Capítulo 11 La noche de las revelaciones #3
Sentada frente a la mesa de madera de la cabaña, Sarah observó nuevamente el mapa desplegado frente a ella.
Había marcado varios lugares relacionados con las investigaciones de Emily sobre Black Creek, el antiguo pueblo abandonado que parecía haberse convertido en una obsesión durante las últimas semanas.
Uno de los puntos llamó especialmente su atención.
Un viejo sendero forestal situado al noreste del Monte Rainier.
Emily lo había mencionado varias veces en sus notas.
Incluso había anotado unas coordenadas junto a él.
Sarah tomó un bolígrafo y rodeó el lugar con un círculo.
—Si yo estuviera investigando esto, comenzaría allí —murmuró.
La decisión estaba tomada.
Preparó una mochila con agua, comida, una linterna, una libreta y una cámara fotográfica.
Luego salió de la cabaña.
La mañana era fría.
El bosque parecía tranquilo.
Pero Sarah sentía una extraña tensión en el ambiente.
Como si la montaña estuviera escondiendo algo.
Dos horas más tarde, conducía por una carretera secundaria rodeada de árboles gigantescos.
La cobertura telefónica desaparecía y regresaba de forma intermitente.
Cada vez había menos señales de civilización.
Menos vehículos.
Menos personas.
Finalmente encontró el acceso al sendero señalado en el mapa.
Era poco más que un camino de tierra estrecho y descuidado.
La vegetación había comenzado a invadir parte de la entrada.
Sarah estacionó unos minutos para observar el lugar.
No parecía un camino muy transitado.
Precisamente por eso llamó su atención.
Emily siempre se sentía atraída por lugares olvidados.
Por historias que otros ignoraban.
Por rincones que parecían haber desaparecido del mundo.
Sarah volvió al automóvil y avanzó lentamente por el sendero.
Las ramas rozaban los costados del vehículo.
La vegetación se volvía cada vez más espesa.
A ambos lados del camino se levantaban enormes pinos que ocultaban gran parte de la luz solar.
El ambiente parecía más oscuro de lo que debería ser a aquella hora.
Después de varios kilómetros, el sendero se dividió en dos direcciones.
Sarah detuvo el vehículo.
Consultó el mapa.
Según las notas de Emily, debía continuar hacia la derecha.
Lo hizo.
A medida que avanzaba, comenzaron a aparecer señales extrañas.
Marcas de neumáticos recientes.
Pequeños restos de barro desplazado.
Una huella parcialmente visible cerca del borde del camino.
Sarah estacionó nuevamente.
Bajó del automóvil.
Observó con atención.
Aquellas marcas no parecían antiguas.
Alguien había pasado por allí hacía poco tiempo.
Quizás días.
Quizás horas.
Su corazón comenzó a acelerarse.
Tomó varias fotografías.
Después regresó al automóvil.
Continuó avanzando.
Diez minutos más tarde vio algo entre los árboles.
Una forma oscura.
Metálica.
Parcialmente oculta por la vegetación.
Sarah frenó inmediatamente.
Durante unos segundos permaneció inmóvil.
Observando.
Intentando convencerse de que no era lo que imaginaba.
Pero en el fondo ya lo sabía.
Abrió la puerta.
Descendió lentamente.
Y caminó hacia aquella figura.
Con cada paso sentía cómo aumentaba la tensión en su pecho.
Las ramas crujían bajo sus botas.
El viento agitaba las copas de los árboles.
El silencio parecía observarla.
Entonces llegó hasta el vehículo.
Su respiración se detuvo por un instante.
Era el automóvil de Emily.
No tenía ninguna duda.
Lo había visto muchas veces.
La matrícula coincidía.
El color coincidía.
Todo coincidía.
—Emily...
La palabra escapó de sus labios casi sin darse cuenta.
El automóvil estaba abandonado.
Solo.
Oculto entre los árboles.
Como si alguien hubiera intentado esconderlo.
Sarah se acercó rápidamente.
Las puertas estaban cerradas.
Las ventanas intactas.
No parecía haber señales visibles de accidente.
Aquello resultaba aún más preocupante.
Porque significaba que Emily probablemente había llegado hasta allí por sus propios medios.
Pero luego había desaparecido.
Sarah rodeó el vehículo varias veces.
Observó cuidadosamente cada detalle.
Había barro en los neumáticos.
Ramas rotas cerca de la parte trasera.
Y algo más.
La puerta del conductor estaba ligeramente mal cerrada.
Apenas unos milímetros.
Lo suficiente para que alguien atento pudiera notarlo.
Sarah intentó abrirla.
Esta vez la puerta cedió.
El interior apareció ante ella.
Vacío.
Silencioso.
Abandonado.
Una sensación desagradable recorrió su espalda.
Emily había estado allí.
Podía sentirlo.
El asiento estaba ajustado exactamente a su altura.
Había una botella de agua a medio terminar.
Un cuaderno.
Un bolígrafo.
Un mapa doblado.
Todo parecía detenido en el tiempo.
Como si la dueña del automóvil hubiera salido por unos minutos.
Y jamás hubiera regresado.
Sarah comenzó a examinar cuidadosamente el interior.
Sabía que debía hacerlo con cuidado.
No quería alterar posibles pruebas.
Tomó fotografías de todo.
Asientos.
Tablero.
Objetos personales.
Compartimentos.
Luego abrió el cuaderno.
Las últimas páginas contenían anotaciones apresuradas.
Nombres.
Fechas.
Ubicaciones.
