CAPÍTULO 8 - EL FETICHE DE LO INACCESIBLE
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Ella me ofreció su cuello. La sumisión pura, destilada. Fue la cosa más exquisita que he visto. Mis manos temblaron; yo, el hombre que mata sin dudar, temblando por una chica de piel suave y mirada desafiante.
El fetiche de lo inaccesible. Pasé años ocultando mi rostro, distanciándome de cualquier humanidad. La máscara no es solo un trozo de material; es la barrera entre mi monstruo y el resto del mundo. Y ahora, ella quiere atravesarla.
Me alejé de ella en el sótano. No porque quisiera, sino porque si la besaba allí, la consumiría hasta que no quedara nada más que cenizas. El rechazo en su rostro me cortó profundamente.
En mi oficina, miré la botella de whisky. No bebo para olvidar. Bebo para enfocarme.
—¿Qué me estás haciendo, Clara? —susurré hacia el cristal manchado.Mi sistema de creencias, mi seguridad en la violencia fría y calculada, todo se estaba desmoronando bajo el peso de su presencia.
La veía en las cámaras todo el tiempo. Sentada en la cama, cepillándose el cabello, durmiendo.
El voyeurismo alimentaba mi hambre sombría, pero no era suficiente.
El fetiche de tenerla intacta e inaccesible se transformó en una necesidad apremiante de arruinarla y adorarla en igual medida.
Soy un hombre que vive en la oscuridad, y ella es un incendio intencional disfrazado de damisela en apuros. Voy a dejar que arda.