El Último Peregrino (El Código del Camino de Santiago 7) CAPÍTULO 6 — Bajo Protección
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CAPÍTULO 6 — Bajo Protección

BLOQUE 1

La salida de Sarria, organizada con considerable cuidado apenas amaneció, incluyó un dispositivo de seguridad reforzado que Otero había logrado coordinar durante la noche: dos agentes caminando discretamente entre el propio grupo de peregrinos regulares,

un vehículo de apoyo siguiendo la ruta por carretera paralela siempre que fuera posible, y comunicación constante con la comisaría más cercana en cada uno de los pueblos que atravesarían durante los próximos días.

---Vamos a caminar como cualquier grupo de peregrinos más, sin ningún distintivo que nos identifique como protección oficial ---explicó Otero, revisando el plan con todo el equipo antes de emprender la marcha---.

Cuanto menos evidente resulte nuestro propio dispositivo, más difícil les resultará a cualquiera de los dos grupos anticipar nuestros movimientos con precisión.

Baltasar, ajustando su propia mochila con la ayuda de Lucía, quien insistió en revisar personalmente que la correa que sostenía el manuscrito estuviera asegurada de la manera más discreta posible, sintió una determinación renovada a pesar del evidente cansancio acumulado de la noche anterior.

BLOQUE 2

---¿Listo para seguir caminando? ---preguntó Gabriel, ajustando su propio ritmo al de Baltasar mientras el grupo completo emprendía finalmente la marcha hacia Portomarín.

---Más listo que nunca ---respondió Baltasar, con una sonrisa que reflejaba, a pesar de todo lo vivido la noche anterior, una determinación considerable---.

Cincuenta años esperando este momento, doctor Llorente.

No voy a dejar que un par de hombres asustados con malas intenciones me detengan ahora, tan cerca del final.

Adrien, caminando cerca de ambos, ofreció una perspectiva académica que ayudaba a distraer, aunque fuera parcialmente, la tensión evidente del propio grupo mientras avanzaban por el camino rural que se extendía entre bosques de eucaliptos y pequeños pueblos gallegos dispersos.

---Es curioso pensar que estamos recorriendo, literalmente, el mismo camino que millones de peregrinos completaron a lo largo de mil doscientos años enteros, cada uno con sus propias razones, sus propios miedos, sus propias esperanzas ---comentó---.

Nosotros simplemente añadimos, a esa larga tradición, un capítulo considerablemente más peligroso de lo habitual.

BLOQUE 3

El propio trayecto hasta Portomarín, completado sin incidentes adicionales a pesar de la tensión constante que acompañaba cada curva del camino y cada grupo de desconocidos que cruzaban en sentido contrario, permitió al equipo completo, incluido Baltasar,

recuperar cierta normalidad relativa dentro de la propia experiencia compartida de caminar juntos.

Lucía, aprovechando un momento de descanso junto a un pequeño riachuelo que cruzaba el propio sendero, formuló una pregunta que llevaba considerando desde el primer encuentro con Baltasar.

---¿Alguna vez se arrepintió, durante estos cincuenta años, de la responsabilidad que su padre le confió? ---preguntó, con la genuina curiosidad que la definía desde el primer tomo de toda la saga.

Baltasar, considerando la pregunta con la misma calma pausada de siempre, ofreció una respuesta que capturaba, con considerable honestidad, el propio peso de aquella responsabilidad heredada.

---Muchas veces, sobre todo en los años en que apenas podía permitirme pensar en otra cosa ---admitió---.

Pero cada vez que dudaba, pensaba en mi propio padre, cargando con lo mismo durante toda su vida sin nunca quejarse abiertamente.

Y entonces entendía que algunas responsabilidades, aunque pesadas, terminan definiendo quiénes somos de una manera que ningún arrepentimiento puede realmente cambiar.

Gabriel, escuchando aquella reflexión con una comprensión considerable, sintió que la propia jornada, a pesar de todo el peligro acumulado, representaba también un momento de conexión genuina con la historia humana, profundamente personal, que sostenía cada capítulo de aquella larga saga compartida.