Referencias a Black Creek.
Pero una frase resaltaba entre todas las demás.
"Alguien me sigue."
Sarah sintió un escalofrío.
Leyó la frase nuevamente.
No había contexto adicional.
Solo aquellas palabras.
Sencillas.
Directas.
Inquietantes.
Continuó revisando.
Nada más parecía fuera de lugar.
Hasta que observó algo extraño bajo el asiento del pasajero.
Un pequeño objeto negro.
Parcialmente oculto.
Sarah se agachó.
Extendió la mano.
Y lo sacó lentamente.
Era una grabadora digital.
Pequeña.
Compacta.
Parecía haber sido escondida deliberadamente.
Su corazón comenzó a latir más rápido.
Presionó el botón de encendido.
La pantalla se iluminó.
Todavía tenía batería.
Había varios archivos almacenados.
Sarah tragó saliva.
Seleccionó el más reciente.
Y presionó reproducir.
Durante unos segundos solo escuchó ruido.
Viento.
Pasos.
Respiración acelerada.
Después apareció una voz.
La voz de Emily.
Temblorosa.
Asustada.
Muy diferente a la voz tranquila que Sarah conocía.
—Si alguien encuentra esto...
La grabación se interrumpió brevemente.
Luego continuó.
—Necesito que escuchen con atención.
Sarah sintió cómo se tensaban todos los músculos de su cuerpo.
La voz de Emily volvió a sonar.
—Ellos saben lo que encontré.
Un escalofrío recorrió su espalda.
La respiración de Emily era rápida.
Nerviosa.
Como si estuviera corriendo.
Como si tuviera miedo.
—No sé cuánto tiempo tengo.
Se escuchó un ruido distante.
Después silencio.
Luego la voz regresó.
Más baja.
Más urgente.
—Sarah...
El corazón de Sarah pareció detenerse.
Escuchar su nombre en aquellas circunstancias resultó devastador.
—Si estás escuchando esto...
Otro ruido.
Más cercano.
Emily parecía contener la respiración.
Y entonces llegaron las palabras que cambiarían todo.
—No vengas a buscarme.
Sarah cerró los ojos.
Pero la grabación aún no había terminado.
La última frase llegó acompañada por un miedo tan evidente que atravesó cada fibra de su cuerpo.
—Corre.
Luego silencio.
Nada más.
La grabación terminó.
Sarah permaneció inmóvil.
Sosteniendo la grabadora entre las manos.
Sin poder apartar la mirada de la pantalla.
Aquella no era una desaparición voluntaria.
No era una simple ausencia.
No era una investigación que se había salido de control.
Emily estaba aterrorizada.
Y había dejado aquel mensaje específicamente para ella.
Porque sabía que Sarah intentaría encontrarla.
Porque sabía que no se rendiría.
Porque sabía exactamente cómo pensaba.
Sarah sintió una mezcla de emociones.
Miedo.
Tristeza.
Confusión.
Determinación.
Todo al mismo tiempo.
Miró nuevamente el bosque.
Por primera vez desde que comenzó la búsqueda comprendió la magnitud real del peligro.
Emily había descubierto algo.
Algo tan importante que había provocado miedo.
Algo tan grave que alguien estaba dispuesto a perseguirla.
Y quizás a hacerla desaparecer.
Sarah observó los árboles que rodeaban el lugar.
Parecían interminables.
Oscuros.
Silenciosos.
Como si ocultaran secretos antiguos.
Y quizás lo hacían.
Porque en algún punto de aquel inmenso bosque se encontraba la verdad.
La verdad sobre Black Creek.
La verdad sobre la desaparición de Emily.
Y posiblemente la verdad sobre las personas que estaban dispuestas a todo para mantener ciertos secretos enterrados.
Sarah guardó cuidadosamente la grabadora.
Tomó una última fotografía del automóvil.
Luego observó el sendero que se adentraba aún más en la montaña.
Emily había dejado una advertencia.
Una advertencia clara.
Una advertencia sincera.
Pero Sarah ya había tomado una decisión.
No iba a huir.
No iba a correr.
No iba a abandonar a su amiga.
Porque cuanto más intentaban ocultar la verdad, más convencida estaba de que debía encontrarla.
Y aquella grabación acababa de confirmar algo fundamental.
Emily no estaba perdida.
Emily estaba en peligro.
Y el tiempo para encontrarla comenzaba a agotarse.
Capítulo 4: “Corre”
La palabra seguía resonando en la mente de Sarah.
Corre.
Una sola palabra.
Una advertencia.
Una súplica.
Quizás ambas cosas al mismo tiempo.
Sentada dentro del automóvil abandonado de Emily, Sarah volvió a reproducir la grabación.
La voz temblorosa de su amiga llenó nuevamente el silencio del bosque.
—Ellos saben lo que encontré...
Sarah cerró los ojos.
La escuchó otra vez.
Y otra.
Y otra más.
Cada reproducción revelaba pequeños detalles que habían pasado desapercibidos durante la primera escucha.
La respiración acelerada.
Los sonidos del fondo.
Las pausas.
El miedo.
Era evidente que Emily estaba siendo perseguida.
Pero había algo más.
Algo que Sarah no lograba identificar.
Tomó unos auriculares profesionales de su mochila y conectó la grabadora.
Subió el volumen cuidadosamente.
Reprodujo el archivo una vez más.
Esta vez se concentró únicamente en los sonidos del fondo.
Durante varios segundos solo escuchó viento.
Pasos.
Ramas rompiéndose.