CAPÍTULO 31 — Orden Final del Peregrino
BLOQUE 1
Baltasar, finalmente dentro de la propia catedral tras completar los últimos metros de un trayecto que había durado, en total, cincuenta años enteros de espera paciente, se detuvo frente al propio altar mayor con una emoción que ninguno de los presentes intentó interrumpir,
permitiéndole aquel momento de recogimiento personal que tan merecidamente había ganado.
---Mi padre siempre soñó con estar aquí ---dijo, finalmente, rompiendo el propio silencio con una voz todavía cargada de emoción considerable---. Nunca completó él mismo este último tramo. Me alegra, más de lo que puedo expresar con palabras, haber podido hacerlo en su nombre, además del mío propio.
Gabriel, permaneciendo cerca con el mismo respeto considerable que había definido su propia relación con Baltasar a lo largo de todo aquel tomo particular, ofreció finalmente la pregunta que representaba, para todo el equipo, la principal decisión pendiente sobre el propio futuro del manuscrito.
BLOQUE 2
---¿Qué le gustaría que hiciéramos con esto, Baltasar? ---preguntó, con la delicadeza necesaria dado el momento---. Es su decisión, más que la de cualquiera de nosotros.
Baltasar, considerando la pregunta con la misma calma pausada que lo había caracterizado durante todo el trayecto, aunque ahora considerablemente más serena tras completar finalmente su propia misión,
ofreció una respuesta que reflejaba plenamente la sabiduría acumulada de toda una vida dedicada a proteger aquel mismo documento.
---Quiero que se estudie con el mismo rigor que aplicaron a cada hallazgo anterior de toda esta larga investigación ---dijo---.
Y quiero, también, que mi propia familia quede reconocida, no como simples guardianes anónimos, sino como parte legítima de toda esta historia compartida.
Mi padre merece ese reconocimiento, tanto como Teodomiro, tanto como cualquier custodio oficial que ustedes ya documentaron con tanto detalle.
BLOQUE 3
Adrien, escuchando aquella petición con una determinación considerable, se comprometió de inmediato a garantizar exactamente aquel reconocimiento completo.
---La familia Ordóñez va a figurar, con todo el detalle que merece, en cualquier publicación futura relacionada con este manuscrito ---prometió---. Su padre, y usted mismo, merecen ocupar un lugar tan importante como cualquier otro guardián que documentamos a lo largo de estos años.
Padre Esteban, ofreciendo su propia bendición formal sobre aquel momento culminante, formuló una última pregunta que representaba, para él, una consideración pastoral genuina.
---¿Hay algo más que podamos hacer por usted, Baltasar? Algo que necesite, considerando todo lo que enfrentó estos últimos días.
Baltasar, considerando aquella pregunta con una sonrisa cansada pero genuinamente serena, ofreció una respuesta final que capturaba, con considerable honestidad, el propio estado en que se encontraba tras completar finalmente su misión.
---Solo un lugar tranquilo para descansar esta noche ---dijo---.
Y quizás, si no es mucho pedir, la compañía de todos ustedes durante lo que me queda de tiempo, para poder contarles, con toda la calma que ya no tengo que reservar para el propio camino, cada detalle que mi padre me enseñó sobre esta historia que finalmente pudimos completar juntos.
Gabriel, sintiendo el peso completo y agridulce de aquella petición, se comprometió, junto al resto del equipo, a acompañar a Baltasar durante el tiempo que le quedara, honrando así, de la manera más genuina posible,
todo lo que había arriesgado para completar aquel último y decisivo tramo del Camino.