Capitulo Cinco
Sofia me lo conto con la misma calma con la que le contaria cualquier cosa importante: directamente, sin dramatismo innecesario, con la informacion suficiente y no mas.
La noche del doce de agosto, a las dos de la manana, yo sali de la casa.
No con llaves, no con movil, no con nada.
Marta me escucho salir y desperto a las otras dos. Las tres me siguieron a distancia hasta la playa. Me vieron sentarme en la orilla con el agua llegandome a los pies y mirar el mar durante cuarenta minutos sin moverme.
Luego me levante y volvi a la casa.
No habia nadie en la playa. No habia peligro inmediato.
Pero las tres se quedaron despiertas hasta que escucharon mi puerta cerrarse, y al dia siguiente Patri queria llamar a mis padres y Sofia dijo que esperaran, que ella hablaria conmigo, y Marta dijo que si en cuarenta y ocho horas no habia cambio llamaban a alguien.
Cambie.
No de manera espectacular. Simplemente, poco a poco, a partir del treceavo dia, empece a volver. A dormir un poco mas. A comer. A participar en las conversaciones.
El dieciséis de agosto estaba en la terraza cuando se me quedaron mirando con esa expresion.
Dije: por que me mirais asi?
Sofia dijo: porque eres tu.
No entendia lo que queria decir.
Ahora si lo entiendo.
Y entender eso fue el principio de lo que necesitaba entender sobre los seis meses anteriores y sobre la noche del doce de agosto y sobre lo que habia estado cargando tan silenciosamente que ni yo misma lo habia visto hasta que mi cuerpo lo solto en la orilla del mar en Zahara de los Atunes a las dos de la manana.