Johnny
Tengo su cabeza acunada contra mi pecho. Si quiero que se quede, necesito convencerla de que no soy el asesino despiadado que cree. —Por mucho que me encantaría pasar todo el día desnudo contigo, tenemos que levantarnos.
Murmura algo ininteligible. Le doy una palmada en el culo y salgo de la cama.
—Tenemos que hablar. No podemos quedarnos aquí mucho más y ya es hora de que aclaremos toda esta mierda entre nosotros, nena.
Está saciada y lánguida. Le di duro a ese culo, la follé bien fuerte, dejándole claro quién manda aquí. Pero no la quiero como prisionera; mi estúpido corazón quiere que sea mi esposa. Quiero que me elija. Que crea en mí. Que me escoja como su hombre.
—Ve a ducharte, tengo unos vaqueros y unas botas nuevas para ti. Te vendrá bien caminar bajo el sol.
—Mis ojos están bien. Gracias a Roger. Se aseguró de que tuviera una lámpara de luz ultravioleta.
—El jodido Rog. Jugando a ser el héroe atento. De todas formas, tengo gafas polarizadas para ti. Podemos ir de picnic más allá del huerto, junto a un arroyo.
Intento no sonar ansioso. Nunca la cortejé abiertamente; simplemente acabamos en la cama y ahí nos quedamos. Tuvimos momentos románticos, claro, pero nunca los planifiqué. Estar aquí en Springdale, Oregón, ya es romántico de por sí.
Después de una ducha fría y ponerme unos vaqueros, voy a la cocina a buscar lo necesario para el picnic.
No está comiendo lo suficiente. Me dice que la comida que le daban en cautiverio era mejor que lo que le sirvo yo.
Descarada. Las mujeres siempre se volvían locas por Rog, un antiguo ejecutor de un club de moteros, pero nunca pensé que Christine acabaría pillándose por su carcelero.
Espero que nuestro reencuentro esté acabando con esa mierda.
Si no, tendré que llamar a su mujer y contarle qué y a quién ha estado escondiendo justo bajo sus pies.
Debajo del bar de Rog es donde tuvo a mi chica durante un año.
Le daba pequeños placeres, la alimentaba con sus preciadas recetas… Dev se va a volver loca, fijo.
—¿Nena? ¿Estás lista?
Doy dos golpes con los nudillos en la puerta de su habitación. Abre y casi me caigo de espaldas al verla recién duchada, con el pelo todavía húmedo y rizado en las puntas. Quiero llevarla directamente a la cama. Que le den al picnic.
—No me mires así.
—¿Así cómo?
—Sabes cómo.
Me pone una mano en el pecho y me empuja hacia atrás para pasar.
—Además, estoy muerta de hambre. Necesito comida y café.
—Mandona —murmuro, y le doy una palmada en el culo mientras la sigo.
No me fío del todo de esta tregua fácil. Por mucho que quiera que estos momentos sean reales, sé que no podemos volver atrás sin más, porque incluso cuando creí que era mía, no lo era.
Cojo la cesta con las cosas del picnic y le tomo la mano, apretándola con fuerza. Puede que no lo diga con palabras, pero está claro que no pienso soltarla.
—¿Hay café ahí dentro? —levanta una ceja.
—Un termo lleno.
—Bien. Porque me debes unas cuantas explicaciones.
—¿Yo?
—Me tuvieron encerrada en el sótano de un pub durante un año.
—Mejor eso que donde querían meterte.
Se estremece y la atraigo hacia mí.
—Nunca. Jamás dejaré que eso pase.
—¿Y ahora qué? ¿Adónde vamos desde aquí?
—No lo sé. Empecemos por dar un paseo. Eso sí podemos hacerlo, ¿no?
Asiente mientras la llevo al vestíbulo, donde se calza unas botas nuevas. Los dos respiramos hondo al salir. Le doy unas gafas de sol.
—Por si todavía tienes los ojos sensibles.
Asiente y se las pone. Sigo con su mano en la mía y juntos caminamos por el sendero hacia el huerto y el estanque. Las hojas crujen bajo nuestros pies, el sol brilla en lo alto y, solo por un momento, siento paz. Esa paz que pasas toda la vida buscando.
—Qué bonito es esto. Después de tanto tiempo encerrada en la oscuridad, había olvidado lo vibrantes que pueden ser las hojas en otoño. Todo parece más nítido. Hasta el olor de las hojas mojadas y el humo que sale de las chimeneas.
Una lágrima le resbala por debajo de las gafas de sol. Esa única lágrima me destroza el corazón. Joder.
Me paro y la estrecho con fuerza.
—Yo estuve encerrado contigo. Mi corazón y mi alma; enjaulados.
Solloza contra mi pecho. Es una mujer fuerte. Que no tenga miedo de mostrarse vulnerable conmigo hace que la desee aún más.
—Mi hermano. Es lo único que me queda. Habrá llorado mi muerte. Habrá celebrado un funeral…
—Nunca dejó de buscarte.
—¿Y tú sí? —levanta la cabeza de mi pecho.
—Nena. Tienes que entenderlo. Conozco la mafia.
A los que mandan… el precio de la traición.
Le creí a Roque cuando dijo que mi familia lo había ordenado.
Me ocultó la verdad porque sabía que no estaba preparado para enfrentarme a ti.
Me volví loco cuando todo estalló. Perdí mi título de Don.
