IV Bajo tierra
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Le cœur a ses raisons que la raison ne connaît point
Blaise Pascal, Pensées
Las decisiones fundamentales en la vida se toman en muchas ocasiones de manera, digamos, poco racional. Por mucho que intentemos encontrarles explicaciones, normalmente vienen de un lugar más profundo de nuestro cerebro o, mejor dicho, de nuestro corazón. O de las tripas. O como quiera uno llamarlo.
Después de leer el bloc de notas de mi abuelo, mi reacción inmediata fue reservar un vuelo a Roma sin pensarlo más.
Tenía que ir al Monte Soratte y buscar la entrada al lugar seguro donde Matthias Paul había escondido los libros de la Biblioteca.
Pero no quería hacerlo yo solo. Y no por miedo o impotencia.
De haber sido así, habría hablado con David Cohn antes de nada.
No. Quería que una persona muy concreta me acompañara.
Rebecca. La sonriente bibliotecaria. Por supuesto, me dije a mí mismo que sería útil contar con una experta bibliotecaria que pudiera certificar la procedencia de los libros si lográbamos encontrarlos.
Vaya tontería.
Nada de eso. Quería que ella viniera por razones obvias que yo no había procesado todavía. Pero lo que no podía saber en aquel momento es que, haciéndolo, iba a poner su vida en peligro.