BLOQUE 2 #4
Hasta entonces nadie había mencionado una inscripción bajo la base.
—¿Qué dice?
—No lo sabe completa.
—¿Fotografía?
—Sí.
Lucía sintió un cambio inmediato.
Una inscripción no documentada podía ser importante.
Pero también podía tratarse de una marca de montaje o cantería.
No debían convertirla de inmediato en revelación.
—Mandamela.
Elena prometió hacerlo.
El archivo llegó al teléfono unos minutos después.
Lucía abrió la fotografía.
La base de la piedra aparecía de lado.
Había varias incisiones.
Una secuencia parecía contener letras.
No era fácil leer.
Riveiro se acercó.
Adrián también.
Lucía amplió.
Se distinguía algo parecido a:
...POS...
Después otras marcas.
Nada concluyente.
Tomás miró.
—¿Podría decir posición?
Lucía negó.
—No vamos a completar palabras.
Habían aprendido demasiado.
Necesitaban otra imagen.
Luz lateral.
Escala.
Y, sobre todo, verificar si las incisiones eran contemporáneas entre sí.
La base podía contener marcas de colocación.
Eso tendría mucho sentido.
No necesariamente texto destinado a peregrinos.
Elena envió otra fotografía.
Esta vez había una regla junto al borde.
La inscripción parecía continuar:
...POSIC...
Adrián levantó la vista.
—Es difícil no verlo.
Lucía asintió.
Pero seguía sin completar.
Una tercera fotografía mostraba el final:
...ON
Podía ser POSICION.
Si era así, la base podía contener una anotación posterior relacionada con montaje o catalogación.
No necesariamente medieval.
Necesitaban datación paleográfica y material.
Lucía llamó a Marta Seixas.
—Necesito que vea unas fotografías.
Marta las recibió.
Tardó.
—No interpreten todavía.
—No lo hacemos.
—Las incisiones parecen más recientes que la talla principal.
Eso era importante.
—¿Mucho más?
—No puedo decirlo por foto. Pero el surco parece distinto.
Eso reducía la posibilidad de una inscripción original de uso peregrino.
Podía corresponder a una fase posterior de recolocación.
Lucía sintió que el misterio seguía racional.
Marta añadió:
—Hay además líneas de asiento.
—¿De montaje?
—Podría ser.
Eso era muy relevante.
La base podía haber sido marcada cuando la piedra fue trasladada a otra ubicación.
Una palabra como posición podría incluso ser una anotación moderna.
No era imposible.
Lucía pidió que no fueran más lejos sin ver la pieza físicamente.
Marta estuvo de acuerdo.
El teléfono vibró.
Samuel:
«Javier cree que la inscripción dice “posición primera”.»
Lucía se quedó inmóvil.
Eso sería extraordinariamente conveniente para su intención de devolverla.
Demasiado.
Escribió:
¿Fuente de esa lectura?
Samuel respondió:
«Ninguna. Es lo que él cree ver.»
Exactamente.
Interpretación.
No evidencia.
Lucía escribió:
No permitan que actúe basándose en eso.
Samuel respondió:
«Voy a intentarlo.»
Por primera vez, el thriller contemporáneo ya no consistía en descubrir quién buscaba la piedra.
Sabían quién la tenía.
Ahora tenían que impedir que un objeto auténtico fuera utilizado para fabricar un lugar falso.
Clara, que había permanecido trabajando, encontró una última relación de la fase anterior a la plaza.
«Ninguna señal antigua deberá trasladarse al espacio nuevo sin dejar constancia del lugar de que procede.»
Lucía leyó lentamente.
Parecía escrita para Javier.
No porque previera el presente.
Porque el problema era universal.
Mover un objeto borraba contexto.
Y sin contexto, la misma pieza podía comenzar a contar otra historia.
Adrián observó la fotografía de la base.
—Entonces mañana podemos tener la piedra delante por primera vez.
Lucía asintió.
Si lograban detener a Javier y documentarla correctamente, sí.
Eso cambiaría la investigación.
Hasta ahora habían reconstruido la pieza desde memorias y fotografías antiguas.
Verla físicamente permitiría comprobar dimensiones, laterales y marcas de montaje.
Quizá también explicar por qué terminó siendo interpretada de tantas maneras.
Pero no debía convertirse en un fetiche.
La historia ya se sostenía sin ella.
Eso era importante.
La piedra podía confirmar.
No gobernar.
Lucía miró de nuevo la reconstrucción de la plaza antes de la apertura.
Las casas habían vuelto.
Los corredores tenían sentido.
El Campo de los Llegados ocupaba un espacio pequeño e irregular.
La Catedral aparecía fragmentada entre fachadas.
Nada se parecía al gran vacío actual.
Y ahora alguien quería llevar una señal antigua precisamente a ese vacío posterior para hacerla visible.
Era casi la repetición exacta del error que había confundido a investigadores durante décadas.
Mirar la ciudad moderna y obligar al pasado a acomodarse dentro de ella.
Lucía cerró la carpeta.
Antes de que cambiara la plaza, la piedra de la Concha había tenido una función precisa en otro lugar.
Después la ciudad cambió.
La señal dejó de ser necesaria.
El Campo de los Llegados fue absorbido.
Las casas desaparecieron.
Y con ellas desaparecieron los motivos que hacían comprensible el antiguo camino.
Ahora Javier Mosquera quería devolver una piedra a una ciudad que nunca la había conocido en esa posición.
Si no llegaban antes, no estaría restaurando la historia.
Estaría creando una nueva.