Mi propia gente se volvió contra mí. Roque intervino y la familia Lamatti pasó a formar parte de la suya.
Ahora soy el segundo. Nunca llegaré a la cima; sus primos son de su sangre.
Yo no. Pero seré su segundo hasta el día que me muera.
—Y-yo no sé qué quieres de mí. Ni qué quiero yo para mí misma. Mi vida anterior ya no existe. Todos mis amigos y compañeros me dan por muerta. No puedo volver ni puedo seguir adelante. No con una recompensa por mi cabeza.
—Si pudiera… si pudieras cambiar las cosas, ¿adónde irías? ¿Quién serías?
Se encoge de hombros y se agacha a examinar una hoja de arce de colores brillantes.
—Siempre me ha interesado la ciencia. Pero nunca la estudié porque mi hermano me hizo jurar que te encontraría y vengaría el asesinato de nuestros padres.
—Serías una experta forense cojonuda, seguro. Sobre todo con tu experiencia en el FBI.
—Pero nunca podré serlo. Tendría que empezar de cero. Llevaría demasiado tiempo.
Noto cómo se me dibuja una sonrisa.
—Nada es imposible con nosotros. ¿Aún no lo ves?
Se enciende una chispa. Voy a seguir el ejemplo de Roque. Le devolveré todo. Toda su vida. Lo único que tiene que hacer es entregarme su corazón entero para conseguirlo.
—Esta noche vamos a ver una película especial. ¿Te he dicho que soy una estrella de cine internacional?
Pone los ojos en blanco.
—¿Hiciste porno mientras yo estaba encerrada?
—¡Ja! Nena, guardé todo esto para ti...
Señalo mis atributos.
—Ya lo verás. Mientras tanto, hagamos un picnic aquí y respiremos hondo. ¿Te parece?
Asiente.
—Sí. Fingir que somos normales por un rato... que esto es normal... aunque sea una hora, es justo lo que necesito.
Extendí una manta en la hierba, le di uvas en la boca, con un placer enfermizo al ver el jugo de la fruta gotear por sus labios.
No dejaba de tocarla. Le apartaba un mechón de pelo de la mejilla que el viento había movido; le presionaba un dedo contra una miga que se aferraba a su labio...
y luego estampaba mi boca contra la suya para saborear todo lo que había en su lengua.
No tenía intención de tumbarla junto al río, pero no pude detenerme, y cuando sus brazos temblaron mientras me atraían hacia ella, supe en lo más profundo que era tan esclava de nuestra lujuria como yo.
Se me pusieron los ojos en blanco mientras mis caderas se impulsaban hacia delante y la punta de mi polla separaba sus pliegues empapados.
En segundos, estaba enterrado hasta el fondo.
Me movía sobre ella con embestidas lentas y perezosas, rotando en círculos mientras mi lengua trazaba sus pezones.
Le di con todo lo que tenía hasta que a ella también se le pusieron los ojos en blanco.
Follamos en el prado durante horas. Fue todo muy tántrico y esas cosas.
Me reí cuando a mi chica le temblaron las piernas al intentar ponerse de pie.
Le quité las hojas del pelo, la besé largo y tendido hasta que ambos nos quedamos sin aliento otra vez.
—Qué cómoda te veo.
Con un cuenco de palomitas en la mano, me dejo caer en el sofá donde está sentada con los pies recogidos.
—Prepárate, nena, esta película te va a dejar flipando.
Sonriendo como el idiota que soy, apunto con el mando a Netflix y encuentro «Poeta Salvaje» en mi lista de favoritos.
—¿Qué demo...?
Se queda boquiabierta mientras Roque sonríe con suficiencia en la portada del póster de su propia película taquillera.
—No te preocupes, yo también salgo... tú también... más o menos... Quería que Selena Gomez te interpretara, pero al final conseguí a una actriz de segunda...
Me tapa la boca con la mano mientras terminan de pasar los créditos iniciales. Es la escena de apertura. Aquella en la que Romina despierta en el bosque y se rodea el cuello con las manos mientras contempla el cielo estrellado. La voz de una niña narra la escena y luego retrocede unas horas...
Le paso el brazo por los hombros y, para mi deleite, se acurruca a mi lado mientras ambos miramos completamente hipnotizados cómo Roque y Romina se interpretan a sí mismos, compartiendo su jodida y oscura historia de amor con el mundo.
—Eso fue... Absolutamente increíble.
—¿Todavía lo odias? ¿Me odias a mí?
Se encoge de hombros.
—Es mucho que procesar. Supongo que es más verdad que ficción, ¿no?
Asiento.
—Ganó su libertad diciendo que todo era arte. Una jodida historia de amor escrita desde puntos de vista opuestos a través del tiempo, pero sí, es verdad. Y ambos consiguieron su cuento de hadas al final. ¿Crees que nosotros todavía podemos conseguir el nuestro?
—susurro con los ojos clavados en su boca. Esos labios... Se muerde el inferior, arrancándome un gemido.
—Nena...
Bajo la cabeza y uno mis labios a los suyos. Este beso es tierno. Dulce. Una combustión lenta que prenderá rápido.
—Johnny...
—gime en el beso.
—Sí, nena, soy tu hombre. Ahora y siempre.
—Te deseo.
—Joder, menos mal. Porque no hay nadie más a quien quiera. Ni ahora ni nunca.