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—Allí —señalé.
Avanzamos hacia la puerta junto a los demás policías. Se colocaron estratégicamente en la pared con las pistolas a mano, asegurándose de que no hubiera ninguna amenaza ahí dentro. Tras unos segundos, Landon abrió la puerta lentamente mientras los demás permanecían en posición de alerta, listos para reaccionar ante cualquier imprevisto.
—Todo despejado —informó él.
Iba a ser el primero en entrar, pero lo detuve por el brazo.
Landon siguió con la mirada el agarre antes de dirigir sus ojos hacia mi rostro, confuso.
—Vamos a encontrarla, y estará bien —afirmé, tratando de infundir seguridad.
Tragó saliva con fuerza, preparándose para lo que nos esperaba al otro lado de esa puerta.
NOLAN
Estaba sentado en el borde de la cama, con los codos apoyados en las rodillas y las manos entrelazadas. La niña estaba de pie, indagando en las cosas del armario. Se estaba pro-bando un gorro de lana amarillo.
—¿Cómo me queda? —preguntó, girando sobre sus talones con la intención de voltearse hacia mí. Pero le iba tan grande que le cubría los ojos, y en lugar de girarse en mi dirección, acabó encarando la pared.
—Ven, anda.
Tuvo que levantar un poco su gorro para saber a dónde estaba. Se acercó a mí y se lo coloqué bien, doblando los bordes para ajustárselo a su tamaño.