si diría que sí a la fantasía.
Ella susurró:
— Da .
Y entonces todo se volvió borroso.
Se encontraron a medio camino en la sala, sus bocas fundiéndose—
Su primer beso.
Las manos de él recorrieron su cuerpo con urgencia—
Su primera caricia.
Sus brazos se cerraron en torno a ella—
Su primer abrazo.
Tantas primeras veces en tan poco tiempo, la sangre se le subió a la cabeza.
El beso se intensificó, la lengua del multimillonario abriéndose paso entre sus labios entreabiertos—
Aaaaaaah.
Ella le rodeó el cuello con los brazos, y él la besó con más fuerza, la atrajo más hacia sí, hizo todo lo que solo conseguía que le costara más y más pensar—
Hasta que no quedó más remedio que dejarse llevar.
Fredericka dejó de pensar.
Simplemente se entregó a él, y el multimillonario lo tomó como algo que le correspondía por derecho, como si siempre hubiera sabido que estaba destinado a dominarla.
La levantó en brazos, la llevó de vuelta a la cama y la depositó con delicadeza.
Sus dedos volvieron a moverse con destreza sobre su cuerpo, desnudándola a una velocidad récord.
Un parpadeo, y estaba desnuda.
Otro parpadeo, y él también lo estaba.
Sus cuerpos se encontraron cuando el peso de él cayó sobre ella, y jadeó, sin haber imaginado hasta entonces lo bien que se sentía tener a alguien tan grande y fuerte sobre su cuerpo blando. Él la dominaba en todos los sentidos, y oh, cuánto le encantaba que así fuera.
Cerró los ojos cuando sintió la boca de él moverse por su cuerpo.
Era tan difícil creer que este hombre era cinco años más joven—
Sabía tan, tan bien dónde besar, dónde tocar—
Le acarició los pechos con las palmas, y ella gimió.