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Las cuatro y media de la mañana en punto.
David nos esperaba vestido con ropa negra deportiva en la entrada para taxis acuáticos del hotel. Un montón de tipos vestidos de la misma manera nos esperaban a bordo de una barca sin señales distintivas.
“Buenos días, David. ¿Cuál es el plan?”
“Vamos hacia la isla de San Giorgio in Alga. Vamos a ver lo que encontramos allí.”
Nunca he sido una persona madrugadora, así que no estaba completamente despierto ni de buen humor.
“Supongo que era absolutamente necesario hacer este viaje de reconocimiento tan temprano.”
“Preferiría que esta pequeña operación fuera lo más discreta posible, así que sí, era absolutamente necesario. Tenemos café si te hace falta”, me contestó con un tono burlón.
“Absolutamente. ¿Ya tienes una idea precisa de lo que vamos a hacer cuando lleguemos?”
“Si. Vamos a echar un vistazo al pozo.”
“¿Pero sabes cómo localizarlo?”
“Si. Con absoluta precisión.”
“No lo entiendo. Los mapas que hemos consultado no indican…”
“Permíteme que te interrumpa, Otto. ¿Te suena la palabra LiDAR?
“Ni idea.”
“LiDAR es un sistema laser que, montado en un dron, te permite hacer un escaneado de un terreno de manera extraordinariamente precisa. Además, tiene una facultad muy útil en el caso que nos ocupa: atraviesa árboles y todo otro tipo de vegetación.
Gracias a este sistema se han descubierto las ruinas de ciudades enteras en Centroamérica, pese a estar completamente escondidas en medio de la jungla.”
“¿Y vamos a utilizar uno de esos drones para encontrar el pozo?”
“Ya lo hemos hecho”, dijo David, enseñándome un mapa de tonalidades verdes. “Aquí lo tienes.”
El mapa mostraba con increíble detalle los restos de la iglesia y el monasterio de San Giorgio in Alga, así como toda variación de nivel en el terreno. Aun así, hacían falta los ojos de un experto para entender aquello.
Viendo mi confusión, David señaló un minúsculo detalle en el mapa. “¿Qué ves aquí?”
Visto así de primeras, aquel punto parecía la X de un mapa del tesoro.
“David, ¿no estarás de broma por un casual? No es tu estilo.”
“Otto, sabes perfectamente que nunca bromeo con temas de trabajo. No es una X. Según nuestros expertos, esto debería ser un pozo veneciano. Los cuatro puntos exteriores que forman la X que tú ves son los puntos donde se recogen las aguas pluviales que van al pozo central”, me dijo.
“Las cuatro pilelle de un pozo veneciano…”, dije asombrado.
“Ahora, ¿adivina qué le falta a este pozo?”
“No te sabía adepto de preguntas retóricas, David.”
Era un acertijo fácil de adivinar.
La vera da pozzo.
El brocal.